Crónica y fotos de Stryper con Stormzone en la Rockstar Live de Bilbao el pasado 17 de Junio

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Determinadas bandas viven de la leyenda. Ofrecen conciertos tan infumables que deberían avergonzarles si tuvieran profesionalidad o con entradas tan caras que resulta inmoral. Stryper puede aparcar su leyenda: es mejor grupo que hace veinticinco años. Un conciertazo así sólo lo dan los grandes.

Mucho se ha hablado de los chicos de Orange County (California) desde sus inicios. Triunfar como un grupo de rock cristiano en una época en el que el rock era considerado satánico ya es de por sí un reto; no decepcionar a los fans más creyentes cuando se prueban nuevas direcciones es otro.

Desde su reunión en 2003 han sacado nuevos discos –algunos considerados entre los mejores del año- y han seguido girando, recalando varias veces en España. Cuentan las crónicas que algunos de estos conciertos fueron geniales y que otros fueron penosos. No sé si iluminados por Dios o por la euforia del inminente cumpleaños del guitarrista Oz Fox, nos rockearon como si fuera el fin del mundo: desde ‘Sing Along Song’ hasta el bis de ‘Soldiers Under Command’ nos sacudieron como un tornado.

Saturados con las imágenes de los telepredicadores y por su imagen de chico angelical, una no se imaginaba a Michael Sweet como a una bomba sexual capaz de hacer parecer a Vince Neil un dulce gatito. Todo está en la actitud y en la capacidad de interpretación de lo que está transmitiendo y en eso es brillante. Su cuerpo es un instrumento adicional a su voz y a su guitarra, y su comunicación no verbal no contradecía las letras de las canciones, más bien al contrario, las potenciaba; creía todo lo que transmitía. Como buen anfitrión, sabía llegar a los invitados, se interesaba por ellos, por que se sintieran a gusto, individualizaba a cada persona, quería saber que llegaba su mensaje. Y vaya si llegó. El resto del grupo recuperó la buena costumbre de coger las manos a los integrantes de las primeras filas.

Oz Fox –nacido Richard Alfonso Martínez- destacó no sólo a la guitarra, si no también con el castellano y con ambos mostró tener el espíritu latino que confesó: fuego en el cuerpo. El adolescente que se ganó el apodo de Oz por cantar como Ozzy Osbourne hizo buenos coros. A la batería el otro Sweet, Robert, desplegó su furia ochentera, con golpes contundentes, melena al viento. Quizá el más contenido fue el bajista Tim Gaines, pero alguien debía contener el desenfreno de canciones que se encadenaban sin dar tiempo a respirar,sacudidas corporales intensivas, y carreras al otro extremo del escenario.

La otra bandera de la predicación stryperiana fue la recuperación de sus tradicionales negro y amarillo, -tan definitorios como su propio logo- aunque sólo fuera en la camiseta de Fox y en los instrumentos. Entre el público destacó una réplica de la flecha de Sweet, que el cantante agradeció.

El núcleo del concierto fueron los temas de ‘Soldiers Under Command’ y de ‘To Hell With The Devil’, pero no se olvidaron de su álbum más reciente, ‘The Covering’, y bordaron dos zambombazos de grupos que les han inspirado, como Judas Priest (‘Breaking The Law’) y Black Sabbath (‘Hell And Heaven’).

Se echaron a faltar baladas como ‘First Love’, pero quizá no hubieran sido coherentes en esa atmosfera tan trepidante que habían establecido desde principios de la actuación. Y en ese entorno el ritmo hipnótico de ‘The Rock That Makes Me Roll’ fue una estrella guía, un verdadero himno de conversión.

Nos concedieron dos extras: ‘To Hell With The Devil’ y un bis de ‘Soldiers Under Command’ con intro a capella, pero como en todo buen concierto, supo a poco, por mucho que prometieran volver pronto.

Esta vez no lanzaron biblias –tan sólo púas firmadas por Michael Sweet, baquetas de batería, y toallas sudadas- ni consiguieron cristianizarme a mí ni quizá a muchos más, pero si alguna vez creyera en la reencarnación y tocara en un grupo, me gustaría que fuera tan bueno como Stryper.


ENGLISH VERSION

Some bands live on their legends. They offer so terrible concerts they should feel ashamed of if they considered themselves professional or offer a so expensive ticket that’s immoral. Stryper can shelve their legend: they are a better band than twenty-five years ago. Such a concert can only be possible coming from the big ones.

Enough it’s been said about the guys of Orange County (California) since their beginnings. Succeeding as a Christian rock band in a time when rock was considered satanic it’s a dare so far; not to disappoint the Christian fans when different directions are tried it’s another one.

Since their comeback in 2003 they’ve released new albums –some of which have been considered among the best of the year- and kept on touring, including some dates in Spain. Rumour has it some of these concerts were amazing and others pitiful. Can’t tell if enlightened by God or by the euphoria of the soon to come birthday of guitarist Oz Fox, they rocked us as if it was the end of the world: from ‘Sing Along Song’ until the encore of ‘Soldiers Under Command’ they shaked us like a twister.

Flooded by images of televangelists and his look of angelic boy, couldn’t picture Michael Sweet as a sex symbol able to make look Vince Neil as a kitten. It’s all in his attitude and in his performing skills of what he is transmitting and he’s brilliant at that. His body it’s an extra instrument to his voice and guitar and his non verbal communication didn’t contradict his lyrics, on the contrary, it boosted them; he believed in his message. Like a good host, he knew how to reach out his guests, he cared about them so that they feel comfortable, he adapted to every need, wanted to know if his message got them. And certainly it did! The rest of the group brang back the good tradition of grabbing the hands of the people in first rows.

Oz Fox –born Richard Alfonso Martinez- outstanded not only on guitars but also on Spanish. With both he showed to have the Latin spirit he confessed: a fire inside. The teenager who won himself the nick of Oz because of singing like Ozzy Osbourne was good on backing vocals. On drums, another Sweet, Robert, displayed his eighties rage, with heavy blows, with his hair flowing in the wind. Perhaps the most self-controlled was the bassist Tim Gaines but someone needed to keep in check the wild abandon of songs that were chained without leaving room for breathing, intensive body shakes, and races from side to side of the stage.

The other flagship of stryperian preaching was the retake of the classic black and yellow- so defining as their logo- even if it was just in the t-shirt of Fox and in the instruments. The replica of the singer’s guitar waved in the audience was welcomed by the band.

The heart of the performing were the tracks from ‘Soldiers Under Command’ and from ‘To Hell With The Devil’, but they wouldn’t neglect their most recent release, The Covering, and did excellently with two bangs of the groups that have inspired them, Judas Priest (Breaking The Law) and Black Sabbath (Heaven And Hell).

Ballads like First Love were missed, but could have been that they wouldn’t fit with such a furiously paced vibe. In that circumstances, the hypnotic rhythm of ‘The Rock That Makes Me Roll’ was a guiding light, a truly conversion hymn.

They gifted us two extra songs: ‘To Hell With The Devil’ and an encore of ‘Soldiers Under Command’ with a capella intro, but like commonly happens in a good concert, we couldn’t get enough of it, even if they promised to come back soon.

This time they wouldn’t throw bibles –only guitar picks signed by Michael Sweet, drum sticks, and sweaty towels- and didn’t Christianized me nor even many more, but I can tell that if I ever believe in reincarnation and I play in a band, I’d like to be as big as Stryper.

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