Crónica y fotos del Resurrection Fest 2016

Crónica y fotos del Resurrection Fest 2016

9 Agosto, 2016
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Eran las 8 de la mañana de un miércoles 6 de julio de 2016, estaba ultimando todos los detalles para un viaje que me llevaría, un año más, a vivir los cuatro días más especiales del año, cuatro días de música, fotografías, amigos y olor a mar a las orillas de la Ría de Viveiro, donde año tras año se da cita el Resurrection Fest.

A las 10 finalmente salíamos de Madrid, un servidor y mi buen amigo Miguel, y tras unas buenas horas de viaje llegamos al recinto del festival, donde a parte de un cielo cubierto y una ligera llovizna nos recibieron mis compañeros del Club Jabatos de Fútbol Americano, que habían accedido encantados a participar con nosotros en esta aventura y que me harían disfrutar de una de las facetas del festival que para mi era desconocida (el ambiente y la fiesta). Llegados a este punto tocaba acreditarse, firmar los documentos pertinentes, recibir instrucciones y cómo no, montar la tienda prestando especial atención a los vientos, pues el tiempo no presagiaba que fuera a mejorar.

Con todo en orden, comencé oficialmente mi andadura por el Resurrection Fest, a las horas que eran ya habían pasado por la palestra los coruñeses Strikeback y Hyde Abbey de Barcelona. Una lástima, porque si bien tenía ganas de ver la propuesta thrasher de los primeros, a los barceloneses, ya les había visto en 2014, también en Viveiro, y me quedé con las ganas de ver que han hecho con su espectáculo estos dos años de evolución.

Y ahora sí, empezaba lo bueno; entré al foso para fotografiar a For the Glory. La banda portuguesa de hardcore caldeó el ambiente, mientras en el exterior del Chaos Stage se desataba un diluvio que dejó bien encharcado todo el recinto, y que seguiría durante toda la noche (victoria en el montaje de la tienda). Tras los portugueses llegaría el turno de los rusos Siberian Meat Grinder, banda curiosa que combina un thrash cañero con el puro gamberrismo de dos vocalistas que no dejan títere con cabeza sobre el escenario, y que fueron muy bien acogidos por el público asistente, que se notaba tenía ganas de fiesta.

Y para fiesta la que dieron los Eskimo Caliboy, una de estas bandas con un estilo dificilmente encasillable, pero que sin duda saben hacer su trabajo, se lo pasan bien en el escenario y hacen que el público disfrute. Desde luego una banda no apta para trues, pero muy recomendable si simplemente quieres pasártelo bien, huyendo de etiquetas y poses. Turno de Narco, formación que junto con Def Con Dos, Koma y otros personajes de calaña similar, marcaron un antes y un después en las vivencias musicales de toda una generación. Los sevillanos, que venían presentando su último disco, ‘Dios te Odia‘, no dejaron que bajara el nivel por un momento, concatenando temas clásicos con nuevos y repartiendo su crítica social a todo volumen.

Y por si fuera poco, y el cansancio no fuera capaz de abatir al público congregado el día antes del festival (y por un irrisorio precio de 5€), los británicos Skindred, capitaneados por el siempre activo y carismático Benji Webbe, salían a la palestra. Webbe, que como sabréis fue apuñalado en el cuello el pasado febrero, daba muestras de estar más que recuperado, y no dejó por un segundo de hacer lo suyo, animar a su público, no permitir que un sólo asistente decayera en el aburrimiento, y demostrar por qué para el que firma sigue siendo uno de los mejores frontman en activo. En ese momento fue cuando decidí que era buena hora para irme a descansar, y así lo hice entre los acordes de los temas de Skindred y una lluvia nada copiosa, tomé rumbo a la tienda, que el cansancio afloraba y el Resurrection Fest no había hecho más que empezar.

Jueves

Arrancaba una nueva mañana en el Resucamp, llegaba el momento de enfilar la cola para las duchas, y así comenzar el primer día de festival. Tras comer algo, conseguir algo de efectivo y pasar una buena mañana en compañía de colegas, enfilé el recinto. Mentiría si os dijera que estaba todo dispuesto, ya que las lluvias del día anterior habían retrasado sensiblemente la preparación de algunas zonas, sin embargo, eso no me impidió hacerme mi hueco típico en la zona de prensa y poner rumbo hacia el Chaos Stage, dónde con un ligero retraso y bajo un cielo agradablemente nublado comenzaban Evil Impulse. Llegados desde Ciudad Real, y ganadores del concurso de Live for Madness Metal Fest, tuvieron la oportunidad de abrir el festival, con la falta de público consiguiente, pero con una energía muy digna y sin dejar de agradecer a los asistentes que hubieran “madrugado” para verlos.

Solapándose con el cierre de Evil Impulse, arrancaban los locales Tierra Hostil en el Ritual Stage, y es que si una cosa buena tiene el RF, es que pese a mantener un nivel de crecimiento exponencial que les sitúa en cotas altísimas pese a su corta vida (recordamos que la de 2016 ha sido su XI edición) no olvida sus inicios, y por tanto no puede olvidar a sus bandas locales, que han sido y serán también su público fiel. Con el Ritual Stage bien calentito le tocaba el turno al segundo asalto al Chaos Stage, con unos Minor Empires que dieron el toque rockero a una tarde de jueves que no había hecho más que empezar.

Vuelta otra vez al Ritual Stage, en esta ocasión tocaban Viva Belgrado, a los que ya había visto en el Barclaycard Center de Madrid teloneando a Toundra, en aquella ocasión no me ganaron y muy a mi pesar, la cita del RF no logró incluirme entre sus fans (y es que no le puede gustar todo a todo el mundo), eso sí, hay que reconocer que su público se entrega, así que sin lugar a dudas algo tendrán. De regreso del Chaos Stage tomé un mini desvío, me hice con un bocadillo de jamón al horno (¡Dios el jamón al horno del Resu, así sí!) y paradita por la zona de prensa para descargar fotos y hacerme con un Monster y recargar pilas para ver a Implore. Ya desde el foso se podía apreciar que la caña que reparten estos chavales les justificaba un puesto en el festival, muy bien.

Tocaba estrenar el Main Stage, y con un foso abnegado en un fango blando y pegajoso, pero sobre un escenario altísimo, salían a la palestra los asturianos Soldier, que dieron una buena dosis de su thrash sureño y no caeré en el tópico de “para ser españoles”, porque siempre me ha resultado muy chocante, que con el talentazo que tenemos en España, tengamos que andarnos con estas coletillas, sí, Soldier hicieron bien su trabajo.

Tras esta toma de contacto con el escenario principal llegaba el primer solapamiento del festival, tocaba elegir entre Persefone y Norma Jean. Guiado por las recomendaciones de los compañeros, puse mis pasos hacia el Ritual Stage y disfruté durante el concierto de Norma Jean, que parece ser que no sonaron todo lo bien que pudieron, pero eso no restó contundencia a su hardcore, con una energía propia del estilo que golpearía “la carpa” durante todo el festival.

La segunda parada en el Main Stage le correspondería a Tesseract, la apuesta por el progresivo de este año, y con los que sin lugar a dudas dieron en el clavo, porque hay que ver como tocan estos tíos. Los madrileños Wormed asaltaron el Chaos Stage mientras que Stick to your Guns intentaron por todos los medios derrumbar la carpa del Ritual Stage, así que me fui a hacer las fotos a la carpa y luego a disfrutar como una “Bestia Parda” de los riffts y la brutalidad vocal de mis conciudadanos Wormed.

While She Sleeps serían los siguientes en saltar al Main Stage, rápidamente se hicieron con las tablas y con el respetable, presentando un show bastante redondo y enérgico, y patrocinando las primeras escenas de verdadera simpatía con su público. Seguidos les tocaba el turno a una de las bandas a las que más ganas tenía: los catalanes Crisix, que proponen un espectáculo basado en la caña de un thrash metal exquisitamente bien ejecutado y con un nivel de espectáculo digno de las primeras divisiones del género. Eso sí, a pesar de todo lo cañeros que son, dejaron una de las anécdotas más bonitas del festival que fue la pedida de mano que protagonizó su cantante para la que hoy es su prometida.

Sobre el escenario principal pendía una enorme cruz tachada, marca inequívoca de que Bad Religion ultimaba los detalles para saltar a la palestra. Lo harían con un show bastante digno, lleno de clásicos que fueron debidamente coreados por su público, sin embargo, su show se vería marcado por la posterior polémica con Bring me the Horizon de las que a estas alturas todos hemos oído hablar, una pena…

De vuelta al Ritual Stage y ya por última vez el jueves, tocaba el turno de Walls of Jericho, sin lugar a dudas una de los grandes descubrimientos del festival, y es que no todos los días uno puede hacer fotos y disfrutar con el torrente de voz de una powerlifter como Candace Kucsulain, y si además a ello le sumamos que venían tras publicar su último álbum tras casi una década de parón, imagino que cualquier comentario que pueda hacer sobre su show para su público se quedará corto, posteriormente he tenido la oportunidad de escucharlos más tranquilamente y la verdad es que no tienen ningún desperdicio.

Seguidamente, Bring me the Horizon harían su aparición en el Main Stage; con una puesta en escena muy interesante, consiguieron fusionar un show de luz y música que hizo las delicias de su público, que no paró por un segundo de saltar y corear sus cortes. Con el cansancio en el cuerpo, aproveché parte de su concierto para acercarme a la zona Pandemonium, tocaba descargar fotos, dejar la cámara un segundo y tomar una estupenda Estrella Galicia tirado en uno de los sofás y es que aún quedaban bandas por hacer y no quería que el cansancio hiciera mella más de lo debido.

Con las fuerzas recargadas, tocaba enfrentarme a otra banda a la que me apetecía mucho ver: los italianos Fleshgod Apocalypse. Ataviados con sus mejores galas, hicieron su puesta en escena de un death metal técnico extremadamente pulido, haciendo las delicias del Chaos Stage y dejándome un inmejorable sabor de boca.

De vuelta al Main Stage le tocaba el turno a Volbeat, quienes llenaron el recinto con su rock & roll, y llevando a escena la actuación más larga hasta el momento; sonaron 17 cortes su carrera y no permitieron que el nivel bajase ni por un segundo. No obstante, su actuación no quedó exenta de polémica, y es que pasándose de horario, fueron solapados por Brujería, que siguiendo su estilo irreverente y provocador no tuvieron reparos en salir al Chaos Stage mientras los daneses daban sus últimas puntadas a un show casi redondo. Precisamente con la irreverencia y brutalidad mexicana de Brujería, me fui a recoger el equipo, dejar todo colocado, las fotografías descargadas y respaldadas y a reunirme con mis amigos para una noche en la que me llevaban ventaja y que para mi no había hecho más que empezar, hasta casi el despuntar del alba.

Viernes

La fiesta de la noche anterior me pasaba factura, pero la jornada del viernes daba su inicio con fuerzas renovadas, y que irían aumentando tras un buen tanque de café en uno de los bares de Viveiro (que tiene una oferta gastronómica muy a tener en cuenta para los que como yo sois de buen comer) y una señora ducha, que uno paga encantado el Resucamp entre otras cosas por el acceso a unas duchas de verdad, que son muy de agradecer.

Mis andanzas dentro del festival comenzaban con algo de retraso, perdiéndome inevitablemente los conciertos de los madrileños Never Draw Back y Thirteen Bled Promises, pero arrancaba con mucha fuerza en el Chaos Stage con el concierto de [In Mute]. La potente banda valenciana capitaneada por la increíble (y simpatiquísima) Steffi, supo hacerse con su público desde la prueba de sonido hasta la foto del final, de la que salió accidentada al lesionarse de una rodilla ¡Mucho ánimo!

Tras la descarga en el Chaos Stage le tocaba el turno a la primera banda del Main Stage, todo un clásico del rock patrio: Desakato, quienes salieron con una actitud y fuerza tremendas, y se ganaron al público congregado desde las primeras horas y bajo un Sol de justicia. Con una actuación brevísima, dieron un pequeño repaso a su trabajo y fueron sucedidos por la brutalidad del death metal que practican los madrileños Avulsed, una de las bandas que tenía ganas de ver, y una de las bandas de la capital que más proyección internacional tienen (dentro de los sonidos más extremos) y he de decir que no defraudaron en absoluto.

Con un ligero solapamiento, dieron comienzo Arkangel en el Ritual Stage. Tras ellos, Hamlet tomaría por asalto el Main Stage. He de reconocer que la formación liderada por Molly es una de mis bandas fetiche, un grupo que raramente escucho en disco, pero que desde hace unos años procuro no perderme en directo y es con diferencia, la banda que más veces ha pasado por mi cámara en los años que llevo dedicado a esto. Siendo las cinco de la tarde pasadas, opté ver el concierto desde las televisiones de la zona Pandemonium, sentado tranquilamente con una cerveza y una porción de Galipizza. Contemplando la actuación, me resultó alucinante, con los años que llevan subidos a un escenario, lo muy en forma que siguen estando Hamlet, sin lugar a dudas una apuesta segura dentro del RF. Acabado su concierto, tocaba volver a cargar el equipo porque había doblete, Battlecross y Being as an Ocean en Chaos y Ritual Stage respectivamente, ambos estadounidensas, pero de estilos lo suficientemente diferenciados como para que el solapamiento no afectara a sus audiencias, y es que la tónica habitual en las actuaciones solapadas dentro del RF es esa, coger estilos diferenciados para que nadie se quede sin ver a sus bandas favoritas (detalles así es lo que lo pone, en mi opinión, a la cabeza de los festivales nacionales).

Main Stage de nuevo, en esta ocasión para escuchar a Protest the Hero, un soplo de aire fresco frente al calor que se respiraba en Viveiro. La propuesta de esta banda me resulta curiosa, ya no sólo a nivel musical, que he de decir que estuvo bastante por encima de mis expectativas, pero la guinda del pastel la puso la actitud fresca y desenfada de los componentes del grupo, y es que se nota mucho cuando una banda se divierte con su trabajo, no os hacéis una idea de lo mucho que mejora un show.

Ahora tocaba elegir, primer solapamiento total de la jornada, nada más y nada menos que Angelus Apatrida y Rise of the Northstar. He de reconocer que la decisión no fue sencilla, valoré diversos factores, como la posibilidad de ver a AA en Madrid, el hecho de haberme quedado con ganas de más ROTN… Al final, el destino lo decidió una compañera, una conversación breve y di con mis huesos en el Ritual Stage, ¿qué decir?, los franceses son un derroche de actitud, y dejaron muy claro por qué repetían en el RF tras haberse dejado la piel en 2014.

El escenario principal vibraría con la fuerza y la energía del guitarreo de los estadounidenses Hatebreed, en la que fue una actuación que se paseó sin tapujos por gran parte de los grandes éxitos del conjunto. Pasada su actuación, y siendo más allá de las 9 de la noche, decidí no ir a ninguno de los bolos que estaban solapados aunque más adelante me arrepentiría, porque parece ser que Frank Carter & The Rattlesnakes ofrecieron un show espectacular. Sin salir del Main Stage, me preparé para afrontar uno de los bolos estrellas del día: los franceses Gojira, que son viejos conocidos del festival, y que en mi opinión desplegaron un gran espectáculo, y sin lugar a dudas el mejor concierto del día, sabiendo combinar perfectamente música, iluminación y pirotecnia para crear un ambiente que no dejó indiferente a nadie.

Con un listón altísimo que vencer, les llegó el turno a Dark Tranquility. La veterana banda sueca se enfrentaba al RF por primera vez, y a su vez, yo me enfrentaba a ellos también por primera vez. Y la verdad es que he de decir que sin ser un seguidor de su trayectoria, me dejaron con un regusto la mar de interesante, dando un show excelente.

Y le llegó el turno al cierre del Main Stage con The Offspring. Los californianos tuvieron la difícil misión de equiparar su energía a la de sus predecesores, y digo difícil porque tanto Gojira como Dark Tranquillity habían dejado el listón alto alto. Realmente, cuando estás frente a leyendas vivas como The Offspring, no puedes más que esperar que lo hagan bien, ya pasó el año pasado con Motörhead, el sábado de este año pasaría con Iron Maiden y desde luego, pasó con la formación de Dexter Holland. Un concierto de calidad, durante el que hicieron un repaso más que digno de sus himnos, y en el que consiguieron que el público corease sus temas desde el minuto uno, es decir, lo que se espera de un cabeza de cartel.

Inmediatamente a la salida de Offspring, tocaba acelerar el paso hacia el Ritual Stage, dónde comenzaban los primeros acordes de Madball, banda que protagonizó el momento más emotivo de la jornada tras desplegar un telón en memoria del tristemente fallecido Melchor Roel, ex-alcalde de Viveiro y uno de los grandes impulsores y mecenas del festival. Finalmente, con el cansancio acumulado de toda la jornada, tocó acercarse a fotografiar a Turisas, una banda a la que le tengo especial cariño y que descargó su energía, sin olvidarse de aclarar lo mucho que le gusta la Estrella Galicia y lo mucho que le desagrada el Monster (ahí no estoy tan de acuerdo) en lo que fue un cierre estupendo para una jornada cargada de música.

Sábado

El RF se acababa, pero no por ello el último día de festival iba a ser menos especial que sus predecesores. La jornada arrancaba con una buena ducha y un desayuno reparador en compañía de mi infatigable amigo Miguel Ángel, adiestrador canino de profesión y emprendedor de corazón en su aventura personal: El Pastor Boreal, durante el desayuno compartimos las impresiones de estos días, nos echamos unas buenas risas y me mostró las fotos del nuevo perro con el que va a trabajar esta temporada: una preciosidad de Pastor Alemán de pelo largo.

Tras la ingesta y las risas, llegó el momento de volverse a cargar los trastos, cámara, lentes, baterías, tarjetas y muchos kilos de ilusión, ilusión que sin duda algunas había sustituido a la voz, que tras las tres primeras jornadas, había decidido tomarse el sábado libre (menos mal que no hice entrevistas, hubieras sido divertido). Y ahí estaba yo de nuevo en el foso del Chaos Stage, cámara en ristre para inmortalizar el concierto de los primeros del día, bajo un Sol de justicia, arrancaban los tricantinos Cannibal Grandpa, ganadores del concurso de bandas del RF, se habían desplazado a Viveiro para dejar claro que pese a la juventud, se puede tener muy buena actitud. A su cierre, arrancarían los ingleses Wild Lies. Fueron la actuación más temprana del Main Stage, y apostaron por un Hard Rock moderno que a un servidor le pareció de lo más agradable.

Y de un lado del espectro musical saltábamos al opuesto (una de las cosas más chulas que tiene el RF es la cantidad ingente de estilos que se mezclan), pues los coruñeses Nashgul presentaban su grindcore en el Ritual Stage. Tras ellos, un nuevo pendulazo musical atacaba al Metal Melódico dentro del Main Stage: The Raven Age, que están a las puertas de editar su primer disco en diciembre de este mismo año, y que han sido los encargados de abrir para Iron Maiden durante su gira. Dieron un concierto bastante decente, y son sin duda una banda en la que poner el ojo de cara a diciembre.

Nuevo cambio de tercio. En esta ocasión pasábamos al progresivo, ni más ni menos que Obsidian Kingdom que cambiaban el Be Prog! My Friend por el Chaos Stage, y dejaron las aguas del caos totalmente en calma, quizás demasiado en calma para la tónica habitual del festival.

Volveríamos al Main Stage, esta vez para escuchar a los germanos Destruction, que dieron un conciertazo de puro y simple thrash clásico contra el que poco o nada pudo hacer el acuciante sol que golpeaba incesantemente el recinto. Por este sol, agradecí infinitamente que hubiera un concierto en el Ritual Stage, así que sin pensármelo me fui a echar un vistazo a lo que hacían Thy Art is Murder, cuyo cantante salió al escenario con un chubasquero naranja de Jägermeister cubierto por las firmas de sus fans, y que no se detuvo durante todo el concierto, al igual que su tralla muy bien traída. Aprovechando que el Ritual Stage era visible desde la zona de comida, aproveché para hacer mi incursión diaria a la barra y a los puestos, y así fue mi concierto de TAIM, sentado en un bordillo, comiendo un bocata de chorizo criollo (que me supo a gloria) y refrescándome con una cerveza. Con el estómago lleno y la boca bien fresca, aproveché los minutos de cortesía que hubo entre el fin de TAIM y el arranque del concierto de Bullet for my Valentine, para dirigirme tranquilamente al foso. Los galeses, venían presentando su último disco, ‘Venom‘, así que irremediablemente, intercalaron gran cantidad de temas de este junto con los clásicos más laureados de la formación.

Sin llegar a dar la última nota, llegaba el momento de desplazarse de nuevo, tocaban Municipal Waste en el Ritual Stage (¡Bien, sombra!), aunque por poco tiempo pude disfrutar del thrash de los de Virginia. Tocaba otra carrerita, en esta ocasión tocaban Ensalved, una de esas leyendas vivas del Metal Extremo que descargó toda su furia ante un público dispuesto a gozar de buen “vikingeo”, ya fuera entrando al centro del pogo o bien quedándose algo alejados con una buena Estrella Galicia. Durante su concierto, los aledaños del Main Stage se iban convirtiendo en un hervidero de camisetas de Iron Maiden, finalizada la actuación, aproveché para buscar a mis amigos de Jabatos y dado que no hubo posibilidad de hacer fotos a Maiden, hacerme con una señora jarra de cerveza, darle a la cámara un descanso y prepararme para disfrutar de las dos horas de ‘New Wave of British Heavy Metal‘ (que dejó de ser nueva en los 80, pero me parece bonito).

En un puesto cómodo, con buena visibilidad del escenario y las pantallas, nos dispusimos a ver el concierto estrella del festival, la cita que sin duda había supuesto un gran salto cualitativo en las calidades del recinto, y un crecimiento enorme en la afluencia de público con respecto a años anteriores. Delante de la torre de sonido no cabía un alma, detrás, aunque había poco espacio, no se estaba mal y de repente, comenzó ‘Doctor Doctor‘, el clásico de UFO, que daba la salida para que comenzara la fiesta de los liderados por Bruce Dickinson. Y desde luego así fue, el vídeo introductorio que presentaran semanas antes del inicio de gira empezó a mostrarse en las pantallas del festival, en él, aparecía su Ed Force One, que recordaré al respetable que se trata de un Boeing 747-400 especialmente modificado para adecuarse a las necesidades del grupo, y que pilota el propio Dickinson. Tras ello, se apagan las luces, el escenario se llena de humo, suenan los primeros acordes de ‘If Eneternity Should Fail‘, una figura encapuchada y tímidamente iluminada pasea por la parte superior del escenario hasta llegar a una pila, sobre la que gesticula y se agacha. La característica voz de Bruce Dickinson revela su identidad, todos los focos se centran en él, y en el momento que se despliega toda la energía instrumental de los ingleses, el escenario estalla en luz y sonido. ¡Ha empezado Iron Maiden!, quizá con demasiada presencia de su último disco ‘The Book of Souls‘, que se me antoja excelente para escucharlo en casa, pero quizás demasiado pesado para un directo (que no estoy diciendo que no saltara, cantase y me emocionara como el que más, ojo). No pudieron faltar temas como ‘The Trooper‘, o toda la recta final, que tras acabar con los 10 minutos de la canción homónima del disco y gira ‘The Book of Souls’, dieron buena cuenta de sus clásicos, entre los que nos dejaron ‘Fear of the Dark‘ o ‘Iron Maiden‘, y que cerraron el concierto con una sublime ‘Wasted Years‘.

Inmediatamente después del concierto de Maiden, se detonó una bomba sonora en el Chaos Stage, tocaban Entombed A.D., y es que el fin del concierto de los ingleses, no implicaba en absoluto el fin del festival, quedaba mucha noche y de dejarlo bien claro se encargaron (y muy bien) los chicos de Petrov.

Tras ellos, les tocaría el turno a Abbath, que abrieron su concierto antorcha en mano y escupiendo fuego, algo curioso de ver desde el público, pero que puedo aseguraros que desde el foso se vivió raramente, porque que te escupan queroseno y luego te acerquen una antorcha a 20 centímetros de la cabeza, no es que no haga ilusión, es que da un poco de respeto. El caso es que el ex-miembro de Immortal estaba en el escenario y estaba dando su show, no exento de problemas que mermaron en parte su espectáculo, y que no consiguió que se levantara a un nivel óptimo a pesar de poner todo su empeño.

Con el susodicho Abbath, mi aventura festivalera llegaba a su fin, era el momento de copiar las últimas fotos, comprobar que todo estaba correctamente respaldado en los diversos discos de backup, y recoger el chiringuito para pasar un rato de la noche agradable con los compañeros, alternando entre el Pandemonium y la “terracita” de Monster, desde donde pudimos ver el rock & roll de Nashville Pussy, con ritmos más tranquilos y fiesteros que los que se habían escuchado durante toda la jornada (y que realmente se habían echado en falta). Y acabó el último concierto del Main Stage, así que cogí mis bártulos y puse rumbo hacia el Chaos Stage, donde empezaban The Real McKenzies a los que disfruté casi en su totalidad, y es que tenía muchas ganas de volver a ver a estos tíos, que ya me parecieron de lo más divertido y “buenrollero” en el RF de 2014.

Y se acabó el Resurrection Fest 2016, con toda la alegría de haber vivido un año más esta experiencia gallega, la certeza de que no será el último, siempre que pueda permitírmelo, y de que en 2017 volveré a visitar Viveiro para otra explosión musical.

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