Cult Of Erinyes ‘A Place To Call My Unknown’

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Black metal oscuro y crudo. Como tiene que ser. Es la propuesta que nos quiere hacer este grupo belga con la presentación de ‘A Place To Call My Unknown’. Y la verdad es que me he llevado una agradable sorpresa, porque cuando supe que tenía que escribir sobre un grupo black del que nunca había oído hablar pensé: ‘O son del montón que deambulan por ahí y no hacen más que copiar y pegar las guitarras de otros grupos de culto, o son algo nuevo recién salido del abismo’.

Y no iba desencaminado, siendo por fortuna lo segundo. Ya que Cult of Erinyes se formó hace solamente dos años, y por lo que parece, toda su discografía se basa en un EP que salió a la luz el año pasado junto a este disco y nada más.

Ver las fotos promocionales, no hizo más que acrecentar mi desconocimiento, donde se les puede observar cubiertos por unas túnicas, y ocultando sus rostros por capuchas de monje durante una noche cerrada, como si quisieran ocultar su identidad hasta el fin de los días. Pero después de esta introducción insulsa y aburrida, hay que decir que en cuanto al apartado musical está bastante logrado. Ya que desde la primera escucha, notas una producción muy cuidada, pero sin demasiados arreglos, evitando así un innecesario efecto artificial en lo que al sonido se refiere. Podemos encontrar guitarras y batería bien grabadas, y tan contundentes que parece que el mismísimo demonio estuviera jugando a los bolos con nuestras cabezas.

Podríamos decir que el disco suena como una buena mezcla de Watain, 1349 y algo de su propia cosecha. Pero es una visión subjetiva, y una guía del patrón musical que podréis encontrar a lo largo de los nueve temas. Así, canciones como ‘Insignificant’, ‘A Thousand Torments’ o la que cierra el disco, ‘Extinction’, se centran principalmente en la creación de atmósferas oscuras y depresivas, que definen con muros de guitarra bien logrados – todo mezclado con la voz del cantante, que abarca registros opuestos de lo más agudo a graves, dando como resultado una teatralidad bastante sublime a la mezcla.

En ‘Call No Truce’ y ‘Velvet Oppression’ aparte de hacer lo ya mencionado, nos encontramos con que reducen la velocidad y se centran en su lado más espiritual. Con coros que parecen sacados de unos monjes haciendo un ritual bajo la luz de la luna llena. Siendo sin duda, estos dos de los mejores del disco. ‘Island’ arranca con una espiral de guitarra acompañada por ‘blast-beats’ de batería, dando un pequeño descanso a nuestros oídos, para luego desembocar en los últimos minutos de bello caos sonoro. A parte de la tónica general en el resto del álbum, nos damos de bruces con ‘The Black Eyelids’, conducida por un sonido más cercano al doom, y que avanza a un paso más lento y depresivo comparada con el resto. Mientras que ‘Permafrost’ y ‘Thou Art Not’ son las dos piezas instrumentales, dando un perfecto broche a este más que buen trabajo, de esta banda recién salida de los sótanos del underground musical.

Eso sí, esperemos que se asienten, vayan progresando y se conviertan por méritos propios en un grupo asentado en el Black Metal, o por el contrario desaparezcan sin dejar rastro cual hombre en una niebla densa.

[Rating:7.5/10]

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