Smohalla ‘Resilience’

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Smohalla es una bizarrada espacial francesa en plan avant-garde a lo Ulver o Arcturus que acaba de salir bajo este debut con el título de ‘Resilience’.

Como su propia nota de prensa indica, ‘no es algo para todos los públicos, pero los que se atrevan a prestarle atención con calma encontrarán una buena recompensa’. Je.

Tras una introducción astronómica, en la que parece que va a salir volando como un cohete la torre Eiffel y dejando a París cubierta de ceniza, nos recibe a contrapelo ‘Au sol les toges vides‘, un lamento interminable y distorsionado de casi ocho minutos, demencial, inquietante, técnica de cojones sí, pero que a mi particularmente me llegó a poner un poco de mala hostia. Porque cuando te están aullando, tocando el piano, metiendo distorsión saturada, llevando la percusión a contratiempo y todo a la vez, efectivamente, como no estés acostumbrado, te pueden saltar los plomos.

Con algo menos de duración, más asequible, y con la estimable colaboración además de Óscar Martín (As Light Dies), en ‘Le repos du Lezard‘ escuchamos un medio tiempo con una atmósfera como la de la catedral de Santiago. Guitarras que transmiten fatiga, unos coros como si te llevaran en una carreta ya directamente a la caldera, y la misma sensación como de temor que parecen querer infundir en la mezcla. Esta engancha con ‘Oracle rouge‘ que al principio parece como cuando en el Zelda entrabas en una mazmorra, para introducir de nuevo abundante distorsión y coros eclesiásticos. Una rallada de puta madre con sintetizadores y una desarmonía envolvente.

Respetuoso con sus influencias, muy bien interpretado, sinceramente bien producido, pero como no os vaya el palo avant-garde se puede hacer insoportable.

Marche silencieuse‘ es casi por completo como la banda sonora de un juego de Super Nintendo. ‘L’ homme et la brume‘ es directamente una paranoia febril ultra-distorsionada de siete minutos, con abundantes contrastes, cambios de ritmo y que sí, de nuevo una impresionante medida en estructura, ejecución y arreglos para alucinar, pero que a oídos poco acostumbrados les puede derretir ya el cuadro clínico.

La escucha termina con ‘Aux mille dieux‘ y ‘Nos sages divisent‘. La primera un medio tiempo, también con ese aire mezquino que tiene todo el disco; y la segunda con una marcha fúnebre, triste y decadente para completar la faena. La pregunta es ¿cómo se puntúa un disco del que reconoces su complejidad técnica, sabes que grabarlo, siendo además solo dos, tuvo que costarles un huevo y la yema del otro, pero que al mismo tiempo no vas a volver a poner nunca? Ahh, misterios de la vida. Es respetuoso con sus influencias, está muy bien interpretado, suena sinceramente bien producido, pero como no os vaya el palo avant-garde se puede hacer insoportable.

[Rating:6/10]

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