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Crónica y fotos del Falkenberg Rockfest en Suecia. ‘Vivir en un sueño’

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Amaranthe + H.E.A.T + Sonic Syndicate + Ablaze My Glory + Downtown Allstars
Lugar: Falkenberg, (Halland, Suecia)
Fecha: Sábado 29 de agosto
Fotografías: Wildgirlsins

Chocolate caliente y croissant en Bert’s. Desde que aterrizamos en el aeropuerto de Charles de Gaulle, en la escala de nuestro vuelo a Gotemburgo, nos sentimos en un cuento. Cualquier cosa parecía posible. Nuestros zapatitos de cristal pisaron Stortorget y rodamos nuestra maleta Playboy rosa año 1953 hasta el Grand Hotel. El puente Tullbron nos recibía y nos anticipaba el bosque. ¿Adónde vas Caperucita, con esa cestita? A Falkenberg Rockfest. ¿Sobrevivimos al cuento? Seguid leyendo.

Érase una vez un reino llamado Falkenberg, donde los bosques eran frondosos y los salmones y truchas chapoteaban en el río Ätran con la alegría de un muchachuelo enamorado. Los carros atravesaban con frenesí el Tullbron hacia las pedregosas calles, donde los habitantes deambulaban en las tabernas o en el mercado. Se respiraba felicidad.

Crónica y fotos del Falkenberg Rockfest
Sonic Syndicate durante su actuación en el Falkenberg Rockfest. Fotografía: Wildgirlsins

El nombre del reino de la felicidad se extendió por el mundo debido a dos grandes órdenes de caballería: Vains of Jenna y Sonic Syndicate. La primera había arrastrado sus pieles de leopardo a la tierra donde siempre brilla el sol, California, para agasajar con sus sucios mandobles, pero su primera espada, Lizzie Devine, había regresado al hogar antes de lo previsto, se había sumado a The Cruel Intentions, y ahora acudía de incógnito a la festividad de Falkenberg Rockfest. La segunda había combatido en su hemisferio durante 11 años y numerosas habían sido las bajas; la última de ellas, la tocadora de violones Karin Axelsson, pero se habían labrado un nombre en las batalla de Wacken y, en numerosas otras habían derramado océanos de sangre junto a los legendarios Amon Amarth, Soilwork y Dark Tranquility. Ahora acudían al Falkenberg Rockfest para exhibir el poder de sus espadas.

Era un sábado, 29 de agosto, cuando esto ocurrió. Los cielos habían permanecido nublados y todo presagiaba una tormenta épica, pero esto no amedrentaba a la intrépida Wildgirlsins. Había recorrido más de 2.800 kilómetros para relatar con exactitud la fiereza de los guerreros y cada marca de la batalla. Con su saco de piel de cordero avanzó por el puente de piedra y con paso decidido sobrepasó el cementerio. La música podría alterar las almas de los difuntos y hacerlas vagar, pero nunca quebrarían su ánimo, ni aunque laceraran su carne.

Pasó las escuelas y se detuvo a medio camino entre el bosque y la bolera. Le guió su audición élfica, pero fue su espíritu hobbit el que le permitió disfrutar del espectáculo. Instintivamente ubicó los puestos de viandas y los de bebidas, pero, también monje, se dirigió con sobriedad y se contuvo con la poderosa hidromiel.

Downtown AllStars se agitaban en el escenario pequeño con el desconcierto de quien improvisa su actuación. Aquella troupe de leñadores, que recordaban a unos Motorhead neófitos, cantaban en sueco y a Wildgirlsins no le extrañó que pudieran caer patas arriba en cualquier momento y enseñar las partes nobles o que el público se subiera al escenario a cantar con ellos y acabara en una trifulca. Según circulaba el alcohol y la audiencia se involucraba, le encontró más coherencia. Así habían debido ser las celebraciones vikingas.

«Sonic Syndicate fueron recibidos como si descendieran del mismo cielo en un carro tirado por unicornios (…) Nathan J.Biggs entonó himnos de guerra como Revolution Baby y Jack Of Diamonds»

Desempaquetando en la posada su material de escritura, había perdido la oportunidad de ver Ablaze My Sorrow, cuyo sonido le habían descrito como demoníaco. Quizá el destino había decidido que sólo contemplara a los seres celestiales.

Celestiales como Sonic Syndicate, pues fueron recibidos como si descendieran del mismo cielo en un carro tirado por unicornios. La cronista se acercó a primera línea para captar a los héroes y tuvo que apartarse en un par de ocasiones para que sus mandobles no la partieran por la mitad. De la caballería que había emprendido la aventura sólo había sobrevivido el tocador de laud Robin Sjunnesson y la lucha le había mellado tanto que apenas lo reconocía, comparándolo con aquel de 6 años atrás en Alicante. Ahora parecía que hubiese emergido a la faz de la Tierra después de bucear en sus entrañas en busca del Santo Grial. Lo reconoció por la fiereza inolvidable de sus ojos. Junto al violone Michael Brazen se agitaba por el escenario con la rapidez de la alucinación. El cantante Nathan J.Biggs entonó himnos de guerra como Revolution Baby y Jack Of Diamonds. Habría menguado su número, pero no su fuerza.

Crónica y fotos del Falkenberg Rockfest
H.E.A.T. durante su actuación en el Falkenberg Rockfest. Fotografía: Wildgirlsins

Wildgirlsins hidrató su garganta pues se acercaba el momento de reencontrarse con aquellos que había perseguido durante tres años y que alentaban las más secretas fantasías sobre el amor: la orden de H.E.A.T Esta vez supo que no se apartaría aunque le llovieran hachas. Despertaban en ella emociones parecidas a las de los hechizos, la hacían sentir sobrenatural y, una vez más, el éxtasis se apoderó de su mente y las imágenes se superpusieron, por lo que no supo qué sucedía antes o después.

Visualizó al caballero Erik Grönwall, sin cuerda y sin ayuda de su lacayo, escalando por la torre de su doncella y aún deteniéndose en el alfeizar para cantarle. Pequeño en tamaño, realizaba las mayores gestas, sólo con la fuerza de su temeridad. Tampoco le sugirió menos el caballero Crash, quien pareció trotar sin silla, a lomos de un caballo salvaje, a pecho descubierto y con el cabello al viento, con su evocador ritmo a los tambores, en la que calificó como una de sus mejores actuaciones. Como un ciclón, para demostrar su valía a su dama, Sir Jimmy Jay, sacudió su violone de extremo a extremo de las tablas, lo alzó hacia los cielos, y luego se hincó de hinojos para recibir la recompensa, besar la mano de su señora.

No estuvieron tan brillantes en esta noche los caballeros de su corazón, Sir Jona Tee y Sir Eric Rivers. El guardián del salterio, Sir Jona Tee, vaciló y estuvo a punto de despeñarse escalando hacia las almenas del castillo cuando en vez de con Emergency, comenzó con las primeras notas de Enemy In Me. Sin embargo, lo compensó mostrándose creativo en Breaking The Silence, alteraciones de la melodía que nuestra cronista disfrutó.

El caballero Lancelot del Norte, Sir Eric Rivers, se mantuvo sobrio, aunque intentara embriagar a Jimmy Jay y metiera un laúd más ácido al principio de Emergency. Como aquel que oculta el secreto de una gran maldición que le retiene el alma, tocó el laúd de manera correcta, pero no la emocionó, no vió en él al héroe de leyenda. Wildgirlsins creyó ver rastros de cansancio en su bello rostro cuando se acercó a saludarlo. ¿Sería el prohibido amor hacia Ginebra, que lo consumía?

«Elize fue evocadora y de una poderosa delicadeza (…) fue perfectamente arropada por las voces masculinas, sin embargo, de nuevo le enturbió el alma que utilizaran la magia para replicar el sonido de un salterio, en vez de tocarlo en directo»

Consumida debía encontrarse la princesa Elize de Amaranthe con las atenciones de dos caballeros, a cada cuál más apuesto ─el gigante vikingo Jake E y el novel efebo Alexander Strandell, ex Diamond Dawn y Art Nation─ y por ninguno de los cuales pudo decidirse.

De espíritu independiente, no vestía como una princesa al uso: lucía un mono de cuero y botas de montar, pero tanto su rostro como su cabello y su voz eran dulces y tiernos como los de un ángel. Nuestra cronista la había visto en Bilbao y había enamorado a los hombres como una hechicera.

Habían revelado los heraldos que sólo hasta el 2 de octubre recorrerían los reinos de este continente para cantar en directo, pues el 29 atravesarían los océanos junto a Butcher Babies. Mas no sintió en su actuación la despedida. Elize fue evocadora y de una poderosa delicadeza como Kate Bush en Wuthering Heights y fue perfectamente arropada por las voces masculinas, sin embargo, de nuevo le enturbió el alma que utilizaran la magia para replicar el sonido de un salterio, en vez de tocarlo en directo.

Poco importaba que el hechizo lo hubiera hecho el mismo Merlín. Wildgirlsins se alejó del campamento para ordenar en su mente las emociones, tan intensas que se ramificaban por su cuerpo. A lo lejos avistó a Sir Jimmy Jay y corrió a sus brazos. Poco importaba mancharle con el polvo del camino cuando el maternal amor lo impregnaba todo. Añadió otra sonrisa a las que le había brindado desde el escenario. Había amor recíproco.

Crónica y fotos del Falkenberg Rockfest
Amaranthe durante su actuación en el Falkenberg Rockfest. Fotografía:

Agotada, se sentó en el suelo. Aún no podía regresar a la posada, pues su corazón latía demasiado deprisa como para permitirle penetrar en el reino de Morfeo y aún latió todavía más cuando vio acercarse al caballero Lancelot.

_¿En verdad sois vos, Sir Eric Rivers?-exclamó sin poder salir de su asombro, pues no lo reconocía en la semioscuridad, con el cabello recogido y ropa de viaje.

No respondió, por lo que nuestra cronista comenzó a hablar aceleradamente y rescató de su bolsa un pequeño muñeco que había modelado durante semanas y había extraviado en Pratteln.

_Es un muñeco mágico, con sentimientos, que os protegerá. Sois vos. Una versión pervertida por el dolor de vuestra ausencia y que deberéis reeducar en el hogar, pues no conseguí enmendarlo.

Por primera vez en la noche, el caballero sonrió.

─¿Afirmais pues, que es más civilizado el original?-exclamó.

_Lo afirmo, mi Señor.

Lo investigó con sus dedos: sus zapatos, sus calzas, su larga melena y pareció complacido. Al momento, señaló con frialdad cadavérica:

_He de partir. La princesa Elize me espera.

Lo vió partir, con la majestuosidad del espectro en el cementerio y contuvo un suspiro.

La luna estaba llena y su corazón, vacío, pero,de repente, vio una estrella y todo cambió.

La hermosa muchacha se llamaba Estela y había venido desde mucho más lejos que ella a ver a la orden de H.E.A.T y esperaba un saludo o, al menos, una palabra, y no pensaba irse sin él.

Aguardaron y aguardaron y cuando la espera se hizo pesada como una losa, a pesar de la amena conversación, pues el tiempo pasa más despacio para el resto de los humanos que para los suecos, caminaron alegremente de regreso, pues conocieron que se hospedaban en la misma posada.

Mas la noche era tan niña que decidieron ir a la taberna de rock Downtown, que se encontraba en la calle de enfrente. Allí tropezaron con la sección del mástil de Sonic Syndicate, que se mostraron solícitos como los gentilhombres que eran. En las distancias cortas, los ojos de Robin rasgaban como la espada de un sumerio y se preguntó porqué le hablaba en su idioma natal, si no lo había hablado en toda la noche. Recordó entonces el efecto de la luna en las de su signo: la noche había sido un gran sueño en el que todo podía suceder. Sonó Burning Heart de Survivor, una de sus canciones favoritas.

El sueño no acabó al despertar: se asomó a la ventana y envió un beso para proteger a aquellos a los que amaba y dormían en la planta de abajo. Podía irse de Falkenberg, pero Falkenberg viajaría siempre con ella. En Falkenberg se respiraba felicidad y la llevaba toda en sus pulmones.


ENGLISH VERSION

Hot chocolate and a croissant in Bert’s. Since we landed in the airport of Charles de Gaulle, in the stop to our flight to Gothenburg, we felt as living in a fairy tale. Everything seemed possible. Our crystal shoes walked over Stortorget and we rolled our 1953 year pink Playboy luggage towards Tullbron bridge, which welcomed us and anticipated the forest. Where are you going, little Red Hood, with that gasket? To Falkenberg Rockfest. Did we survive the dream? Keep on reading.

Once upon a time there was a Kingdom called Falkenberg, where the forests where lushy and the salmons and trouts splashed in the Ätran river with the bubliness of a young lover. The carriage were driven with frenzy through Tullbron towards the stony streets, where the inhabitants wandered in the taverns or in the markets. Happiness was in the air.

The name of the Kingdom of Happiness was spread around the world by two great orders of cavalry: Vains of Jenna and Sonic Syndicate. The first one had dragged their leopard skins to the land where the sun always shines, California, to lavish their sleazy two─handed blow on them, but their first swordman, Lizzie Devine, had returned home before time, had joined The Cruel Intentions, and now was in disguise in the festivity of Falkenberg Rockfest. The second had fought in their hemisphere for 11 years and great had been the loss; the last one, of the double bass player Karin Axelsson, but they had made themselves a name in the battle of Wacken and, in many others, they’d spilt oceans of blood next to the legendary Amon Amarth, Soilwork and Dark Tranquility. Now they were coming to the Falkenberg Rockfest to show the power of their swords.

It was Saturday, 29th August, when this happened. The skies were cloudy and everything indicated an epic storm, but this didn’t frighten the dauntless Wildgirlsins. She had travelled more than 2800 kilometres to illustrate word by word the fierceness of the warriors and to outstand every spot of the battle. With her lamb bag on the shoulder she walked through the stone bridge and left behind the cemetery without looking back. Music could awake the souls of the dead and make them wander, but that would never unquieten her, even if they lacerated her flesh.

She moved forward, passed over the school and stopped between the forest and the bowling. Her elfish hearing guided her, but it was her hobbit spirit which allowed her to enjoy the show. Trusting her gut, she placed the eating and drinking places but also a monk, she restrained herself with the irresistible mead.

Downtown AllStars handled themselves in the small stage with the chaos of those who improvise. That troupe of lumberjacks, who brang to mind early Motorhead, sang in Swedish and Wildgirlsins wouldn’t had found it strange that they could have fell upside down and show their Jewels of the crown or that the audience would had gone up the stage to sing with them and that all will end in a brawl. As the alcohol began to roll and the audience, to join, she began to understand. That’s the way the Viking celebrations must have been.

Unpacking her writing material, she had lost the opportunity of seeing Ablaze My Sorrow, which music had been described to her as “diabolic”. Maybe destiny had decided that she was just to see celestial creatures.

Celestial as Sonic Syndicate, because they were welcomed as if they were coming down from the same heaven in a carriage led by unicorns. The historian reached the first row to catch the heroes and had to turn away several times so that their sword thrust wouldn’t cut her in half. From the cavalry that had started the journey only survived the lute player Robin Sjunnesson and the fight had harmed him so much that she hardly knew him, comparing him to the one she had met 6 years ago in Alicante. He seemed as he had emerged to the Earth after having been diving in its entrails, looking for the Holy Grail. She recognized him by the unforgettable fierceness of his eyes. With the double bass player Michael Brazen he shaked from side to side of the stage with the velocity o f an hallucination. The singer Nathan J.Biggs sang war songs like Revolution Baby and Jack Of Diamonds. They might decreasened in number but never in stage presence.

Wildgirlsins moistened her throat as it was coming nearer the moment of meeting again those she has being chasing for three years and that encouraged her most secret fantasies about love: the order of H.E.A.T This time she knew she wouldn’t walk away even if they were throwing axes. They awakened in her emotions similar to spells, they made her feel supernatural and, once more, the ecstasy possesed her mind and the images superimposed, so she couldn’t tell what happened before or after.

She visualised knight Erik Grönwall, with no rope and without the help of his squire, climbing the tower of his maiden and even stopping in the sill to sing. Small in size, he made the biggest heroic deeds, just because he was reckless. No less suggestive was the knight Crash, who, with his evokative rhythm on the drums, seemed to ride at a gallop with no saddle on the back of a wild horse, without shirt and the hair on the loose. She marked it as one of his best performances. Like a cyclone, to prove his skills to his lady, Sir Jimmy Jay, shaked his double bass from side to side, he lifted it to Heavens and then bent on his knees to be rewarded by kissing the hand of his Madam.

There weren’t so brilliant the knights of her heart, Sir Jona Tee and Sir Eric Rivers. The guardian of the psaltery, Sir Jona Tee, hesitated and was in the point of falling off the crennels of the castle when instead of with the first notes of Emergency, he went for the first of Enemy In Me. Even so, he compensated it being more creative in Breaking The Silence, and the changes in the melody were enjoyed by our historian.

The knight Lancelot of the North, Sir Eric Rivers, kept restrained, though he tried to make Jimmy Jay drunk and played more acid notes for the beginning of Emergency. Like the one who hides the secret of a big damnation that holds his soul, he played the lute with correction, but he didn’t move her, she didn’t see the legendary hero. Wildgirlsins seemed to notice traces of tiredness in his beautiful face when she reached him. Could it be the forbidden love for Guinevere, that was consuming him?

Princess Elize of Amaranthe should be the one to be consumed, considering she was courted by two very handsome noblemen─the viking giant Jake E and the new teenager Alexander Strandell, ex Diamond Dawn and Art Nation─ and being unable of making up her mind.

Of independent spirit, she wouldn’t dress like the common princess: she was wearing a leather monosuit and riding boots, but her face as well as her hair and voice were sweet and tender as the ones of an angel. Our historian has seen her in Bilbao and she has made all the men head over heels in love like a witch.

The heralds had reported that only until 2nd October they’d tour the kingdoms of this continent, because on the 29th they’d cross the oceans with Butcher Babies. But she didn’t feel it as a farewell. Elize was evokative and with the powerful delicacy of Kate Bush in Wuthering Heights and was perfectly tucked in by the male voices. Still, again her soul was tormented because they had to use magic to replicate the sound of the psaltery, instead of playing it live. Wouldn’t care less that the charm was made by the same Merlin.

Wildgirlsins left the square to put in order her emotions, so intense that ramified through her body. In the distance she saw Sir Jimmy Jay and ran to his lap. Making him dirty with the dust of the way was unimportant when the maternal love coated all. He added another smile to the ones he had shared from the stage. There was mutual love.

Exhausted, she seated on the floor. She couldn’t go back to the inn, because her heart was racing and that wouldn’t allow him to enter the kingdom of Morpheus. Even racied faster when the knight Lancellot reached her.

_Is it actually you, Sir Eric Rivers?-she exclaimed, unable of believing his eyes, because she couldn’t tell in the dark, with his hair in a bun and with travel clothes.

He wouldn’t answer, but our historian started to talk fast and rescued from her bag the little doll she had been making for weeks and had lost in Pratteln.

_It’s a magic doll, with feelings, he would protect you. It’s you. A version perverted by the pain of being separated from you and that you should reeducate at home, because I couldn’t reeducate it myself.

For the first time, the knight smiled.

─Do you afirm that the original is more civilized? -he wondered.
_But of course, My Lord.

He investigated it with his fingers: his shoes, his breaches, his long hair and he seemed pleased. However, unexpectedly, with a coldness of the grave, he said:

_I must leave. The Princess Elize is waiting.

She watched him go, with the majesty of a spectre in the cemetery and held a sigh. The moon was full and her heart, empty, but, all of a sudden, she saw a star and everything changed. The beautiful woman was called Estela and came from farther than her to see the order of H.E.A.T and she was waiting for a greeting or, at least, for one word, and she wouldn’t leave without any of those.

So they waited and they waited.

When the waiting was unbearable, though the nice conversation, ─as the time goes slower for the rest of human beings compared to Swedish─, they walked happily back to the inn, as they knew they were staying in the same one.

As the night was too young, they decided to go to the rock tavern Downtown, that was in the opposite street. There, they came accross the axe section of Sonic Syndicate, who show themselves caring as the gentlemen they were. In the short distance, the eyes of Robin cutted like the blade of a Summerian and she wondered why did he talk to her in her language, if she hadn’t talk in that language in the whole night. Then he remembered the effect of the full moon on the ones of her sign: the night has been a beautiful dream in which anything could happen. So there came Burning Heart of Survivor, one of her favourite songs.

The dream didn’t end when she woke up: she opened the window and blew a kiss to protect those who she loved and that dreamt in the floor below. She could leave Falkenberg, but Falkenber will always travel with her. In Falkenberg happiness was in the air and she had it all in her lungs.

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