The Wizards 'Full moon in Scorpio'

The Wizards ‘Full moon in Scorpio’, las ascuas han prendido, y sí, todo suena más grande y más estremecedor

8 mayo, 2017
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Mi estrecha relación con la música se cimienta en el vínculo personal e íntimo que se engendra en mi habitación más que en el tumulto de una actuación en directo. Se genera de forma espontánea un cordón umbilical con el sonido, parasitando sin arrepentimiento la creatividad de los compositores, prescindo de ellos. Me apropio del producto de su trabajo y talento, para hacerlo mío. Lo adapto a mi, convertido en llave que hace que fluyan ideas y emociones, que se despliegue la imaginación, que surja lo que en ese momento tenga que surgir. Es en ese estado de aislamiento en donde se construye el lazo incognoscible e indisoluble. En el revoltijo gris y gelatinoso que hay dentro de mi cráneo, mezclado y enmarañado con un buen fajo de neurotransmisores desbocados, traumas sin resolución e inseguridades y trastornos varios, enquistados y al acecho de sus quince minutos de gloria antes de que pasemos a perpetuar el ciclo infinito. La música, mis auriculares y yo. Por supuesto que disfruto de un directo, aunque incluso en esas circunstancias persigo inconscientemente el encerrarme en mi burbuja. Pero claro, en una existencia en la que las verdades absolutas escasean, este axioma no se cumple en todas las ocasiones, faltaba más. Hay veces que el proceso es el inverso. Y una de estas ocasiones ha sido con los protagonistas de este álbum. Aunque el homónimo primer álbum de The Wizards me gustó en su momento, acabó diluido en ese ‘síndrome de promiscuidad musical’ con el que estamos bendecidos/condenados en los tiempos que corren. Fue después de verlos sobre las tablas, en un concierto en el que literalmente me volaron la cabeza, que de vuelta a ‘mi cueva contra el mundo’ desempolvé nuevamente su debut (esta vez con el formato físico en la mano) y le dediqué la mayor de mis atenciones. A pesar de disfrutarlo y tener buenos temas, esa colección perdía el impacto que con desparpajo y eléctrica naturalidad te escupían en un cara a cara. No era tanto una cuestión de canciones, como que simplemente el carácter indomable y el salvajismo escénico quedaba empequeñecido en su encarnación digital. Un león en una jaula. Ese era su gran reto para su segunda referencia, que el disco dejase la misma huella que sus actuaciones. Necesitaban capturar todo ese fuego que poseen y que las llamas quemen en el estudio igual que en vivo. Y con 'Full moon in scorpio' las ascuas han prendido, y sí, todo suena más grande, más compacto y más estremecedor. Ocho temas como ocho templos son los que girarán una y otra vez, te lo aseguro, en cuanto les des la primera oportunidad de sonar. Y sólo vienen a la cabeza adjetivos positivos para describirlos. Ni uno de ellos sobra, todos tienen su encanto, todos suenan diferentes y hacen al mismo tiempo, un álbum cien por cien coherente. Y esta vez sí, la bola de sonido que sale por los altavoces te acerca más a esa sensación de tener a estos cinco…

8.5

Ocho temas como ocho templos

Esta vez sí, la bola de sonido que sale por los altavoces te acerca más a esa sensación de tener a estos cinco tipos atacando sus instrumentos en el mismo salón de tu casa.

Puntuación General

8.5

9

Mi estrecha relación con la música se cimienta en el vínculo personal e íntimo que se engendra en mi habitación más que en el tumulto de una actuación en directo. Se genera de forma espontánea un cordón umbilical con el sonido, parasitando sin arrepentimiento la creatividad de los compositores, prescindo de ellos. Me apropio del producto de su trabajo y talento, para hacerlo mío. Lo adapto a mi, convertido en llave que hace que fluyan ideas y emociones, que se despliegue la imaginación, que surja lo que en ese momento tenga que surgir. Es en ese estado de aislamiento en donde se construye el lazo incognoscible e indisoluble. En el revoltijo gris y gelatinoso que hay dentro de mi cráneo, mezclado y enmarañado con un buen fajo de neurotransmisores desbocados, traumas sin resolución e inseguridades y trastornos varios, enquistados y al acecho de sus quince minutos de gloria antes de que pasemos a perpetuar el ciclo infinito. La música, mis auriculares y yo.
Por supuesto que disfruto de un directo, aunque incluso en esas circunstancias persigo inconscientemente el encerrarme en mi burbuja.
Pero claro, en una existencia en la que las verdades absolutas escasean, este axioma no se cumple en todas las ocasiones, faltaba más. Hay veces que el proceso es el inverso. Y una de estas ocasiones ha sido con los protagonistas de este álbum.

Aunque el homónimo primer álbum de The Wizards me gustó en su momento, acabó diluido en ese ‘síndrome de promiscuidad musical’ con el que estamos bendecidos/condenados en los tiempos que corren. Fue después de verlos sobre las tablas, en un concierto en el que literalmente me volaron la cabeza, que de vuelta a ‘mi cueva contra el mundo’ desempolvé nuevamente su debut (esta vez con el formato físico en la mano) y le dediqué la mayor de mis atenciones. A pesar de disfrutarlo y tener buenos temas, esa colección perdía el impacto que con desparpajo y eléctrica naturalidad te escupían en un cara a cara. No era tanto una cuestión de canciones, como que simplemente el carácter indomable y el salvajismo escénico quedaba empequeñecido en su encarnación digital. Un león en una jaula.

Ese era su gran reto para su segunda referencia, que el disco dejase la misma huella que sus actuaciones. Necesitaban capturar todo ese fuego que poseen y que las llamas quemen en el estudio igual que en vivo. Y con ‘Full moon in scorpio‘ las ascuas han prendido, y sí, todo suena más grande, más compacto y más estremecedor.
Ocho temas como ocho templos son los que girarán una y otra vez, te lo aseguro, en cuanto les des la primera oportunidad de sonar. Y sólo vienen a la cabeza adjetivos positivos para describirlos.
Ni uno de ellos sobra, todos tienen su encanto, todos suenan diferentes y hacen al mismo tiempo, un álbum cien por cien coherente. Y esta vez sí, la bola de sonido que sale por los altavoces te acerca más a esa sensación de tener a estos cinco tipos atacando sus instrumentos en el mismo salón de tu casa.

Como buenos nigromantes de la partitura, The wizards recitan sus salmos en clave pretérita, con una inclinación no disimulada, que los pone en el mismo orbe que toda esa jauría de grupos actuales que se dedican a dar nuevo lustre a todo lo que en su momento trajeron a la vida Blue Oyster Cult, Black Sabbath, The Cult y demás clásicos.

¿Que diga algo sobre las canciones?

Advertido estás de te vendrá encima un chaparrón de solos de todos los colores, rítmicas lúcidas con amplia gama de recursos, batería con mucho más empaque y pegada que antaño, un bajo con personalidad y presencia y profusas lineas vocales muy trabajadas y variadas que llevan un paso más allá lo conseguido con la música. Canciones que funcionan, vaya si lo hacen.

Ian se sale desde ‘Avidya’ mostrando el nivelón vocal que se gastará durante todo el álbum, todo eso sumado a la batería de Dave, ahora sí más consistente, y a la cascada de riffs a destajo; ‘Calliope (Cosmic revelations), es un single redondo e infalible (o debería de serlo), Fel y Jorge desatados con unas rítmicas para caerse de culo y unos punteos que son de esos que te recuerdan el porqué un día quisiste aprender a tocar la guitarra; ‘Odinist’ tiene un ritmo vacilón que te hará buscar de reojo la priva mientras piensas que Hedonist tampoco sería un título desacertado; ‘Stardust’ avanza más lenta, la más doomster del conjunto, y viene con dos ases en la manga como son el estratosférico estribillo y el épico desenlace; en ‘Leaving the past behind’ el bajo de Eneko nos marca con uno de esos ritmos habitualmente contraindicados por los fisioterapeutas y viajas cuarenta años atrás en el tiempo, quedando convencido de que por mucho que te lo repitan, esta gente de ninguna manera ha abandonado el pasado; ‘Halftones to eternity’ desborda con multitud de ritmos y resulta especialmente pegadiza gracias a las inspiradas lineas vocales, la montaña rusa de guitarras y un final que te lleva a punto de ebullición; el guiño al ocultista y místico armenio en ‘Who are you, Mr. Gurdjieff?’ exhibe un groove infernal y al Ian más desaforado y visceral, mientras sus palabras se deslizan sobre uno de los parajes más psicodélicos de todo el álbum antes de llegar a la última parada de esta obra, ‘When we were gods’, que es una odisea en sí misma. Un inspirado crisol rítmico en el que han echado el resto. Eneko y Dave se salen nuevamente con una clarividencia compositiva colosal y todo en su conjunto rebosa emoción y buen gusto en uno de eso temas que hacen que tú te vengas arriba a medida que la propia canción va creciendo. Un corte perfecto para cerrar el círculo de Full moon in Scorpio.

Y si lo que has leído hasta ahora no te ha convencido todavía, ponte el álbum, porque lo que yo no consigo con palabras, seguro que ellos lo conseguirán con sus canciones.

‘Full moon in Scorpio’ sale el día 16 de mayo a través de Fighter Records, y ya te advertimos que esta vez, el león sí anda suelto.

Lo mejor

  • La inspiración compositiva y lo cuidadas y trabajadas que están las canciones en todas sus facetas.
  • Un conjunto de temas variado y que encaja perfectamente como conjunto.
  • Por supuesto, que hayan atrapado mucho mejor en este trabajo de estudio ese carácter indomable del que hablábamos antes.

Lo peor

  • Por poner algo… ¿no hay demasiados grupos de estos géneros con la palabra ‘wizard’ en su nombre?

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