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La fértil escuela progresiva sueca se complace en dar la bienvenida a sus nuevos miembros. En este caso se trata de un proyecto en el que no destacan los nombres, lo que permite al oyente centrarse en la escucha. La historia de este disco es curiosa, al menos tal y como se cuenta en la nota informativa del sello.

Aunque los padres del grupo, Mathias Holm (guitarra) y H.B. Anderson (voces), ya trabajaban en un proyecto conjunto, no fue hasta que el segundo encontró por casualidad las notas de su bisabuelo, un reconocido terapeuta de principios del siglo XIX, cuando las cosas empezaron a coger forma. Y así, sobre las base de esas notas, que narraban diferentes experiencias y sesiones de terapia con pacientes anónimos, empezaron a escribir los temas que reflejaran esos diferentes estados mentales recogidos por el tal Profesor Xandau por todo el mundo.

Sea o no cierta esta historia, la verdad es que ese trasfondo le va como anillo al dedo al disco. Un disco que empieza, tras una intro inquietante, con un tema un poco duro de escuchar. Quizá ‘Silhouettes’ no haya sido una buena opción para enganchar al oyente, pues tanto sus doce minutos, como sus excesiva tecnicidad pueden echar para atrás a más de uno. Metal progresivo en crudo. Y todo lo contrario que ‘The traveller’, un tema cortito y acústico, que parece sacado de un disco distinto.

‘Presence of time’ nos lleva de nuevo al mundo de los compases complicados de entender, pero esta vez, con una mayor peso de la base rítmica y uno de esos solos en los que o te quedas bizco o te duermes, según gustos. Y de nuevo volvemos a un sonido más tranquilo con ‘…elsewhere?’, protagonizada a duo por la voz y la guitarra española. ‘Inside the heart of silence’ nos devuelve a la parte metálica del bucle en el que parece metido el disco y se mantiene así durante varios temas, de los que destacaría la instrumental ‘Visual minds – the eternal flame’ y ‘Mne, Myself and I’, tema del que podéis disfrutar en el video que encontraréis más abajo. De ahí al final, otro par de temas lentos y más matemática aplicada a la música hasta completar los 75 minutos de duración del trabajo.

Por lo demás, comentar que el disco goza de un buen sonido en general, aunque a ratos el teclado parece un poco de feria y la batería suena demasiado cruda. Lo más destacable en el plano individual es el virtuosismo de Mathias Holm, uno de esos hachas de la guitarra que es capaz tanto de sacar buenos riffs como de volverte loco con los solos. Lo que menos me ha gustado es la voz del bueno de H. B. Andersom. No es cante particularmente mal, sino que no me ha llegado a enganchar.

Así pues, tenéis ante vosotros una obra que solo recomendaría a los adeptos del metal progresivo en su sentido más estricto. Son catorce cortes que pueden enamorarte o llevarte a la locura. Vosotros decidís.

[Rating:7/10]

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