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Y no me estoy refiriendo a que Peavy Wagner hay perdido alguno de los kilos que ha ido almacenando en los últimos años, sino a que después de unos últimos lanzamientos bastante flojos, han vuelto a sacar un trabajo de nivel notable. Y los miles de fans de esta veterana banda lo agradecemos. Las piezas parecen encajar, y el trío formado por Peavy Wagner, Victor Smolski y André Hilgers, el último en llegar, actúa ya como una máquina engrasada y a pleno rendimiento. Parece que por fin todos reman hacia en la misma dirección y después de un más que dubitativo ‘Carved in stone’, podemos volver a disfrutar de un trabajo poderoso y bien hecho.

La esencia de los Rage clásicos se hace presente desde el primer momento con ‘The edge of darkness’, en esa frontera entre el power metal y el metal melódico que siempre han sabido cruzar en el momento adecuado. Dobles bombos a manta junto con estribillos pegadizos ‘made in’ Wagner. Y mientras, Smolski mostrando su amplio abanico de virtudes a la guitarra, desde los punteos más complejos a los riffs más pesados. Y todo resultando en un conjunto tremendamente armónico.

Misma fórmula para ‘Hunters and prey’, un tema que es serio candidato a convertirse en un himno de directo y en el que más de uno se sorprenderá cantando el estribillo a la segunda escucha. Más melódicas, pero sin perder pizca de intensidad son ‘Into the light’ y ‘The beggar’s last dime’. Y llegamos así a la saga ‘Empty hollow’ dividida en cinco partes y en la que Rage lo han dado todo. Han unido a la fuerza del riff principal una tremenda orquestación y multitudinarios coros, como ya hicieran en el pasado. Pero además, por primera vez en el trabajo, hacen un guiño al metal progresivo. Se nota cada vez más la mano técnica de Smolski en el sonido de la banda.

Una vez terminado con ese larguísimo tema volvemos a sonidos más comunes como en ‘Saviour of the dead’, con riffs bastante pesados y sabor rockero, ‘Hellgirl’ o ‘Purified’ en la onda de los primeros temas del disco. Termina en trabajo con la sorprendente balada ‘Through the ashes’ y con ‘Tomorrow never comes’, un tema cuyo inicio me hace pensar por un momento que estoy escuchando a Dream Theater.

Todos sabemos lo difícil que es mantener una alta calidad en la vida de una banda de primer nivel y si bien Rage tuvo etapas recientes en que parecía que no levantarían cabeza, con este su vigésimo primer álbum, que se dice pronto, han vuelto a demostrar estar dispuestos a seguir dando guerra muchos años más. Una buena colección de las virtudes que hizo grande a esta banda, tanto en sus comienzos más enfocados al power como en su versión más moderna tras la incorporación del mago Smolski.

[Rating:8/10]

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