Segundo disparo

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Tres mil almas a oscuras y una única luz alumbrando la cabeza del chaman de la tribu. El escenario principal del Roadburn tomado, al tiempo que las sombras silbaban el replicar iniciático de Boden-Spijt, el primero de los templos que Amenra edificaría para nosotros, aquel glorioso día de primavera. Como si de un rito ancestral se tratase, el tintineo iría envolviendo la dependencia, llevándonos a los tiempos en los que los hombres grababan runas en piedra e invocaban dioses paganos. Sin remisión hasta la raíz misma, de nuestra propia existencia como seres humanos. Hasta la misma base, de todo lo que un día fuimos, y de todo lo que algún día dejaremos de ser.

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