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Mastodon ‘Blood Mountain’

En un mundo invadido por lo pequeño del formato CD, la espeluznante portada de su ‘Remission’, con ese primer animal mastodóntico llenándolo todo, me llamaron la atención hasta el punto de querer escuchar el disco sin importar del palo que pintasen sus cartas musicales.

En este caso un caballo deshaciéndose en las geniales tintas de Paul Romano, el artista habitual de las portadas de Mastodon, fue suficiente para descubrir a la que por entonces era una banda todavía dibujándose a si misma. No mucho después, ya que mi descubrimiento fue tardío, llegó un disco de nombre ‘Leviathan’. El golpe visual de la portada de este trabajo es inmediato. En cuanto al disco, poco puedo añadir que los acontecimientos no le hayan reconocido a la propia banda: reconocimiento, respeto de músicos y fans y un contrato con Multinacional tras sus inicios en el sello underground Relapse; otro sueño americano hecho realidad.

Musicalmente, no es fácil adentrarse en Mastodon, ya que sus orígenes verdaderamente extremos te hacen pensar inicialmente lo que no es. Sin embargo, ‘Leviathan’ pasó de ser un disco más a una obra de referencia indiscutible que demostró que por fin alguien había encontrado algo diferente en la rutina repetititva del seco Metal de los últimos años. Tratando de prescindir de etiquetas, la única verdad es que ‘Leviathan’ crece con cada nueva escucha por mucho tiempo que pase. Y si caes en su red de gruñidos trenzados de progresiones instrumentales increibles, posiblemente no consigas salir nunca de él.

Bueno, y por fin ha llegado el momento que ahora sí muchos más esperábamos tras su fichaje por una empresa gigante como Warner: su nuevo disco, nuevamente cargado de referencias mastodónticas. La primera escucha de su flamante ‘Blood Mountain’ está cargada de pensamientos encontrados. De repente te suenan a mucho más de lo que eran, aunque siempre sin perder de vista que, a la vuelta de cada acorde, pueden esperar sorpresas inesperadas y machacones crescendos de guitarras furiosas.

Sí, ‘Blood Mountain’ sigue siendo puramente metálico, pero también progresivo, ácido, psicodélico, sinfónico, death e incluso irónico. Personalmente las cinco primeras escuchas de ‘Leviathan’ sólo me indujeron a escuchar otras cinco veces ese disco con más calma para tratar de aprenderlo de verdad.

El inicio salvaje de ‘The Wolf is Loose’ deja bien claro que Mastodon ni se han vendido ni piensan hacerlo; de hecho, a lo largo de todo el disco la sensación es que han ido más allá de lo esperado, devolviendo la esperanza de que el dinero no interfiera en la creatividad que, desde luego no les falta a los neoyorkinos. A partir de ese momento, lo que sí habría que reconocer es que la espina dorsal de ‘Leviathan’ sigue recorriendo la práctica totalidad de los temas: esa batería de golpes cortos de Brann Daylor pero bestiales de ‘Crystal Skull’ o la épica estructural de la instrumental ‘Sleeping Giant’ rememoran lo irrepetible de temas como ‘Seabeast’ o ‘Iron Tusk’ de su previo ‘Leviathan’.

Aunque la banda se desmarca de lo convencional con el desenfreno psicodélico instrumental de ‘Capillarian Crest’ que recuerda lass locuras sonoras de sus excompañeros de sello Dillinger escape plan. El resto de temas transcurren entre orillas opuestas de un mismo fin: seguir sorprendiendo y, como las buenas películas, mantenerte encendido hasta el final, atento a cada nueva idea retorcida. ‘Circle Of Cysquatch’ es sencillamente bestial, mientras que ‘Colony Of Birchmen’, con la inconfundible colaboración de Josh Homme (Queens Of The Stone Age) y ‘This Mortal Soil’ aluden a sonidos más modernos y de moda entre la prole metálica que resurge en USA.

‘Bladecatcher’ o ‘Hunters Of The Sky’ recogen asimismo influencias más anchas hasta el punto de recordar, más que a esos Dream Theater con quien algunos les comparan, a los primigenios Maiden de guitarras dobladas en la justa medida, al servicio de temas siempre en buscando posibilidades infifnitas.

El cierre lo pone ‘Pendulous Skin’, medio tiempo meláncolico como ya pasase en ‘Leviathan’ que, lentamente, nos deja inmersos en el trance de saber la prueba superada sin perder de vista el pasado. Hace no demasiado, los entendidos les situaban como la renovación y el relevo. De momento el tiempo les ha dado la razón. Es más, gracias a ellos se están abriendo puertas para muchos otros grupos para quienes la vida transcurre paralela a riffs escupidos sin miedo de herir la sensibilidad media de la mediocridad comercial. Bienvenida sea la nueva etapa de una banda imprescindible.

Una última curiosidad para fanáticos de la banda: deja que el último tema del CD suene hasta el final: pasados los casi seis minutos de canción hay ‘algo’ escondido tras casi veinte minutos de silencio…

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