Balada triste de trompeta, Álex de la Iglesia (2010)

Crítica y cartel de Balada triste de trompetaEl ilustre presidente de la Academia Española de Cine ha vuelto a ejercer como director de culto, después de su prescindible último proyecto internacional, que le llevó a perderse en las aulas de Oxford. Tras cosechar grandes críticas y muchos premios, la cinta se estrenó en España a finales del año pasado. Y como tenía que ser, el éxito de taquilla ha sido inversamente proporcional a la calidad del filme.

Álex de la Iglesia nos sumerge en la España de finales de los 70 para contarnos una bizarra historia de amor circense, en el que dos payasos que dan más miedo que risa pelean por el amor de una exuberante equilibrista. Como ya ocurriera con cintas como ‘La comunidad’, la historia se va liando de la forma más extravagante e inverosímil, como una de esas opresivas pesadillas que se van complicando en una espiral de locura onírica y en las que solo deseas despertar.

Javier (Carlos Areces), es el payaso triste. Su triste destino viene marcado por la muerte de su padre, el payaso tonto (Santiago Segura), a manos de un militar franquista tras ser capturado al protagonizar una carga suicida machete en mano. Sergio (Antonio de la Torre) es el payaso tonto, el que hace reír a los niños y llena los bolsillos del dueño del circo. Pero a la vez es un tipo peligroso, violento y posesivo. La chica es Natalia (Carolina Bang), la acróbata de las telas. Una mujer tan hermosa como ambigua, que llevará a los dos payasos al límite de la locura.

Llamarán la atención del espectador las tomas más arriesgadas, como aquellas grabadas cámara en mano.

Junto a estos personajes principales hay una gran nómina de secundarios de lujo que convierten esta cinta en una galería de grandes interpretaciones y un perfecto escaparate que demuestra que hay buenos actores en el panorama nacional, y que me perdone el bueno de Frodo. Apariciones como las de: Santiago Segura, Sancho Gracia, Terele Pávez, Fernando Guillén Cuervo, Raúl Arévalo y muchas otras aumentan el nivel de la cinta.

Otro de los aspectos que más ha cuidado De la Iglesia es el visual. Por un lado, me ha gustado cómo retrata la época en la que se encuadra prescindiendo de los colores. Dándole a la imagen un toque gris, ligeramente velado. Algo por otra partes también muy típico en su filmografía. Por otro lado, llamarán la atención del espectador las tomas más arriesgadas, como aquellas grabadas cámara en mano o algunos desgarradores primeros planos, que pueden inclusos herir sensibilidades, como los de la transformación de Javier en el payaso psicópata que termina siendo.

Destacaría finalmente, y precisamente en relación con esto último, el tremendo trabajo de maquillaje y ‘transformación’ de los personajes principales, los efectos especiales, que sin ser sumamente espectaculares, están bastante bien. En especial los relacionados con el desenlace final, que a muchos recordará al de ‘La comunidad‘ (tanto en la estética como en su desarrollo), pero cambiando la Gran Vía madrileña por el Valle de los Caídos. Y finalmente la banda sonora, que acompaña el desarrollo de la trama con mucho acierto.

En definitiva, no puedo ocultar que me gustó la cinta, aunque he de reconocer la cantidad de sangre y escenas violentas (y no solo físicamente) hace que se requiera una especial dureza de estómago para disfrutar la película. Eso sí, a los que estén acostumbrados al cine de Álex de la Iglesia y echen de menos su particular forma de entender el cine, les gustará sin duda.