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Messa ‘Belfry’

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Hay opiniones diferentes para cualquier tema que se te ocurra abordar. Eso es indudable. En el mundo de la música, no es extraño encontrarse a personas que opinan que todo tiempo pasado fue mejor. Que ya no se inventa nada. Que todos los grupos son refritos de grupos anteriores, o en los casos más sangrantes, plagio directo de sus contemporáneos… y demás argumentos, que en muchas ocasiones, no están faltos de verdad.

Yo, por el contrario, soy de la opinión opuesta. Me resulta imposible acabar un año sin haber descubierto grupos y discos que no me hayan cautivado, y que no me hayan abierto nuevas puertas. Siempre ando más pendiente de lo que me puedan ofrecer los grupos actuales, que regresando insaciablemente a los “clásicos”, cosa que dicho sea de paso, no dejo de hacer en la medida de lo que puedo. Pero siempre pienso que los grandes discos de hoy, son los clásicos del futuro, e intento descubrirlos y disfrutarlos en “tiempo real”.

También tiene su peso – y es que sólo se es adolescente una vez – los vínculos que estableces con algunos discos en cierta etapa de tu vida. Es algo que no se va a volver a producir. Pero eso no es una cuestión de que la música haya ido a peor o a mejor con el paso de los años, si no que se debe, a que el que ha cambiado eres tú y tu capacidad y necesidades a la hora de relacionarte con la música han cambiado contigo. Mucho ha cambiado en pocos años, y el acceso a miles de grupos en pocos segundos, ha hecho que sea más fácil encontrar música insulsa, pero también, el poder descubrir bandas y géneros de una forma que hace veinticinco años era impensable.

¿Y a qué viene todo este tostón? Pues viene al caso de que aquí y ahora vamos a diseccionar una de esas bandas y de esos discos, que otro año más, me sorprenden y alimentan mi ansia de seguir rebuscando nuevos nombres y nuevos álbumes a medida que la vida me va metiendo años en la mochila.

Ellos se llaman Messa y vienen de Cittadella (Padua). Se formaron en el año 2.014 y en este 2.016, acaban de presentar su álbum de debut, ‘Belfry‘, a través del sello Aural Music Records.

Estamos hablando de una historia de “amor a primera escucha”, ya que nada más terminar de escuchar por primera vez su tema ‘Blood‘, no pude más que pinchármelo media decena de veces más. No recuerdo exactamente que mecanismos se activaron en mi, para que entre muchas otras canciones que uno se tropieza a diario en Internet, decidiese en ese preciso instante reproducir este tema y no otro. Tiene algo especial, que me hechizo al instante. A lo mejor es la voz de Sara, su vocalista, o la enigmática y escalofriante sonoridad que Mark Sade (guitarra y bajo), Alberto (guitarra) y Mistyr (batería) extraen de sus instrumentos. O es todo el conjunto. Pero claro, un tema inspirado, no es un álbum completo. Así que habría que escucharlos a fondo cuando dispusiéramos de todo el material…

¿Y qué nos hemos encontrado?

Una vez que las primeras notas de la instrumental ‘Alba‘ empiezan a sonar, y no miento si digo que no necesite mucho más, ya sabía que me estaba enfrentando a uno de mis favoritos del año. Cousa das meigas.

Desde los compases iniciales de ‘Alba‘, son capaces de inundarnos de su espíritu misterioso y arcaico. Guitarras con con muchísimo delay, distorsionadas, y voces rituales, consiguen un clima realmente agradable e incomodo al unísono. Te enfrentas a algo inquietante y hermoso a la vez… este río subterráneo de guitarras distorsionadas y ecos ancestrales cae como una cascada cuando comienza ‘Babalon‘, con un riff hijo de Iommi. El sonido cavernoso de la guitarra y el frío y metálico de la batería. El bajo distorsionado. Sara que nos embruja con su canto de sirena, interpretado casi a capella durante muchos tramos de la canción. Con un magistral instinto para manejar el minimalismo sonoro, y darle un valor especialmente intenso al silencio. Doom ocultista y elegante. Maravilloso.

La pequeña liturgia de ‘Fårö‘ da paso a ‘Hour of the wolf‘, que comienza con ese tono solemne e íntimo que se sucede a lo largo de muchos tramos del álbum. La voz desnuda de Sara te seduce, envuelta tan solo en acordes de guitarra que revolotean a su alrededor y que se van haciendo más numerosos, a medida que ella avanza en su cometido. De golpe y porrazo, se arranca la piel de cordero y se transforma en el lobo del título. Una bestia alimentada de heavy metal clásico, intenso y poderoso, que acaba devorándonos con un solo de guitarra dignísimo, de menear la melena al tiempo que practicas air-guitar.

Una guitarra con un toque más nefasto y fúnebre, robada de un western, nos recoge en la mentada ‘Blood‘. Entra en escena un gigantesco riff que nos abrasa. Lo abrasa todo. Sara, de nuevo, aparece inmensa, sobre un horizonte de guitarras. La sacerdotisa ataviada con un manto de distorsión, nos lleva por imponentes parajes, pasto de los rayos del Astro Rey. En una encrucijada nos dice que la esperemos, y mientras aguardamos, nos entretenemos observando como le hacen mil diabluras a un saxofón descarriado. Terminan todo con un subidón de intensidad salvaje, con la sección rítmica a tope, mientras seguimos oyendo al fondo, de forma intermitente, los últimos estertores del instrumento de viento. Bestial.

Tomba‘ es otro paseo por la banda sonora de unas catacumbas que no han visto a ser humano desde hace algún que otro milenio.

Desde luego la capacidad cinematográfica de estas canciones, y la habilidad de la banda para generar imágenes y lugares en tu mente, es portentosa e ilimitada, siendo éste unos de los puntos más fuertes del álbum.

New horns‘ nos asalta de nuevo a base de riffs monolíticos y gruesos. Y un ritmo bastante cercano al heavy más clásico, nuevamente. Las guitarras se hacen las absolutas protagonistas de la segunda parte del tema, rayando otra vez a gran nivel, y sabiendo aprovechar ese sonidos característico que le han sabido dar a lo largo de todo la obra.

Bell tower‘ supone el último corte de cariz instrumental que nos encontramos, consiguiendo nuevamente un carácter cinematográfico muy marcado, que hacen parecer a estas piezas, como si fueran pertenecientes a la banda sonora de alguna película de ese subgénero conocido como giallo, que su país creó y exportó al resto del mundo.

Con ‘Outemost‘ vuelven los riffs de lento caminar. Podemos decir que es posible que este tema sea el que cumple con los cánones del doom de forma más ortodoxa: se arrastra a lo largo de nueve minutos, de forma contundente, y la forma de afrontar los diferentes apartados instrumentales y vocales son habituales en el género. Pero no por ello deja de tener gancho. Otro buen tema para el saco.

Confess‘ cierra este increíble trabajo de debut. Un tema acústico, que para mi gusto, si fuese un pelín más lenta su interpretación, sería perfecto. Aún así, consigue mantener el nivel, y te la imaginas interpretada en un deprimente local en medio de ninguna parte, donde su clientela, ahogada en una penumbra malsana, se afana cada noche, sin éxito, en ahogar sus fantasmas en alcohol.

Y se acabó. Lo cual no es malo, porque así te lo puedes poner otra vez.
Casi una hora de occult doom, muy personal en cuanto a sonido y estructuración.
Las posibles comparaciones que les puedan caer con Windhand o Jex thoth, sin ser desacertadas, si uno escucha con atención, verá que son eso, tan solo similitudes, pero que Messa ha conseguido algo bastante propio, para ser un primer álbum.

Un verdadero soplo de aire fresco. No era cosa de una canción. Este disco es muy grande.

LO MEJOR

  • El sonido conseguido.
  • Álbum inspiradísimo en casi todos sus aspectos.
  • Propuesta característica y reconocible.

LO PEOR

  • Lo peor es para ellos, que se han puesto un listón altísimo de cara a su segundo álbum.

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