The Sword y Erich Zann en la Rock City de Valencia
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The Sword y Erich Zann en la Rock City de Valencia
The Sword y Erich Zann en la Rock City de Valencia

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Fotografías: www.reaktiu.com

Vaya noche tan electrizante la que pudimos vivir el pasado jueves, a manos de dos bandas que nos dieron una lección practicando diversas vertientes del rock. Unos sonidos además algo diferentes a lo que tenemos acostumbrado escuchar, y que demostraron tener también tirón entre el público de la ciudad.

Después de la baja de los teloneros anunciados, Ion Tide, por la disolución del grupo pocas fechas antes de la noche de autos, la tarea de abrir la noche recayó en los locales Erich Zann. Lo primero que me gustó fue la actitud con la que salieron, pese al desolado aspecto que tenía la sala cuando empezaron a sonar los primeros acordes. Con tres guitarras sonando simultáneamente, atrajeron en pocos minutos a una congregación ya bastante decente. Otra de las cosas que me sorprendió gratamente fue el más que correcto inglés que demostró el frontman, Micky. Da gusto encontrar alguien de aquí que suene como si fuera del mismo Wisconsin.

Su sonido es una amalgama que parte del rock progresivo y tiene un poco de todo lo demás: un poco de psicodelia, un poco de blues, otro tanto de jazz. Hay diversidad de momentos y variedad de combinaciones. Como digo, comenzaron con bastante fuerza, para ir poco a poco adentrándose en fases más íntimas, dando muestras de un estilo original en la mezcla de los elementos que la componen.

Tuvieron tiempo de dedicar un tema a la banda que no pudo ocupar su puesto, con ‘Between Ion Tides‘ y lo dieron todo para implicar al público con ‘Revolution‘. Cerraron su show con una perfecta descripción del tema elegido: ‘un temazo’. ‘Nigths of delightful distortion‘ terminó de encender la mecha de los asistentes. En definitiva, una actuación cargada de feeling y con mucha actitud sobre el escenario.

The Sword y Erich Zann en la Rock City de Valencia
Los primeros acordes de la instrumental ‘The sundering’ sonaron tan contundentes como claros, una constante durante todo el show que ofrecieron The Sword. Fotografía: Reaktiu

Con el tiempo justo para reponer líquidos y ante una audiencia ya más numerosa comenzó a sonar una intro estática que se nos clavó en el tuétano del esternón. Tras la cortina de humo se adivinaban las siluetas de los tejanos The Sword. Tras esas siluetas, una maravillosa colección de cabezales/pantallas de la casa británica – y en auge – Orange. Los primeros acordes de la instrumental ‘The sundering‘ sonaron tan contundentes como claros, una constante durante todo su show y nos advertían de que sobre nosotros se venía el equivalente sonoro a una estampida de elefantes.

Al tiempo que se esfumaba el humo soltado para la intro, aparecían ante nosotros los cuatro miembros del grupo. Al frente, John D. Cronise, con su aspecto de extra de ‘Me llamo Earl‘, a los flancos el otro guitarrista, Kyle Shutt, el más activo en cuanto a movimientos, y Bryan Richie, con su aplastante bajo y una colección de posturitas de lo más variada. Detrás, Santiago Vela repartía con gran intensidad. No es que la interacción con el público sea su fuerte, pero de algún modo, transmiten tanta intensidad en la ejecución como la que sale de sus respectivos instrumentos.

«Salimos con el cuerpo cosido a temazos y la osamenta dolorida como si nos hubiera pasado por encima un tractor de la América profunda»

Tras la ya mencionada intro, comenzaron a desgranar un setlist claramente protagonizado por los temas de su último disco, ‘Apocryphon‘, empezando por la monumental ‘Veil of Isis‘, y pasando por otras como ‘Cloak of feathers‘, ‘Dying Earth‘, ‘Age of Masters‘, para terminar cerrando con el tema que da título al trabajo. Tampoco faltaron algunas de sus referencias más clásicas, como ‘How heavy this axe‘, ‘Arrows in the dark‘, ‘Barael’s Blade‘ o ‘Freya‘, además de ‘Tres Brujas‘, uno de los hits de la noche en cuanto a respuesta del público se refiere. Y todo para la satisfacción de un público que se movía entre el shock y la entrega más absoluta.

Así pues, con el cuerpo cosido a temazos y la osamenta dolorida como si nos hubiera pasado por encima un tractor de la América profunda, salimos de la sala con la satisfacción del deber cumplido. Por un lado, por el descubrimiento de una banda que tiene que dar muchas alegrías a la parroquia local. Y por otro, por haber podido disfrutar de una banda internacional de referencia en el stoner rock/metal. Ojalá que sigan llegando.

Agradecemos como siempre la cesión de las imágenes que ilustran la crónica por parte de nuestro colaborador en estas lides, Reaktiu.

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