Winger con Fiona en el Borderline de Londres

Winger con Fiona en el Borderline de Londres «Nos quedamos con ganas de más, Kip»

Winger con Fiona en el Borderline de Londres

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Lugar: The Borderline, Londres
Fecha: Sábado 17 de septiembre, 19:00
Evento Anual 5 Año

Recordamos a Winger por ese debut de 1988, pura energía sexual en directo y baladas para convertir a duros rockeros en coulant. Winger es el vecino que nos hubiera gustado tener, ese que, recién salido de la ducha, nos diera sal. Cuando se cumplen casi 30 años de ese disco, ¿el de Denver aguanta bien sobre las tablas o hay que reforzarle el parqué? En La Estadea siempre hemos creído que un buen directo sólo se consigue con carne de calidad y el norteamericano ofreció muslo, pechuga y alas extra. Ya no tiene 27 años, pero a nosotros nos vale.

Cuando sabes que un evento lleva celebrándose 5 años, esperas lo mejor; como mínimo, una asistencia abundante y entregada. Cuando se celebra en Borderline, donde hemos visto desde clasicazos como Jefferson Airplane a ascendentes como H.E.A.T, esperas lo mejor; como mínimo, una buena atmósfera. Para nosotros, esta era nuestra tercera cita con Kip, la segunda en Reino Unido. En la primera, en 2006, en España, con la banda, y si bien nos gustó, notamos cierta distancia emocional y falta de dinamismo. En la segunda, en 2013, en el festival HRH AOR 2, en acústico, con sólo él, a la guitarra y sentado en plan abuelete, nos sumimos en el letargo más profundo. ¿El Winger más vibrante había alcanzado el más allá? Esta vez, por si acaso, también por si algún integrante de la audiencia se descomponía – ya que iban por la cincuentena- nos trajimos nuestro set de espiritismo. Sin embargo, en cuanto Fiona saltó sobre el escenario, nos sentimos como nunca en el mundo de los vivos.

Pese a que necesita más ensayos y rodar más, la señorita Flanagan nos trasladó a su magnético personaje de Miami Vice, una fierecilla encantadora, engarzada con su amiguete, con el que comparte tipo de energía. Simpática, desenvuelta, ingenua y saltarina, y perfecta canalizadora de las emociones a través de la voz y de los gestos, nos arrastró por sus amores y sus desamores – porque, como señaló, ¿sobre qué otra cosa se puede cantar? -: por canciones sobre un ex novio al que esperaba sentada en la ventana mientras que él estaba en el bar, éxitos producidos por su ex marido, o temas para películas. Recuperó ese estilo ochentero de concierto íntimo que tanto añorábamos, con unos coros perfectos. Se movió en la línea de Robin Beck, -comenzando también el show con las gafas de sol puestas -pero más dicharachera. Entre otros, disfrutamos con ‘Love Makes You Blind‘, ‘Mad In Love‘ y ‘Talk To Me‘. Treinta y cinco minutos que nos sirvieron de aperitivo si es cierto, -como comentó en petit comité-, que está componiendo un nuevo disco y que girará.

Como guinda del pastel, Jorge Salán a la guitarra.

HAMBRIENTOS DE WINGER

No más de 15 minutos después se lanzó Winger, acompañado por un percusionista y -como le comentamos después y nos aceptó con humor- dio un vuelco en viveza y en esencia al último acústico en el que estuvimos. Sus canciones de Winger y de In The Heart Of The Young, con su energía, de emociones tan primitivas, necesitaban ese apoyo rítmico. De hecho, estuvimos bailando descalzos durante la mayoría del concierto.

No hubo distancias emocionales: nos sentimos en el pub, entre amigos; disfrutando de cervezas que iban y venían, cantando, pidiendo canciones y diciendo burradas mientras que Kip saludaba a las caras que iba reconociendo y reprendía a los traviesos. Para ‘Miles Away‘ dio un paso más; un dueto con un fan. Bromeando, le pidió que no le mirara a los ojos, quizá también porque esa noche le acompañaba su mujer y no querría tener que dar explicaciones sobre acaramelamientos excesivos.

En este ambiente de colegueo no faltaron las llamadas telefónicas, entre ellas, a dos grandes amigos y compañeros, Reb Beach y Alan Parsons, pero tuvo que conformarse con los contestadores y que el público les grabara abucheos. Asimismo, el set list lo decidió las peticiones, las limitaciones de la guitarra escogida y el no ser Reb Beach, como Kip destacó: disfrutamos, entre otras, de ‘Can’t Get Enough‘, ‘Madaleine‘, ‘Hungry‘ y ‘Easy Come Easy Go‘. California, -uno de sus temas en solitario, de su disco From The Moon To The Sun (2008)- que, a lo largo de su carrera, le habían pedido en muchas ocasiones, fue tocada por primera vez. Otro regalito para coronar una noche mágica.

No faltaron las colaboraciones con Fiona, que subió en dos ocasiones, una para cantar, compartiendo micrófono, ‘Everything You Do (You’re Sexing Me)‘, y con Salán -al que llamaba cariñosamente George-, que subió en una ocasión, como guitarra extra. Y, sin embargo, destacaríamos como momentos cumbre ‘Seventeen‘ y ‘Headed For A Heartbreak‘.

Con el humor que le caracterizó durante toda la velada -en la que bromeó sobre la incapacidad de cantar sin su omnipresente chicle, sobre la necesidad de un desfibrilador, y sobre que determinadas partes no las había ensayado mucho, al contrario que Fiona; de hecho, sacó la partitura para una canción porque confesó no saberse la letra- nos advirtió que a estas alturas la chica de Seventeen andaba ya por los 44 -con lo que el asunto ya no era lo que era-. En nuestra opinión, no le restó picante ni garra a una canción tan esperada, continuamente pedida por la audiencia.

Para nosotros, el momentazo de la noche fue ‘Headed For A Heartbreak‘, que tocó con la única ayuda de su guitarra y el coro del público. No lloramos porque la sidra británica de barril nos había robustecido; le entregamos un martillo pilón para que pulverizara nuestro corazoncito. En los 80 hubiéramos sacado el mechero.
Si al menos no tuvimos los movimientos aeróbicos de los 80 -pagaríamos por ver una de las vueltas que se daba con el bajo-tuvimos la energía emocional y la capacidad de readaptar las canciones al presente y a los instrumentos sin que perdieran fuerza, conducidas por unos vocales perfectos y por la profesionalidad para crear un concierto único: eso es un gran directo y 30 años después volvemos a ver uno de esos conciertos de los que se grababan en vhs y se visionaban hasta que rompías la película.

Puede haber perdido la categoría de sex symbol ochentero, pero desde luego a los 55 años Winger ha hecho un pacto con el diablo para ofrecer, según nos lo definieron algunos fans adictos a ese evento anual y curtidos en muchos conciertos, “uno de los mejores directos actuales, que no te puedes perder”. Nos asusta cómo hubiera podido sonar en eléctrico, con la banda al completo. ¡Winger, sé bueno y no gires sólo por Estados Unidos!
La emoción pareció compartida porque Kip nos confesó que tocaría en Borderline a diario durante toda la noche, nos encomió a volver el año siguiente, e hizo un meet&greet posterior -y la fila era larga-.
Bueno … ¿ex sex symbol ochentero, de verdad? Considerando lo bien que lleva la cincuentena -no sólo visualmente, si no que al agarrarlo para las fotos sólo notamos firmeza, chicos- quizá seguimos esperando que se mude a nuestro edificio. ¿Y que nos reciba en toalla? Por supuesto; él es el santo (o el dios) y nosotros somos los pecadores (o adoradores). Aunque, ejem, sólo lo haríamos para que nos cantara un par de …¿nanas? ;P


English version

KIP WINGER+SPECIAL GUEST FIONA
BORDERLINE, LONDON
SATURDAY 17 TH SEPTEMBER, 19.00
5 TH ANNUAL EVENING

WE COULDN’T GET ENOUGH OF YOU, KIP

We think of Winger as in 1988: live, raw sexual energy and ballads to turn tough rockers into coulant. Winger was the neighbour we’d have put on the wish list, that one stepping out the shower just to give us some salt. Almost 30 years after that record, does the guy of Denver hold tight over the stage or do we have to give him a push? In La Estadea we’ve always believed that only meat of quality can guarantee a good show and the North American offered a whole plate of Taste The Difference. He’s not longer 27, but it’s alright for us.

When you are informed that an event has been running for 5 years, you expect the best; at least, a wide and devoted audience. When it’s held at Borderline, where we’ve been to classics as Jefferson’s Airplane and as newcomers as H.E.A.T, you expect the best; at least, good vibrations.

For us, this was our third date with Kip, the second in the UK. Even if we loved the first (in Spain, 2006, full band), we noticed some emotional distance and lack of energy. In the second (2013, HRH AOR 2, unplugged) with just him on guitars, on a chair like an old geezer, we snored. So the question was to discover if the most exciting Winger had reached the afterlife or not.
This time, also considering that any member of the crowd might fall down to pieces-they were over fifty- we didn’t forget our Spiritualism set. However, as soon as Fiona jumped on stage, we felt alive and kicking.

Giving little consideration to the need of more rehearsals and of some touring, Miss Flanagan plunged us under her magnetic character in Miami Vice, a charming shrew, a match made in Heaven for Mr Winger, with whom she shares the type of energy.
Kind, poised, candid and restless, and able to channel the emotion through her voice and body language, she swept us along her love and heartbreak -because, as she remarked, is there any other thing you can sing about?-. We followed her through songs about an ex boyfriend that she waited for night after night seated on the window while he preferred the bar, hits produced by her ex husband or tracks for movies. For grabbing a bite, we enjoyed Love Makes You Blind, Mad In Love and Talk To Me.
Thirty five minutes served as an appetizer if it’s true -as she said in petit comité-, that she’s writing for her new record and that she’ll support it with a tour.

As the cherry on the cake, our Jorge Salán was on guitars.

HUNGRY FOR WINGER

No more than 15 minutes later Winger and a percussionist were launched as a rocket. As we told him later and he accepted with a laugh, that extra musician enlivened the show, compared to the last in our memory. The songs from Winger and In The Heart Of The Young, with their energy, so primitive, needed that rhythmical support. In fact, we were dancing barefoot for the vast majority of his performance.

There were not emotional distances: we felt like in the pub with our friends, enjoying beers that came and go, singing, requesting songs and telling nonsense; in the meanwhile, Kip greeted the acquaintances and reprimanded the wicked ones. For Miles Aways he took a step further; a duet with a fan. Teasing, he asked him not to look him right in the eyes; was it for defending his manhood or for not explaining in detail to her wife some lovey-dovey behaviour?

In that relaxed enviroment, he telephoned his great friends and colleagues Reb Beach and Alan Parsons, but had to face the answer machines and audience recording a boo. In addition, the set list was on demand but limited by the guitar chosen and by not been Reb Beach, as the singer pointed out. We enjoyed, for a start: Can’t Get Enough, Madaleine, Hungry and Easy Come Easy Go. California, -one of his songs of his solo career, from From The Moon To The Sun (2008)- frequently requested along his career, but never performed, was played for the first time. Another gift for crowning that magic night.

There were not to be missed the collaborations with Fiona, who joined twice, one for singing sharing the microphone, Everything You Do (You’re Sexing Me), and an additional with Salán -whom he called lovingly George-, as an extra guitar. Nonetheless, we’ll choose as breathtaking moments the performances of Seventeen and Headed For A Heartbreak.

Teasing again -by now he had teased about his lack of ability to sing without his chewing gum, about needing a defibrillator and that, on the opposite to Fiona, he hadn’t rehearsed some parts; in fact, he held a sheet music because he didn’t know the lyrics of one song- he warned us that by now the girl of Seventeen was 44 -implying that the affair wasn’t a sin anymore-. As we see it, it didn’it lose spice nor intensity, as longed as it was, requested time after time.
To be more precise, for us, THE MOMENT was Headed For A Heartbreak, only on guitars and with the crowd on chorus. We didn’t cry because the British barrel cider had made us grow stronger; we gave him a sledge hammer so that he smashed our heart. In the 80s we would have used the lighter.

Honestly, we weren’t gifted with his 80s aerobics -we’ll pay for seeing one of his laps with the bass- but we were gifted with something as big: the emotional energy and the ability to adapt the set list to the present and to the instruments without missing a beat, led by perfect vocals and the profesionality to offer an unique concert: that’s what a big live is about and 30 years later we see again one of those shows you recorded on vhs and watched again and again until cracking the tape.
He might have lost the category of 80s sex symbol, but no doubt being 55 Winger has made a deal with the devil to offer, as some fans addicted to this annual event and usual concert goers described “a not to be missed. One of the best live performances of the present”. We can’t ever think about how it would have turned out with the band on electric, wow!. Winger, behave and don’t tour just in USA!

The electricity seemed to be shared, as Kip confessed that he would play Borderline every day all the night through, encouraged us to come back for the next edition and even meet&greeted afterwards -and the row was long, fellas-.
Well, really … ex 80s sex symbol? Considering how well he’s dealing with fifties -not only visually, guys; in the time for pictures we just grabed hard material-we might be keep on hoping that he moves to our building. And that welcome us in shower towel? Definetely; he’s the saint (or god) and we are the sinners (or adorers).

Still, ejem, we’ll only make it so that he’ll sing us some lullabies, you know… ;p

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