Pain 'Coming Home'

Pain ‘Coming Home’

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email

Un viejo conocido de la escena metalera, un nombre ilustre en nuestro género, el responsable de la producción de algunos de los álbumes de cabecera de muchos de nosotros, un trabajador incansable… Cuando el nombre de Peter Tägtgren sale a la palestra es difícil definirlo. En esta ocasión el sueco vuelve a la actualidad musical con su proyecto lleno de elementos electrónicos y orquestaciones PAIN. Esta es la octava entrega y llega en el marco del 20 aniversario desde que conocemos esta faceta del líder de Hypocrisy.

Encerrado en sus estudios The Abyss, Peter Tägtgren tira de experimentación y originalidad para sacar una obra ecléctica, diferente, pero a la vez coherente con los trabajos anteriores. Este álbum tiene de todo en dosis muy bien medidas, es contundente cuando lo necesita, es extremadamente melódico hasta llevarte a tu lado más emocional, es épico, es macarra, es fiestero, es rockero… En definitiva, es una montaña rusa de emociones que logra que se te erice el vello de todo tu cuerpo en varias ocasiones.

Lo tengo que explicar bien porque si no va a parecer que me he vuelto loco… Este disco es una fábrica de singles que funcionarán muy bien en directo, pero a la vez tiene un pequeño almacén para el I+D donde fabrican productos menos aptos para todos los públicos. Es un disco accesible, de eso no hay duda, es fácil, con la fórmula del rock de toda la vida, con melodías con mucho gancho que te atrapan enseguida, los dos adelantos son una muestra más que evidente de este hecho. Con ‘Call Me‘ y ‘Black Knight Satellite‘ el genio sueco quiere que cantes sus estribillos a pleno pulmón. Pero por otro lado, Tägtgren empieza el álbum llevándote a un desierto del oeste americano y ahí empieza el rock, el macarreo con su toque personal, su fórmula: engancharte con un riff rápido y soltarte toda su épica al final, para que ya vayas enchufado hacia el single. Ya te tiene donde quería, ahora sólo tienes que rendirte y tararear la vida de un gigoló. Tú, el metalero de pro, te descubres gritando Caaall Meee sin darte ni cuenta. Lo que tiene de especial este álbum es que te genera un síndrome de Estocolmo irrefrenable. Sabes que te está secuestrando, que ese parón, ese sampler, ese corte… está puesto ahí para mantenerte en su trampa. Sabes que no está bien pero tu te quedas con el secuestrador y le acabas adorando y ayudando a mantenerte encerrado.

Y para este cometido el sonido tenía que ser limpio, que no te descentres por no entender algo. Las guitarras quedan definidas, los samplers y los elementos orquestales corretean por la mezcla para estar siempre al servicio de la canción y la batería mantiene el pulso de la música. Eso hace que se balancee muy bien el sonido. La producción de éste álbum es, de lejos, la mejor que ha recibido un álbum de PAIN hasta la fecha. Se ha hecho un buen trabajo con todo el concepto que rodea a este lanzamiento tanto en el artwork como en la selección del tracklist y esto hace que la experiencia con su escucha sea casi perfecta.

En definitiva, es un disco que te da lo que necesitas en cada momento, sin llegar a ser muy previsible, y con una fórmula muy agradecida para el oído que logra mantener tu atención en los 40 minutos que dura la obra.

Para fans de: Rob Zombie, Rammstein, Fear Factory.

Lo mejor

  • La producción muy bien resuelta
  • La elección del tracklist

Lo peoor

  • Seguramente haya partes en la sección vocal que Peter Tägtren sufrirá para reproducir en directo.

PUBLICIDAD

También te puede interesar...

Comentarios