El director de películas como Diamante de sangre o El último samurai traslada su visión de la épica al género bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial, concretamente, en la Bielorrusia ocupada de 1941 y nos relata unos hechos reales sobre la supervivencia de un grupo de judíos ante la invasión nazi. Un género, por cierto, bastante sobado en los últimos tiempos (Los falsificadores, El niño del pijama a rayas…)
Daniel Craig, posiblemente el Bond más facialmente inexpresivo de la historia, encarna al mayor de los hermanos Bielski, quien con sus hermanos, y tras escapar de la limpieza de judíos bielorrusos liderada por nazis y colaboracionistas, organiza un grupo de personas que busca sobrevivir oculto en los bosques mientras actúa como resistencia partisana. La cosa se va complicando a medida que más personas de todo tipo y condición se unen al grupo.
En el relato es de agradecer que el director no haya caído en un excesivo sentimentalismo ni se haya cebado en exceso en relatar las penurias del pueblo judío durante la guerra con demasiado detalle, solo lo justo para dar un hilo conductor. Aun así, el guión es bastante predecible. Las escenas bélicas, a pesar de no ser muy abundantes, están suficientemente bien grabadas. Y por supuesto, la fotografía y las localizaciones son bastante fieles a lo que se busca, al haber sido grabada en Lituania.
Craig no desentona de la línea general del film, es decir, medianito. Está claro que le beneficia que haya algunas escenas de acción, pero cuando se acercan los primeros planos, flojea un poco. El resto del reparto se compone de actores poco conocidos (por no decir que nunca antes oí sus nombres) que trabajan bastante bien.
En resumidas cuentas, una película entretenida y poco más, cuyo mayor mérito es abordar un aspecto nuevo dentro de la temática general en que se encuadra, al presentarnos por primera vez a un grupo de judíos que lucha, en el sentido estricto del término, contra los nazis y al que las escenas de acción dan un aspecto algo más brillante.











