Al igual que comentó Charly en el caso de Los Descendientes, y animado por el señalado evento que se llevará a cabo esta noche, me animé a dedicarle un breve comentario a una de las cintas favoritas para esta 84 edición de los Oscar.

La invención de Hugo es una película dirigida por Martin Scorsese (Taxi Driver, Infiltrados, Toro Salvaje), y protagonizada por un jovencísimo Asa Butterfield, Ben Kingsley y Chloë Grace Moretz. La historia narra los acontecimientos que envuelven la vida del pequeño Hugo. Un huérfano que se dedica de forma clandestina a mantener en marcha los relojes de una estación de tren en Paris, mientras intenta reparar por su cuenta un autómata – legado y recuerdo del tiempo que compartía con su padre.

Nominada a 11 candidaturas entre las que se encuentran: mejor película, mejor director o guión adaptado, y con la cantidad de títulos que se estrenan al año, me pregunto que es lo que hace necesario hoy en día, para que una película sea imprescindible o se convierta en clásico. Todo en un momento en el que cada dos o tres meses nos taladran con la misma serenata de ‘La mayor historia jamás contada’, ‘Más grande que la vida’, bah. Bien, no se si la invención de Hugo arrasará esta noche, o se volverá una película indispensable en la historia del cine, pero lo que sí se podría decir es que por lo menos reune todas las condiciones para intentarlo.

«Hugo es una declaración de amor por el cine y la imaginación, una aventura escrita directamente para fascinar y conmover a un público de todas las edades»

Desde un protagonista singular y sorprendente, una historia fantástica y sí, asquerosamente tierna, hasta unos lugares y paisajes deslumbrantes, lo que nos propone un Scorsese de setenta años es ver la vida a través de los ojos de Hugo, un niño que se encuentra en el momento de la infancia que cada nuevo descubrimiento o problema superado se vuelve al instante un suceso magnífico. Y recalco lo de los setenta años, porque ese sentimiento de progresar creo que es algo que con mayor o menor intensidad nos va a acompañar toda la vida queramos o no.

Alrededor de ese eje central, y gracias a la fecha en la que está ambientada la película, el relato de Hugo se cruzará con el del fascinante ilusionista y cineasta francés Georges Méliès, interpretado con acierto por Ben Kingsley. A partir de ese momento, tanto la vida del protagonista, como la nostalgia y cariño que transmiten los primeros pasos del cine, se funden con maestría y delicadeza. Pero si nos centramos en los personajes, todos tienen algo de particular, y al mismo tiempo un aire familiar. Y esa premisa se extiende no solo a los protagonistas, de forma que es casi imposible no visualizar en nuestros propios recuerdos a un Inspector con su doberman, una Lisette o un Monsieur Labisse.

Me llamó la atención la acertada presión de los efectos visuales, pensados para dotar de más contundencia al contexto, en lugar de buscar el asombro en situaciones aisladas. En ese sentido, toda la estética de la película, al igual que la banda sonora, te envuelve y engancha para entrar de lleno en el entorno elaborado para la historia.

Aunque a ratos pueda parecer algo pomposa, Hugo es una declaración de amor por el cine y la imaginación, una aventura escrita directamente para fascinar y conmover a un público de todas las edades. Desde el primer instante es imposible no dejarse embaucar para pasar unas horas en el ajetreo cotidiano de La Estación.

[Rating:9/10]


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