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Crónica y fotos del Metal Lorca 3

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Como viene siendo habitual, de una manera u otra, durante los últimos 15 años, hay una fecha ineludible en Lorca para todos aquellos amantes del rock y el metal que se precien. Una cita donde la ciudad tiembla como debería de ser, con grupos de primera línea, ya sean nacionales e internacionales. Este año, y con un poco de retraso respecto a anteriores ediciones, no sólo en cuanto a fecha, sino en anunciar el cartel completo, la tercera edición del Metal Lorca, herederos espirituales directos del Lorca Rock, acercó a su ciudad una de las giras más interesantes que han pisado la península tanto por calidad como por morbo; me refiero a la visita de Kamelot presentando nuevo trabajo y cantante.

Con un ligero retraso, dio comienzo el concierto de los ilicitanos Vladek. Fueron unos de los dos ganadores de la batalla de bandas que la organización tuvo a bien organizar para poder dar la oportunidad a dos grupos nóveles de incorporarse al cartel. Con un black metal melódico y majestuoso, y fuertemente influenciado por nombres como Dimmu Borgir o Immortal en según que momentos, tuvieron la difícil tarea de abrir, pero aún así hicieron gala de una solidez nada propia de una formación tan joven. Musicalmente pocas pegas puedo ponerles, pero en cuanto a puesta en escena personalmente intentaría obviar el corpse paint.

Crónica y fotos del Metal Lorca 3
Desde Almería, y como los segundos ganadores de la batalla de bandas, los chicos de La Skala de Richter ofrecían su heavy rock moderno. Fotografía: Zenthorn

Desde Almería, y como los segundos ganadores de la anteriormente citada batalla, los chicos de La Skala de Richter (que manda huevos con el nombre y la ubicación…) ofrecían su heavy rock moderno, y ciertamente canalla, al respetable, causando impresiones más bien positivas; si bien todos sabemos como es el público con las bandas que tienen la difícil tarea de abrir un evento de estas características.

Muerte por Mil Cortes fueron sin duda la banda más salvaje y animal que íbamos a encontrarnos en esta edición, pero desgraciadamente el sonido, que si bien no era el mejor con los dos anteriores grupos, volvió la actuación de los murcianos en una maraña de sonido que resultó un tanto caótica con idas y venidas en el volúmen de la voz.

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Muerte por Mil Cortes fueron sin duda la banda más salvaje y animal que íbamos a encontrarnos en esta edición. Fotografía: Zenthorn

Llevábamos sólo cuatro bandas – y el retraso se iba acumulando – cuando salieron al escenario los llegados desde Aranjuez, We All Fall. Haciendo gala de un metal que bebe directa y notoriamente de bandas como Machine Head o Tool aderezado con stoner rock, una mezcla muy compacta y llevaba muy bien al directo, rindierón buena cuenta de unos cuantos temas de su último disco ‘Paradise Paradox‘ en los escasamente 30 minutos que tuvieron para desplegar su show.

Como si hubiéramos sido transportados a mediados de los ochenta, aparecieron Iron Curtain. Con su heavy metal de corte clásico (pero clásico clásico, de ese de elásticos rojos y parches de Kiss.. bueno, esos llegarían después) desplegaron una ración añeja para que los más jóvenes del lugar sepan de donde beben muchos grupos modernos. ‘Hounds of Hell’, ‘Scream & Shout’ o ‘Brigadas Satánicas’, con la que cerraron su actuación, pueden ser escuchadas en su myspace junto al resto de temas de su ‘Road To Hell’. Ya sabes, si echas de menos esos tiempos de crudo “jevimetal” dales una escucha.

Con un poco de cansancio ya en el cuerpo, nos preparábamos para recibir a Arkania. Banda madrileña, que con ‘La Bestia Dormida‘, se han afianzado más en el heavy metal melódico, abandonando un poco sus inicios más “sinfónico folklóricos”. ‘Gabrielle ¡Hey Tu!’, ‘La Bestia Dormida’, ‘¿Que será de ti?’, ‘Rosas sin Espinas’ o ‘Alto y Claro’ sonaron en una actuación, donde al igual que con Muerte por Mil Cortes, el sonido en las voces empañó la actuación de una banda muy entregada, y con un Icaro muy comunicativo y cercano al público.

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[We All Fall] haciendo gala de un metal que bebe directa y notoriamente de bandas como Machine Head o Tool aderezado con stoner rock. Fotografía: Zenthorn

Llegaba ya la hora de ver a las bandas que acompañaban a Kamelot en su periplo peninsular, y la primera de ellas era la para mi desconocida Blackguard, desde las frescas tierras de Montréal, Québec, los cuales fueron sin lugar a dudas mi mayor sorpresa. Un death melódico, rabioso, arrollador y épico. Con un frontman, Paul “Ablaze” Zinay, carismático y enérgico, que no paró en ningún momento quieto ni en el escenario, ni en el foso de prensa ni subido a la valla del público. Un torbellino, y con una calidad de sonido apabullante con respecto a los anteriores grupos, pero que sólo pudo agasajarnos con cinco temas, cuatro de su último disco. Pero que desde luego me ha hecho apuntarles en la lista de “no las pierdas de vista que van por el buen camino”; reitero, bestiales.

Pocos minutos después de los canadienses, y apremiados un poco por el retraso que se había acumulado, los noruegos Triosphere saltaban al escenario para presentar su power metal progresivo, que con su último disco, ‘The Road Less Travelled‘, tan buenas críticas han cosechado. Su vocalista y bajista, Ida Haukland es algo más que una cara bonita al frente de una banda de rudos vikingos. Es una auténtica bestia con su instrumento, y no se limita a acompasar la sección rítmica. Verla tocar es todo un espectáculo de técnica, lo cual lastra un poco su otra labor como vocalista y animadora. Esto no quita que nos encontráramos una banda muy a gusto sobre el escenario, aunque con un sonido un tanto inferior a Blackguard, que pudiera ser debido a esa premura con la que se realizó el cambio. Tal vez su música no es la más vibrante para llevar al directo, aún así, los siete temas que conformaban su set list no se hicieron para nada pesados, y pasaron como un suspiro.

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Con ‘La Bestia Dormida‘, [Arkania] se han afianzado más en el heavy metal melódico. Fotografía: Zenthorn

Con buena expectación eran recibidos los power gótico germanos Xandria, etiquetados erróneamente por algunas malas lenguas como unos Nightwish de segunda categoría; si bien es imposible negar la influencia de los chicos de Tuomas Holopainen, creo que tienen argumentos para demostrar su personalidad propia, y un puesto más que respetable en la escena. Arrancaron con una breve intro para comenzar con ‘Valentine‘ de su último disco. Una canción perfecta para empezar un directo por su fuerza y empaque, que muestra sin pudor alguno la dirección musical de la banda en todo su esplendor. ‘Blood on my Hands‘ continuó bajando un poco la velocidad, pero subiendo la melodía y la exhibición vocal de Manuela Kraller, con un chorro de voz que disipó, si alguien tenía la duda que tiene tanto talento como belleza. Llegarían después ‘Euphoria‘, ‘Forevermore‘, ‘Cursed‘ y ‘The Dream is Still Alive‘, con la que Manuela se lució de la mejor forma. Llegados a este punto, y si conocéis un poco la discografía del grupo, os habréis dado cuenta que todo lo presentado está incluido en su ‘Neverworld’s End‘, y ya os aviso que de los tres temas restantes, dos pertenecen también a dicho disco; tan sólo ‘Ravenheart‘, con la que cerraron su actuación, estaría en otro álbum. Creo que a pesar de querer presentar su más reciente trabajo, como es lógico, no está reñido con echar un vistazo a los trabajos anteriores, y condenar tu pasado casi por completo al ostracismo.

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Blackguard ofrecieron un death melódico, rabioso, arrollador y épico. Fotografía: Zenthorn

Tan pronto como salieron del escenario los germanos, una legión de “pipas” saltaron en tropel para preparar todo a los cabezas del cartel. En escasos 35 minutos, teníamos dispuestas dos alturas de tarima, distintos juegos de luces a pie de escenario y demás parafernalia, para la entrada triunfal de Kamelot, que sería tras una pomposa introducción épica de las que tanto gustan. Desde el primer momento, comenzando con ‘Rule de World‘ (peculiar elección puesto que pertenece a su anterior álbum), pudimos comprobar la enorme diferencia de calidad en cuanto a sonido de la que disfrutaron los norteamericanos con relación al resto; y cuando nos encontrábamos envueltos en ese sonido majestuoso que logra imprimir a su música, llegó a aquel que iba a copar casi por completo la atención durante todo el concierto, Tommy Karevik, quien tenía ante sí la difícil tarea de suplir la salida de Roy Khan hace año y medio. Si alguien tenía alguna duda, esta quedó simplemente aniquilada cuando ese chorro de voz salió de su garganta. Cándida, potente, elegante o sobrecogedor pueden ser algunos de los adjetivos que podría fácilmente usar para describir su forma de cantar. Si bien en su último disco pensaba que habían demasiado momentos tipo “miradme, quiero ser como Khan”, en directo Tommy es capaz de imprimir a las canciones su toque personal.

La banda se mostró sólida y vibrante, como si de una pieza de ingeniería suiza se tratase, y casi sin darnos cuenta terminó el primer tema dejando paso a ‘Ghost Opera‘, más pesado y oscuro, con más variedad de ritmos y registros, entre los que la banda se desenvolvió con soltura. Fue al terminar esta cuando Thomas, alma máter y fundador, se dirigió al público en una de esas raras ocasiones donde le vemos sonreír. Breve momento que aprovechó Tommy para zafarse del largo abrigo con el que había salido en un principios (sí, sería Noviembre, pero el calor que lanzaban los focos por estar tan próximos del escenario era más que evidente hasta para los que estaban en las filas intermedias).

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Ida Haukland es algo más que una cara bonita al frente de una banda de rudos vikingos. Fotografía: Zenthorn

The Great Pandemonium‘ sonó a continuación, con la misma fuerza, contundencia y precisión, aunque extrañó que no fuera hasta la cuarta canción, ‘Veritas‘, que contasen con la vocalista de Amaranthe, Elize Ryd (una de las dos cantantes que tuvo que suplir a Anette Olzon en la fatídica noche “largada” de Nightwish”) que no vimos el primer tema de su nuevo disco ‘Silverthorn‘. Extraña elección para presentar tu nuevo disco; supongo que las tres anteriores eran para demostrar que habían tomado la decisión correcta con Tommy, y ya de paso que Elize saliera un poco de las sombras donde acompañaba a la banda para los coros que tanta presencia tienen en sus temas. Llegó ‘Center of the Universe‘, y aquello parecía que se iba a venir abajo. Un tema muy querido por los fans, y así se lo mostraron, donde tal vez los efectos de segunda voz hicieron deslucir un poco el principio, pero nada que no se subsanara un Sean Tibbetts, que trenzado en cabeza, y bajo en manos, animaba como si su vida fuera en ello, o de nuevo Elize colaborando. El ritmo bajó considerablemente con ‘Song for Jolee‘, posiblemente el tema donde Tommy nos acerca, casi sin darse cuenta, muchos de los registros más cálidos y suaves que tan buenos resultados le han dado en – su otra banda – Seven Wonder (que si no conoces, ya estas tardando en escuchar), animando también al público a acompañarlo.

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Manuela Krallere disipó, si alguien tenía la duda, que tiene tanto talento como belleza. Fotografía: Zenthorn

Al término de ‘Song for Jolee’, y conforme bajaban de intensidad las luces, el foco sobre Casey Grillo nos indicaba que se aproximaba el ineludible solo de batería. Que tengo que decir, que pese a defender muy bien su puesto, no deja de ser un tanto genérico, con más intención de ganar tiempo para el descanso de otros miembros, que para el lucimiento propio. De nuevo con toda la banda sobre el escenario, y con iluminación tenue, dio comienzo ‘When the Lights are Down‘ del que posiblemente sea su mejor disco, ‘The Black Halo‘. Uno de esos temas que cuando escuchas por primera vez, piensas que está pensado para llevarlo al directo, y así es. Sin pausa entre las dos, encadenaron ‘Sacrimony (Angel of Afterlife)‘, tema que eligieron como single para presentar a la sociedad su último disco, y donde contaron ya por última vez de forma activa con Elize. ‘Season’s Eld‘ fue la verdad un poco “corte de rollo”, pues la unieron directamente con un solo de teclados poco inspirado, cuya parte más amena fue la interpretación junto a Grillo del tema principal de Piratas del Caribe. Por suerte supieron resarcirse la mar de bien con un temazo como ‘Forever‘, donde un frenético Tommy bajó al foso a saludar y cantar junto al público con el cual ponían fin, en un principio a su actuación.

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Kamelot se mostraron sólidos y vibrantes, como si de una pieza de ingeniería suiza se tratase. Fotografía: Zenthorn

No hace falta decir que no transcurrió demasiado hasta que salió Sean de nuevo en un momento de lucimiento personal, hasta que los primeros acordes de ‘Karma‘ empezaron a sonar, y llegó el éxtasis comunitario. La respuesta de la gente fue lo más cercana a las fans de Justin Bieber pero con greñas, cuero y tachas. Un auténtico locurón en las primeras filas, y no era para menos. Una ejecución casi perfecta del tema con el que posiblemente muchos conocieron a esta banda. Con el bajo de Sean de nuevo a un nivel altísimo, comenzó ‘Torn‘, con la que volvían y despedía ‘Silverthorn’, un tema que gana solidez en directo. Para el cierre del show Kamelot pusieron toda la carne en el asador. Dos figuras femeninas y ocultas tras antifaces de satén y encaje, provistas de alas negras y timbales, acompañaron los primeros acordes de ‘March of Mephisto‘. Y ¿quien mejor que Paul Ablaze? de Blackguard para interpretar a Mephisto y brindarnos un duelo de voces entre él y Tommy realmente antológico. La melodía y calidez del sueco, y la brutal virulencia del canadiense fueron un broche de oro para un grandioso concierto, que afianzó la actual formación de la banda, y tan sólo podemos frotarnos las manos ante las futuras obras que van a brindarnos.

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Los dioses aterrizaron en Lorca para iniciar una nueva era de marxismo mata pijos. Fotografía: Zenthorn

Y de la misma forma que antes habían aparecido para montar el escenario, regresó el ejercito de pipas y arrasó, literalmente, el escenario. Dejándolo completamente yermo para quienes cerrarían el festival. Venidos desde el más profundo de los infiernos de Dante, fuente de inspiración para grupos como Black Sabbath o Kiss, se dice de ellos que consiguieron convertir a un imberbe adolescente casto y puro, en el que es ahora líder de unos tal Manowar. GIGATRON (lease en arial 24 y en negrita), capitaneados por el pastor de fieras Charly Glamour. Los dioses aterrizaron en Lorca para iniciar una nueva era de marxismo mata pijos. ‘Warrior of the Barrio‘, ‘El barco de colegas‘, ‘Apocalípsis Molón‘, ‘Te peto el Cacas‘ o ‘Machocabrío‘ fueron algunos de los himnos que pasearon por Lorca. Un fin de fiesta cachondo, y la mejor forma de reírnos de nuestros propios clichés del mundo del rock y del metal. Grande los dioses, y grandes los valientes incombustibles que allí se dieron cita.

Ahora viene ese momento de reflexión, cuando uno lee y escucha como nos quejamos “que nunca hay nada”, “sólo bandas de barrio”, y se quedan en su casa cuando hay este tipo de eventos; de esos que “no tienen dinero para ir de concierto” pero sus cubatas en fin de semana no faltan. No lloréis luego.

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