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El Brutal Death Metal made in Euskadi está de enhorabuena, el sello New Standard Elite ha sido el encargado de editar esta brillante producción de Virulency, una de las bandas vascas con más altas expectativas, y que ha sido toda una sorpresa para la crítica.

Entre lamentos y avisos de que se avecina una catarsis, unos golpes secos de bombo introducen una de las bestialidades más extremas del genero que se haya podido escuchar en lo que va de año. ‘Myriapod Constructology – Part I – The Inception‘ entra veloz y causando estragos. La demoledora rítmica de Virulency queda latente a los pocos segundos de empezar a rodar. Una total manifestación de poder y enfermedad. Como digo, este tema lo conforman estrofas de velocidad extrema y caos ordenado, medios tiempos milimétricos que dan el justo respiro para no morir intoxicado y aumentos momentáneos de velocidad todavía más estremecedora. Un constante “todavía más” para empezar el disco. Y es que cuando crees que ya no se puede sumar la intensidad del doble pedal, o ser más inaudito el atronador riff de las cuerdas, van ellos y te lo cascan. No miento si digo que la pausa entre el primer y segundo tema es como un soplo de paz, solo un leve descanso, pues en la misma linea de bits continua una segunda parte, la titulada ‘Myriapod Constructology – Part II – Absolute Zenith‘, igual de atronadora, aunque algo más adornada por armónicos chirriantes y acordes disarmónicos. Después de otro minuto abrasivo, llega el corte al medio tiempo cargado de ese groove que balancea tu cuello y que tanto gustito da. Eso sí, dan poca tregua, enseguida vuelven las escalas infernales tanto a las 6 como a las 4 cuerdas, y a una velocidad totalmente sobrehumana. Con ‘Immeasurable Gigantomastic Phenomenology‘ no bajan la velocidad ni los gruñidos. El uso del medio tiempo llega de nuevo tras el primer minuto, esta vez más extenso, y evita que el doble pedal de Rubensick, su batería, no lastime nuestros inocentes tímpanos.

A poco de entrar en el ecuador del disco, estoy convencido de que tal barbaridad podría haber demolido el estudio de grabación, que por cierto, se grabó magistralmente en los Tempus Studios de Toledo por Asier Badiola. Y a pesar de los enrevesados riffs, las subidas y bajadas en las escalas, los cambios impredecibles en las percusiones y esa velocidad que acaba por atormentarte, llaman mucho la atención la calidad y limpieza con la que suena este trabajo. Añadiría también que las comparaciones son odiosas, pero llegados a este punto, el sonido de este ‘The Anthropodermic Manuscript of Retribution‘ podría atribuírsele a cualquier banda americana de proyección internacional.

Entramos en ‘Concupiscent Succubus Disturbance‘, su cuarto corte en el que los blast beats entran tal y como nos tienen acostumbrados, totalmente enfermizos y arrasando por donde pasan. A estos, les siguen un bajo ejecutador de escalas que destacan y las voces de J., a medio camino entre la matanza de un cochino y un gusano alienígena emitiendo alaridos de muerte. Y ahora por fin, las pequeñas referencias al slam que tienen los de Euskadi, sí que se muestran aquí, en este cuarto corte, quizá el favorito para los que aprecian el recurso del groove entre bruta putrefacción a 300 km por hora e incesantes golpes de martillo en la yugular.

Llegamos ahora a ‘… From Putrescible To Perpetual‘, con unos armónicos que desgarran y rompen, otros que acompañan a la perfección, y por supuesto, más velocidad y más machaque. Sin duda, deleitarte con este disco tiene un coste alto de células en tu cerebro, avisados estáis. Con una media de unos 3 minutos y medio por descarga, ‘Mephistophelian Æsthetic Eroticism‘ contiene quizá el medio tiempo más lento de todo el disco, pero no por ello la descarga menos violenta. De hecho, su corte final en seco te deja frío, helado ante un arsenal de blast beats y contundencia. ‘Beyond The Ablated Clitoral Organs‘ se enmarca entre escalas caóticas y diabólicas, lineas de bajo que fluyen y que denotan un control muy sofisticado en la técnica, y si nos fijamos en las letras, también encontraremos creatividad y talento, sin salirnos de los cánones del estilo pero siempre buscando el impacto. Y creo que a fin de cuentas, esa es una de las premisas de este disco, el impacto y la brutalidad.

Con ‘Sculptured Didelphic Uterus‘, tema que da fin a este colapso, tampoco se andan con tonterías. Aquí no hay perdida de intensidad, ni una bajada lógica tan siquiera llegando al final, solo destrucción masiva en el bombo/clap y repentinas inclusiones de medios tiempos y dobles bombos llevados al extremo, toda una carnicería preparada para cortar en seco y llevarnos a un pasaje ahora sí, de despedida y cierre. A modo de outro, muy en la onda de unos Godflesh que le dan ese posible toque industrial, mecánico e inesperado, se despiden con esta guinda que nos aporta el merecido relax tras una de las audiciones más técnicas, intensas, brutas y virulentas que puedas escuchar en este 2016. Poco más que decir, ahora es todo vuestro, así que agarraos a lo que podáis. Cabe nombrar también a Sasha Borovykh de Tsun Tsun Productions, que ha estado detrás de la mezcla y la masterización y por otro lado, a Daemorph como autor del diseño del disco e ilustración de su portada. Totalmente acorde con su enfermizo sonido.

Lo mejor

  • Demuestran una gran evolución compositiva, también en cuanto a brutalidad, sonido y producción respecto a sus anteriores publicaciones. Y por supuesto, en cuanto a técnica en la velocidad.

Lo peor

  • Para mi gusto, y esto es totalmente subjetivo, echo de menos algo más de groove y más partes a medio tiempo, tal y como ofrecieron en su anterior MCD, pero para los amantes de la velocidad sin mesura, este disco tiene que ser el acabose. De todas formas, haber apostado más por la velocidad que por los derroteros del slam, es decisión de la banda, una decisión totalmente respetable, y que sin ninguna duda, han sabido ejecutar a la perfección.

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