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Muchos ya los habían olvidado. Ya no se contaba con ellos al hablar de las grandes bandas de metal y sólo algunos directos esporádicos, eso sí, multitudinarios, han dado fe de que seguían vivitos y coleando. Y cuando menos se les esperaba, han dado este gran hachazo llamado Death Magnetic.

Para los que amamos a este cuarteto, leyendas vivas del metal y una de sus bandas fundacionales en cuanto a lo que hoy es este estilo, con este disco se pone fin a una etapa negra. Una etapa que dura más que los cinco largos años que han pasado desde que sacaran el apestoso St. Anger, auténtico ejemplo de desesperación, impotencia, desorientación y falta de criterio. Es una etapa que dura ya 17 años, desde que se editara el legendario Black album. Una etapa en la que nos tuvimos que tragar la parejita Load – Reload y en la que los silencios han sido excesivamente prolongados. Una etapa en la que tuvimos que convivir con situaciones extrañas, como escuchar a Ulrich alabar la música de Oasis y declarar si admiración por su cantante.

Ahora bien, que nadie se llame a engaño. Los buenos viejos tiempos no volverán. Ya no habrá más fotos de Hetfield con spaghettis saliendo de su nariz mientras Ulrich sostiene una cerveza, con ambos rodeados de botellas vacías de vodka. Esa imagen ha sido sustituida en nuestra retina por la ya archiconocida del cantante, vestido muy pijo, con una bolsa de Armani en la mano. Pero así es la vida, cambio constante. Pero es que eso es lo que hay. Metallica se ha convertido en una de esas leyendas vivas que aspiran a seguir sacando discos medianamente potables que les permitan seguir tirando de grandes giras y de derechos de autor. Y dentro de esa categoría, siguen haciendo escuela.

Mucho se ha hablado del disco. Que si iba a ser el primero con Trujillo oficialmente en la banda, que si seguiría la estela dejada por su predecesor. En mi opinión, Metallica han cumplido las mejores expectativas. O al menos las más realistas. Comienzo con la escucha, y me encuentro con una ‘This was just your life’ que da algunas de las claves del sonido general del álbum. En primer lugar, una batería bastante limitada y con un sonido un poco pobre en la producción final, demostrando que Lars Ulrich va ahora mismo en el vagón de cola de los ‘baterías de la élite’. También las guitarras suenan a sucio, pero eso lo encuentro positivo: una búsqueda de un sonido conocido por antiguo. Me gusta la voz de Hetfield. Definitivamente no cantaba así desde el ‘Black’. El tema en general está bastante bien, con un solo made in Hammet bastante decente y unos riffs potentes y bastante acertados. De pronto me doy cuenta de que estoy de nuevo escuchando algo que se parece a los Metallica. Aparece una melodía india hacia el final que incluso da un toque alegre.

Con buen ánimo entro en ‘The end of the line’. Más guitarreo aunque esta vez con unos riffs algo más lentos, al menos inicialmente. El tema se va animando con un Hetfield dándolo todo, pero no me termina el estribillo. Más melodías indias y un Ulrich algo más inspirado. Aquí me da por primera vez la sensación de que algunos temas son quizá demasiado largos para lo que aportan. En este caso el solo me parece muy flojito, y el desarrollo de los riffs no da para tanto minutaje, pues solo una parte lenta hacia el final corta un poco el riff principal.

En ‘Broken , beat & scarred’ nos encontramos ante un tema bastante pesado y más lento que los anteriores. El tema va mejorando hacia la parte central, con la mejor versión de Ulrich y un solo bastante previsible.

A continuación viene la ya conocida ‘The day that never comes’. El tema en sí no está mal, e incluso podría incluirse en los mejores del plástico, pero no puedo evitar que me lleve de vuelta a ‘One’. Igual es cosa mía, pero le veo muchos parecidos: la temática bélica, el inicio lento, el incremento del ritmo según va avanzando y el final instrumental más rápido. A pesar de todo, el tema está bien y no me parece mala elección para abrir el capítulo de videos.

‘All nightmare long’ es posiblemente el mejor tema que ha escrito Metallica en los últimos 17 años. Thrash sucio, directo, duro y pegadizo. Colosales los riffs que lo pueblan y magnífico el estribillo, con mención especial al registro de Hetfield. Termina de darle un buen sabor el solo de Hammet y la parte rítmica posterior.

Un poco más difícil de digerir en ‘Cyanide’. Aun no sé si me gusta o no la verdad. La parte central es bastante rarita, y no me gusta nada la voz. Hay que ver cómo cambian las cosas de un tema a otro. El estribillo es también bastante rarito. En fin, es cosa de darle escuchas. Lo mejor de todo, el solo. Lo del siguiente tema no lo entiendo. ‘The Unforgiven’ es, sino uno de los mejores temas de Metallica, al menos uno de los más conocidos en ámbitos no metálicos, y eso ya es bastante. Ya me pareció una ofensa la segunda versión, incluido en el ya de por sí infausto Reload. Y ahora se lanzan a una tercera versión que huele a single desde aquí. Supongo que, al final, hacer dinero también es uno de los objetivos de este negocio. Con mucho la peor canción del disco – por mucho arreglo orquestal que hayan metido.

Ya encarando el final, empezamos con ‘The Judas Kiss’, que empieza con unas guitarras bastante raras, y a la que luego es difícil cogerle el ritmo. Le sigue ‘Suicide & redemption’, el clásico tema instrumental de los álbumes de Metallica. La verdad es que no dice mucho para lo largo que es. Y se despide el trabajo con ‘My apocalipse’, un auténtico trayazo, un golpe seco y duro al estilo de las viejas canciones de cierre de disco como ‘Damage Inc.’ o ‘Dyer’s eve’. Puritito trash que a ratos hasta me recuerda a Slayer.

En fin, un buen disco si lo coges con perspectiva, sabiendo a lo que te enfrentas. Si enfocas la escucha desde la búsqueda de sonidos tipo Master of Puppets o similares, estás perdido. En mi opinión, Metallica han dado el paso correcto en la evolución de su música, siguiendo un poco el instinto del pasado, pero sin caer en error de querer volver a tener 20 años.

[Rating:8/10]

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