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Cualquiera que siga la carrera de los suecos Opeth debe dar por sentado que en su música hay, ineludiblemente, un elemento de experimentación, de cambio. En algún momento, como con ‘Damnation’ y el DVD que le siguió, esa ansia por explorar se hizo más patente. Hoy tenemos una nueva muestra.

Y es que, aunque ya se sabía que no habría voces guturales ni death metaleras, creo que pocos se hacían una idea de a lo que nos íbamos a enfrentar. Ni siquiera con el primer tema que se anticipó, y que abre la escucha, ‘The devil’s orchard’, que sacaba del baúl de Mikael Akerfeldt un sonido setentero cargado de teclados psicodélicos y con un aire tenebroso. Y es que el título elegido para el trabajo, ‘Heritage’, anuncia una revisión de aquellos sonidos que en el pasado influenciaron el devenir musical de los miembros de este grupo.

Tras el tema ya conocido, nos sorprendemos por la delicadeza del inicio de ‘I feel the dark’, el que la voz de Akerfedt se envuelve del sonido de la guitarra acústica, aunque posteriormente, como si fuera un tema nuevo, entran las guitarras eléctricas en un registro cercano al doom, para volver finalmente a los cauces tranquilos del inicio. Igualmente sorprendente es el rock retro y rítmicamente animado de ‘Slither’, uno de los temas que más me han llamado la atención.

Jamás pensé que un disco de Opeth me iba a aburrir de esta manera.

Como si quisieran que no nos excitáramos demasiado, a continuación viene ‘Nepenthe’, un tema de jazz casi ambiental, con solo un par de ramalazos estridentes de guitarra perdidos por en medio. Prácticamente enlazada viene ‘Haxprocess’, siguendo unos parámetros muy similares pero con algo más de sabor progresivo. Y es que estamos ante la parte más tostón del disco, con unos temas tan intimistas y un volumen tan bajo, que cuesta distinguir unos temas de otros y no perderse en la escucha.

La misma escena se repite en ‘Famine’, una canción de la que tardamos casi dos minutos en empezar a escuchar algo, aunque luego aporta algunos elementos novedosos como una especie de flautas tribales. Sin embargo, a pesar de todo, podría seguir siendo el hilo musical de algún dentista macabro de los setenta. Por contraposición, despierta mis sentidos por unos momentos ‘The lines in my hand’, un tema con una curiosa combinación de teclados, guitarra española, una base rítmica muy progresiva y un final que deja buen sabor de boca.

El rock psicodélico progresivo de corte oscuro vuelve en ‘Folklore’, con los típicos efectos vocales que duele facturar Steven Wilson y que a mitad se vuelve a perder en divagaciones instrumentales que no aportan casi nada. Solo al final recupera el tono, en una canción como de western moderno. El disco termina como empieza, con una canción instrumental que no ayuda en absoluto a mejorar la sensación final.

Jamás pensé que un disco de Opeth me iba a aburrir de esta manera. Ni siquiera con ‘Damnation‘, del que me encantan muchos temas. Pero este ‘Heritage’ ha pasado por mi cabeza sin dejar prácticamente ni una huella después de un montón de escuchas. Si para muchos los directos de la esta formación sueca son pesados, a la gira que se avecina solo deberían acudir los que padezcan insomnio u otras alteraciones del sueño.

[Rating:5.5/10]

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