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Hellfest 2012, Clisson, Domingo 17. «Tengo una epifanía y veo a Ozzy muy cerca y bajo la lluvia»

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El último día de Hellfest no empezó menos fuerte que ninguno de los anteriores. Diablos, fue una putada que fuese el último día, ahora que yo ya había conseguido una técnica para resbalar entre las masas hasta alcanzar la primera fila que casi podría ser catalogada de arte y por fin me ubicaba entre el puesto de café espresso y el de golosinas gigantes. El tercer día de festival fue bautizado como el día del hardcore, maldita sea.

Empezamos el día con Do or Die, que nos dieron una buena dosis de metalcore, así, sin café y de buena mañana. Se definen como una banda de directo, y eso es exactamente lo que son. El sonido de calidad aunque un poco pesado que tiene cualquiera de sus discos luce una barbaridad en directo. Buscando siempre interactuar con el público, y dejando brillar a la fiera que tiene por vocalista, nos dejaron wel cuerpo caliente para Girlschool, que son como una versión mejorada, limada e ideal de lo que fueron las Runaways. Con esa mezcla de punk, de actitud rasgada y tan basada en lo que fueron algunas cosas que ahora ya se han muerto, no dieron el conciertazo que yo me esperaba. Hay mitos que envejecen mal, que sin hacerlo mal encima de un escenario se hacen monótonos, no consiguen hacer que las cosas arranquen. Las Girlschool dieron un bolo técnicamente perfecto pero que sólo pareció golpearnos bien hacia el final. Y yo me quedé toda triste.

Backfire! era una cosa distinta, era una de las muchas explosiones de hardcore que iba a disfrutar a lo largo del día. Destilaban una actitud y un entusiasmo tremendo, y arrancaron un par de mosh bastante duros en medio del barrizal de The Warzone. A nivel, de sonido, sin embargo, se hacía difícil por momentos distinguir con claridad los riffs en medio de una especie de maremágnum de sonidos bastante confusos. El vocalista tenía muchas ganas, pero parecía perder fuelle a ratos. Aún así, consiguieron que no me despegase de la primera fila y hasta que diese un par de botes.

Después de esta calentamiento y de atravesar mareas humanas, conseguí otro huequecito en primera fila para los esperadísimos August Burns Red. He hecho muchos chistes sobre que el metalcore cistiano es el nuevo chándal y tacones, pero también he dicho muchas veces, después de verles atacar el escenario de Hellfest, que se lo comieron. Introduciendo un montón de termas recientes que el público acogió con muchas ganas, la voz se hacía con todo. Con un sonido que consolidaba lo que ahora estamos llamando el metalcore americano, la nueva ola, el revelo generacional, esa mezcla de guitarras pesadas, actitud trepidante y una voz que suena como un animal rabiosos, el público fue suyo desde el minuto uno y nos hicieron disfrutar un montón.

Tan astuta fui que en Black Label Society estaba también a escasos metros de Zakk Wylde. De un Zakk Wylde, además, en plena forma, después de (según dice) haber dejado de beber. Maldita sea, literalmente se veía lo bien que se lo estaba pasando, lo feliz que era con su guitarra y con las plumas de jefe indio con las que salió a tocar. Un público lleno de chalecos de Black Label Society en el que, como en el caso de otros que he comentado antes, se mezclaban los adolescentes con camisetas negras con los señores mayores, duros y curtidos de metal que fumaban en pipa. Si, fumaban en pipa de verdad, no es una licencia poética. Black Label Society nos dio un bolo más suave, más lisérgico, con un virtuosismo sonoro que hacía que se metiera en la cabeza y no quedase espacio para nada más. Se veía, sin embargo, que estaban a gusto en un escenario tan imponente, que les gustaba que fuésemos hordas de fieles, que lo estaban pasando bien. Mezclando sus clásicos (incluida alguna cosita del legendario ‘Sonic Brew’) con temas de ‘The Song Remains not the Same’, su último trabajo, dieron una lección en clave suave y relajada pero potente, enseñando que no hace falta un gran despliegue de gritos ni de golpes de melena para tener una actitud auténtica.

Crónica y fotos del Hellfest, Domingo 17
Pocos frontmen o frontwoman [como Candance] dieron una lección tan enorme de cómo motivar al público, gritar como una auténtica fiera y al mismo tiempo mostrar una actitud increíblemente humilde. Fotografía © Iván Barco

Y después, la locura. Walls Of Jericho. Una Candance irreconocible, tonificada hasta decir basta (qué brazacos, por dios!) que se folló el escenario como pocos. Pocos frontmen o frontwoman dieron una lección tan enorme de cómo motivar al público, gritar como una auténtica fiera y al mismo tiempo mostrar una actitud increíblemente humilde ante su enorme público. Vocalmente increíble, con una energía arroladora y una más que patento complicidad con los miembros de su grupo, también destacó de forma brutal el batería, con unos golpetazos que nos estallaban en los oídos. Tocaron con muchísima rabia, no se olvidaron de recordarnos que están de gira con Evergreen Terrace y Stick to Your Guns (después, veríamos a Candance sentadita entre bambalinas en Evergreen Terrace) y tuvieron uno de los setlist más ágiles del día. El publico se lo devolvió todo con creces, reaccionando a los gritos de Candance con pogos, mosh, walls of death y muy pocas ganas de que dejasen el escenario.

Siguiendo con mi línea de Dora la Exploradora del Metal, me fui a por un café, una gominola gigante y después, al bolo de The Spudmonsters. Hardcore weirdo, hardcore que parecía hecho por los raritos brillantes de la clase, eso fue lo que me encontré. Una actitud muy dura, un frontman bastante loco y con una presencia bastante destacable encima del escenario. Sorprendía que, a pesar de que no éramos un público muy nutrido, los fans éramos en su mayoría super jóvenes, con un montón de chicas con unos pelos increíbles y camisetitas negras danzando por ahí, haciendo headbanging sin parar. Nos envolvía ese sonido duro pero lleno de referencias escondidas, un poco ramoniano, un poco L.A, intenso y al mismo tiempo capaz de arrancar sonrisas. Eh, joder, mira que me gustan los bolos raros.

En el Mainstage 1, de pronto, aparecieron DevilDriver. Groove metal con raíces purísimas, unas guitarras que corrían muy rápido entre sus manos y una de las mejores presencias sobre el escenario. El sonido de DevilDriver en un disco es, a nivel de calidad, lo mismo que puedes encontrarte cuando los escuchas en directo. No hay aceleraciones de ritmo, no hay virguerías que pueden fallar, no juegan. Tocan duro, pero los ritmos se relajan por momentos y dejan ver algo que es casi como una calidez sonora, acompasado con el poderío lisérgico de la batería. Estuvieron impresionantes.

Crónica y fotos del Hellfest, Domingo 17
El sonido de DevilDriver en un disco es, a nivel de calidad, lo mismo que puedes encontrarte cuando los escuchas en directo. Fotografía © Iván Barco

Evergreen Terrace tampoco decepcionó. De vuelta en The Warzone, que seguía oliendo a mierda de vaca pero menos, y ante un público muy nutrido, muy en la línea del que había tenido el día anterior los encantadores Cancer Bats. Ejercicio de energía y actitud increíble, me conquistaron el corazón con una versión de las pocas que quedan realmente bien hechas de ‘Mad World’, de los Tears For Fears, que era imposible no corear de principio a fin y me remataron al dejar que un encantador niño pequeño cerrase el concierto dándole, y además muy bien, unos buenos golpetazos a la batería. Con los ritmos acelerados a los que estos chicos nos tienes acostumbrados y una voz todavía más destacable que otras veces, Evergreen nos dejó con los pies destrozados a todos.

Blue Oyster Cult fueron los siguientes. Lo intenté de todas las formas posibles. Lo intenté tumbándome en la hierba, tragando un espresso y abriéndome paso por vez número mil hasta primera fila, pero definitivamente ahí había algo que sonaba mal. Un deje gastado, agotado casi, lastró la voz casi hasta el final, y a pesar de que el resto del grupo demostró durante la mayor parte del bolo su solvencia instrumental, hubo momentos en los que quedaba muy patente que algo no terminaba de cuajar, que parecían encontrarse ligeramente perdidos. Ni siquiera ‘Don’t Fear The Reaper’, uno de mis placeres oscuros y secretos, consiguió quitarme esta sensación tan agridulce.

H2O, sin embargo, estuvieron intachables. No, no me cansé de tanto hardcore durante todo el día, y si eso no sucedió fue por gente como estos chicos. Ganas de que el público estuviera contento, combinando con un montón de rabia de la buena y de energía encima del escenario. Mucho mas potentes de lo recordaba instrumentalmente, destacando un bajo y una batería atronadoras. El sonido fue impecable, el bolo tan fluido que pareció durar quince minutos, y H2o le dieron mucha, mucha leña.

Mötley Crüe dieron un buen bolo, sin contar conmigo como una fan entusiasta, se lucieron todo lo que les apeteció encima del Mainstage 2 e hicieron que nadie se sintiese decepcionado. Revisando los clásicos, alternando como hemos visto en otros tiburones de escenario sus dotes de showman con esa forma tan loca de masturbar las guitarras, le arrancaron al público un montón de saltos, de headbanging y de gritos enfervorecidos. Sin resultar agobiantes con las concesiones a la teatralidad, el espectáculo y la ropa rarita, animaron constantemente al público y supieron resultar efectivos sin sacarse sangre de las yemas de los dedos ni nada parecido.

Lo que me enamoró de The Obsessed, grandes desconocidos hasta el momento en el que aterricé en su bolo, fue el bajo. Unas líneas de bajo que me recordaban lo bien que me lo había pasado el día anterior escuchando Saint Vitus, una energía cuidadosamente dosificada y una intricada red de referencias, de sutiles giros sónicos que se quedaron bien dentro de mi cabeza. Era muy agradable de ver esa potencia bien modulada, ese ejemplo clarísimo de que la veteranía es un grado. Una de las sorpresas de la tarde, una sorprendente conversión al doom por parte de la que suscribe y mi amor eterno al bajista de Los Obsessed.

Slash era el siguiente. Con puntualidad británica y excelentemente bien acompañado, salió a comerse el escenario. Hace años, comentaba con un amigo guitarrista que ya no nos gustaba Slash, que no sabíamos que le pasaba, que estaba haciendo cosas extrañas. Al final, mi amigo me dijo que esperase y que ya vería Y joder si vi. No sé si el subjetivismo es una buena filosofía de redacción, pero Slash le dio un par de pataditas en el culo al concierto de Guns n’ Roses del día anterior. Que bien le ha sentado el vocalista normal, joder. Que bien sienta al publico una máquina de tocar como Slash encadenando tema tras tema en lugar de ir a cambiarse de ropa como el señor Rose. Un increíble ‘Nightrain’ y un Myles Kennedy (soy la única a la que Myles Kennedy le recuerda muy fuerte a Jared Leto? Ya no sólo físicamente, tienen gestos y cosas) cómodo y perfecto encima del escenario. El público, entusiasmado con el bolo que nos dieron, que dejaba los malditos pelos de punta. Axl – 0, Slash – 1.

Crónica y fotos del Hellfest, Domingo 17
Madball. Los dioses, los dinosaurios enfierecidos del hardcore de Nueva York. Fotografía © Iván Barco

Haciendo un doblete bastante loco, me pegué una carrera ante la atónita mirada de un par de vikingos y me planté en Madball. Los dioses, los dinosaurios enfierecidos del hardcore de Nueva York, la réplica de la otra costa a los Black Flag. Era imposible acceder a las primeras filas. Era imposible moverse un milímetro en realidad. Pocos había en el público que estuvieran quietos mientras el frontman se deshacía encima del escenario. Entre tema y tema, atando bien los clásicos y un par de juguetitos menos oídos, tuvo tiempo de recordarnos que era el día del padre y que quería dedicarle un tema a su mujer y a sus hijos. Joder, decir lo que queráis pero eso fue bonito, como lo fue también recordarnos que ahora venía el señor Osbourne, que no habría muchas cosa sin él dentro de la música. Un bolo que me dejó sin aliento y con la sensación de poder morir más o menos tranquila después de haber visto a uno de los grandes.

Después, Ozzy. En realidad, después empezó a llover de una forma bastante dura, Hellfest inició su transformación en barrizal y cierta reportera minifaldera tuvo que correr a su tienda de campaña a ponerse algo que la tapase un poquito. Allí dentro, me planteé si de verdad quería quedarme estar, debajo de una cazadora empapada, con una falda y una camiseta y nada más, dos horas y algo bajo la lluvia. Ya sé que esto suena muy dramático, pero de verdad que llovía muy fuerte. Entonces, tuve una epifanía: sí quería. Quería ver a Ozzy Osbourne. Con Ozzy nunca se sabe; en una de estas come algo en mal estado y se muere y yo no lo he visto porque me daba miedo la lluvia. Dije a la mierda, tengo veinte años, salí de la tienda y esprinté hasta una esquinita del foso de prensa donde me empapé y sonreí todo el rato viendo al madman. El también se mojaba, se le quedó el pelo pegado a la cabeza en cuestión de segundos, pero le importó una mierda. Ozzy no hizo ninguna estupidez, Ozzy caminaba de forma muy extraña, pero estuvo brutal. Me hizo muy feliz estar allí mojándome y viéndole desgranar todos los temas que queríamos, pasar por ‘Blizard of Ozz’, rociar al público con extintores, gritarnos que quería que saltásemos, que quería que levantásemos la mano y cantásemos con él, y acompañarse de Slash a un lado y de Zakk Wylde al otro en una sorpresa encantadora. No hizo grandes juegos de voz, apenas tocó los agudos, pero de verdad que tuve la sensación, mucho más que en otros conciertos, de estar delante de algo. Disfrázalo de showman, de loco, pero Ozzy es un vocalista que puede llenar un escenario (otro cantar es que pueda doblar las rodillas, ay joder, me dio un poco de cosita verle caminar tan despacito, con pasos tan cortos) Nos despidió pidiéndonos desde bambalinas que si queríamos otra canción gritásemos mas fuerte porque no podía puto oírnos, sacando otra ver al señor Wylde y a Slash y despidiéndose de forma demencial con ‘Paranoid’.

Decepcionante el retraso final de Dimmu Borgir, que tardaron tanto que atacar The Altar que el público empezó a abuchearlos. Con las ganas que teníamos. Creo que fue el único retraso que presencié en Hellfest y, todavía con la cabeza puesta en el gran Ozzy, me resultó bastante cabreante. Los noruegos no decepcionaron, alternando lo instrumental, sus atmósferas estructuradas como una gran sinfónica, sus juegos de luces y esas reminiscencias operísticas con un metal pesadísimo, pero, como final de Hellfest, mil veces mas recordable el bolo anterior.


Y hasta aquí lo que dio de sí este intensivo Hellfest 2012. Realmente ha sido un placer colaborar con nuestros compañeros de This is Mosh, a quienes recomendamos que visitéis, y a los que no podremos agradecer lo suficiente su gran dedicación durante toda su estancia en Francia y excelente trabajo. Gracias por ofrecernos su ayuda a pesar de haber sido todo una locura muy precipitada. Gracias por una vez allí embestir de un escenario a otro con furia, retratar todo bicho viviente, y sacarle el alma a los grupos de la forma que lo hicieron. Gracias por compartir de forma tan personal su asistencia, y el respaldo que también nos han demostrado como medio. ¡Grandes!. Texto: Laura B. Fotos: Iván Barco. El hombre-vaca está en busca y captura.

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