The Great Old Ones 'EOD: A tale of dark legacy'

The Great Old Ones ‘EOD: A tale of dark legacy’, los dioses lovecraftianos seguro que dan su aprobación

21 marzo, 2017
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Desde el momento de su concepción, la inspiración y el eje fundamental a partir del que The Great Old Ones ha creado sus álbumes ha sido el terrible y espantoso - a la par que mágico y maravilloso - universo surgido de la mente de un prodigio literario como Howard Phillips Lovecraft. A partir de su cosmogonía, la banda de Burdeos se ha dedicado a desarrollar y expandir su legado en forma de portentoso post-black, que ahora alcanza con este 'EOD: A tale of dark legacy', su tercera encarnación. Absolutamente todo, desde el nombre de la banda al de los dos álbumes publicados hasta ahora, así como los títulos y la lírica de los temas que los componían, giran, crecen, se transforman y se transmiten vigorosamente a partir de la creación surgida de la imaginación y los sueños del genio de Providence. De la misma manera todo el artwork, creado por uno de los componentes del grupo, su guitarrista Jeff Grimal, también bebe de las mismas fuentes y se fusiona en TGOO creando un perfecto orbe pictórico, musical y literario. Por supuesto, para su tercer largo, la cosa a este respecto no iba a cambiar. EOD: A tale of dark legacy es el título de este trabajo, como ya comentamos, y el punto de partida es una de las obras más aclamadas de este maestro del horror. Si en su anterior álbum, Tekeli-li, desarrollaron un disco alrededor de En las montañas de la locura, ahora es otra de las obras cumbre del autor, La sombra sobre Innsmouth, la que propicia la coartada necesaria para presentarnos este magnifico álbum. Toda la lírica de este disco surge a raíz de la mentada historia y viene a ser como si de una secuela de la obra de Lovecraft se tratase. Su trama viene repartida en siete cortes, y ‘Searchin’ for R. Olmstead’ nos pone en la pista de donde comienza. La entrada a la historia es un suspiro y dura lo mismo que lo que tarda en recorrer un escalofrío la espina dorsal. En su fugacidad consigue que se intensifique la sensibilidad de todos los sentidos, y de aquí al final de la audición se percibe de forma continuada que unas extrañas formas se mueven justo en el límite del campo de visión, escabulléndose justo en el momento en que giramos la cabeza. Este estado de excitabilidad rondará durante los tres cuartos de hora que los franceses utilizan para desmembrar los retales de la cordura. El ansia asmática y la necesidad de huida desesperada se hacen evidentes a la que suena ‘The shadow over Innsmouth’. El pulso se acelera al ritmo de los compases y una embriagante sensación claustrofóbica y reverberante nos abruma, alimentada por la desagradable sensación de tener una desconocida y omnipresente presencia amenazadora muy, muy próxima. Ecos de voces ocultas rodean en todas direcciones y cuando se toman un resuello y los latidos del corazón golpean más atemperados en los tímpanos, el roce húmedo y rocoso del sonido dotado de…

8.7

Es fácil, muy fácil dejarte arrastrar al universo que ellos traducen en sus canciones.

Azathoth, Nyarlahotep, Cthulhu, Dagon y los demás dioses lovecraftianos seguro que dan su aprobación al culto que les rinden desde Burdeos desde hace más de siete años.

Puntuación General

8.7

9

Desde el momento de su concepción, la inspiración y el eje fundamental a partir del que The Great Old Ones ha creado sus álbumes ha sido el terrible y espantoso – a la par que mágico y maravilloso – universo surgido de la mente de un prodigio literario como Howard Phillips Lovecraft. A partir de su cosmogonía, la banda de Burdeos se ha dedicado a desarrollar y expandir su legado en forma de portentoso post-black, que ahora alcanza con este ‘EOD: A tale of dark legacy‘, su tercera encarnación.

Absolutamente todo, desde el nombre de la banda al de los dos álbumes publicados hasta ahora, así como los títulos y la lírica de los temas que los componían, giran, crecen, se transforman y se transmiten vigorosamente a partir de la creación surgida de la imaginación y los sueños del genio de Providence. De la misma manera todo el artwork, creado por uno de los componentes del grupo, su guitarrista Jeff Grimal, también bebe de las mismas fuentes y se fusiona en TGOO creando un perfecto orbe pictórico, musical y literario.

Por supuesto, para su tercer largo, la cosa a este respecto no iba a cambiar. EOD: A tale of dark legacy es el título de este trabajo, como ya comentamos, y el punto de partida es una de las obras más aclamadas de este maestro del horror. Si en su anterior álbum, Tekeli-li, desarrollaron un disco alrededor de En las montañas de la locura, ahora es otra de las obras cumbre del autor, La sombra sobre Innsmouth, la que propicia la coartada necesaria para presentarnos este magnifico álbum. Toda la lírica de este disco surge a raíz de la mentada historia y viene a ser como si de una secuela de la obra de Lovecraft se tratase.

Su trama viene repartida en siete cortes, y ‘Searchin’ for R. Olmstead’ nos pone en la pista de donde comienza. La entrada a la historia es un suspiro y dura lo mismo que lo que tarda en recorrer un escalofrío la espina dorsal. En su fugacidad consigue que se intensifique la sensibilidad de todos los sentidos, y de aquí al final de la audición se percibe de forma continuada que unas extrañas formas se mueven justo en el límite del campo de visión, escabulléndose justo en el momento en que giramos la cabeza.
Este estado de excitabilidad rondará durante los tres cuartos de hora que los franceses utilizan para desmembrar los retales de la cordura. El ansia asmática y la necesidad de huida desesperada se hacen evidentes a la que suena ‘The shadow over Innsmouth’. El pulso se acelera al ritmo de los compases y una embriagante sensación claustrofóbica y reverberante nos abruma, alimentada por la desagradable sensación de tener una desconocida y omnipresente presencia amenazadora muy, muy próxima. Ecos de voces ocultas rodean en todas direcciones y cuando se toman un resuello y los latidos del corazón golpean más atemperados en los tímpanos, el roce húmedo y rocoso del sonido dotado de un tacto repulsivamente viscoso hacen que recuerdes que te encuentras en el universo lovecraftiano.

La tensión aglutinada estalla aún con más desesperación en la directa ‘When the stars align’ en la que las perspectivas de salir de esta experiencia sin recibir cicatrices en la psique se reducen a cero. El estruendo precede el cambio de orden, las fuerzas flaquean, las visiones del nuevo mundo comprimidas en cinco heladores minutos de post-black originario de las más remotas extensiones cósmicas.

Con la conciencia ya trastocada, la pavorosa ‘The ritual’ supone un golpe definitivo. Visiones irreales y nauseabundas se suceden en cada golpe percutido. Guitarras heréticas y ritmos de corrupta consanguinidad en un himno creado como alabanza y sacrificio para la llegada del Señor de las profundidades. Rituales como este hacen que el blasfemo dios al que veneran empiece a paladear el tiempo que vendrá, pues reconoce que será el suyo.

Un último atisbo de pura humanidad se respira en ‘Wanderings’ antes de caer definitivamente en el poderoso influjo de la abisal e inmortal morada submarina y de los seres que lo habitan. La postrera muestra de fe en busca de lo imposible es‘In scream and flames’. Pero hay tantos recovecos en Innsmouth como en esta canción. Un último estallido en forma de blast-beats, bajos sorprendentes y texturas metamórficas. Un último alarido antes de la claudicación. Porque ser uno de ellos es el destino que aguarda paciente. Porque el ser humano está abocado a su ocaso.

La transición termina de concretarse en ‘Mare infinutum’. Una oda al poder de Los Profundos. Un cello agonizante les da la bienvenida, y un ritmo más solemne da los primeros pasos en este regreso a Y’ha-nthlei, ciudad que se resguarda en el fondo del gran azul. La música describe sin mácula nuestro abrupto paso de la superficie de la tierra al océano, y luego nuestro descenso a las profundidades, de forma traumática en un principio, hasta la aceptación definitiva de que el pasado humano ha quedado atrás.

Con este ‘Mare infinitum’, el tema más ambicioso del disco y uno de mis favoritos, finalizan el álbum y no escapa a nuestros sentidos que musicalmente TGOO han dado ese paso adelante que uno espera de toda banda de un disco al siguiente. Han conseguido una obra adictiva de principio a fin y con unas dinámicas y una fluidez absolutamente absorbentes. El sonido de la banda sigue manteniendo las directrices hasta ahora ofrecidas, con un apego inquebrantable por el post-black atmosférico, con largos desarrollos cargados de blast-beats, guitarras reverberadas y de cambiantes lineas melódicas y bajos con mucho dinamismo. Todo muy en la onda de sus discos anteriores.

Han conseguido unas composiciones que han mejorado ligeramente, han añadido algún nuevo detalle aquí y allá, lo suficiente para dar nuevos matices sin trastocar demasiado la personalidad que se van forjando a lo largo de sus obras. Y es fácil, muy fácil dejarte arrastrar al universo que ellos traducen en sus canciones.

Personalmente, tanto con Al-aziz como con Tekeli-li, estaba encantado, pero con este álbum han dado el empujón definitivo para que su música llegue un paso más allá y que poco a poco su nombre vaya apareciendo en tipografía más grande en los carteles de los festivales de los que formen parte.

Azathoth, Nyarlahotep, Cthulhu, Dagon y los demás dioses lovecraftianos seguro que dan su aprobación al culto que les rinden desde Burdeos desde hace más de siete años.

Lo mejor

  • Como funciona el disco de principio a fin.
  • La producción confiriere una densidad muy convincente al álbum, a la vez que puedes seguir todos los instrumentos individualmente, cosa que me encanta.
  • Han logrado que la música y la historia encajen al dedillo.

Lo peor


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