Sexto disparo

Kadavar simbolizan la pureza estilística absoluta, la misma que demuestran en las maneras con las que estos tres alemanes afrontan cada nuevo bolo. Es por esto que el Blanco y Negro resulta especialmente agradecido a la hora de retratarles, con la Gibson SG ondeando, y la hippilonga estampa que dibujan sus canciones lisérgicas.

Aquí andaban en plena tarde del Resurrection Fest, aunque su fórmula y proceder fuese la misma que cuando les toca oficiar con la luna alumbrando. Lo suyo son ecos de otra época, una lejana, en la que el metal fue fraguado y los sueños de mundos mejores, aún no se habían vuelto negros del todo.

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