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El entorno de Dream Theater no deja de sorprendernos últimamente. Si hace unas semanas Mike Portnoy anunciaba sorpresivamente que abandonaba la legendaria formación neoyorkina, hoy su cantante saca su segundo trabajo en solitario. Un trabajo que os aseguro, nadie se podía esperar, pero que algunos tardarán en olvidar.

Comienza a sonar ‘One more time’ en mi reproductor, y a los pocos segundos tengo que mirar la pantalla porque estoy convencido de que me he equivocado al seleccionar la carpeta. Pues no. Pone claramente James Labrie. No es hasta que pasa más de medio minuto cuando escucho la voz del canadiense y por fin sé que no hay fallo. Y, entonces, ¿a qué suena esto? Podríamos decir tranquilamente que este disco pertenece al sonido actual de cualquier de los grupos que practican el estilo Gothemburg. Sí, habéis leído bien. Bueno, quizá no se pueda decir que estamos hablando de death metal melódico en sentido estricto, pero sí os puedo asegurar que se acerca bastante a cosas que hayamos podido escuchar recientemente, como lo último de Soilwork, sin ir más lejos.

Esa misma sensación la tenemos al inicio de ‘Jekyll or Hyde’, acrecentada por las voces death de Peter Wildoer (Old man’s child, Pestilence, Darkane), que no solo se aplica con fiereza en las tareas de batería, sino que aporta esa voz gutural que tanto sorprende y que ejecuta con maestría. Y también en el tema que os anticipábamos hace unos días ‘Mislead’, con un gran trabajo en los teclados a cargo de Matt Guillory, el otro 50% en la composición de los temas, y un grandísimo estribillo.

A partir de ahí el disco comienza a discurrir por senderos más tranquilos. Con ‘Euphoric’ tenemos un medio tiempo melódico que no por no gozar de la intervención vocal de Wildoer resulta menos impactante. Con ‘Over the edge’ encontramos un tema con un contundente trabajo de guitarra a cargo del italiano Marco Sfogli, un músico a descubrir. Es uno de los temas más técnicos del plástico, puesto que Labrie no ha olvidado añadir el ingrediente progresivo a sus nuevas composiciones. Parecido al anterior es ‘I need you’, aunque con una velocidad más y de nuevo, un estribillo tremendo.

‘Who you think I am’ sigue más o menos la tónica de las anteriores y sin bajar un ápice la intensidad, y no es hasta ‘I tried’ con unos teclados un poco de juguete que baja un poco el pistón, aunque creo que es más bien por comparación con las anteriores. La única canción que me ha trastocado un poco ha sido ‘Just watch me’ con unos riffs menos atractivos. Eso sí, el mal regusto dura poco, porque le sigue ‘This is war’ el que para mi es el mejor tema del disco: directo, rápido, técnico, con una tremenda combinación de voces y un gran estribillo.

Después de este temazo, ‘Superstars’ ya no me produce ningún efecto. Pero aun tienen tiempo de sorprenderme con la balada ‘Coming home’ un tema en el que Labrie se mueve como pez en el agua.

Así pues, podéis apostar a que estamos ante uno de los discos del año. Labrie se ha juntado con cuatro magos de la música, de los que solo me ha faltado mencionar al bajista Ray Riendeau (Halford). Cada uno pone un poco de lo que sabe para obtener un sonido tan inesperado como brillante. Un conjunto de temas que combinan fuerza, técnica y melodía y que mejora aun más tras pasar por la expertas manos de un grande de la producción como Jens Bogren (Opeth, Soilwork, Katatonia). Imprescindible.

[Rating:9/10]

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