Pylar ‘Pyedra’

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A poco que uno se sumerja en la discografía de Pylar, que ya empieza a ser bastante amplia, se da cuenta de que ponérselo fácil al oyente no es una de sus prioridades. En absoluto. Su forma de encarar la música, en el panorama actual, pide a gritos públicos minoritarios dentro de géneros ya minoritarios de por sí, pero parece ser que es hacia donde les guían sus instintos primarios y donde Pylar se encuentran más cómodos.

Un debut como fue ‘Poderoso se alza en my,‘ se presentaba como ese compañero de clase rarito, pero de personalidad sobrecogedora al mismo tiempo. Caían después dos álbumes más arriesgados es composición y estructura si cabe. ‘He venydo a reclamar my trono‘, salía en el 2015, compuesto por un mastodóntico tema de tres cuartos de hora, y este mismo año publicaban ‘La gran obra‘, que era otro asalto a las mentes más inquietas.

Desde luego podemos que decir que tanto por su ritmo de publicación, como por el estilo que practican, se encuentran en un momento especialmente productivo. Pero ser productivo de poco vale si la inspiración no acompaña, y por lo escuchado hasta ahora, Pylar pueden acercarse a los recónditos lugares sagrados que frecuentan, para rendir plegarias de agradecimiento a los dioses ancestrales que los amparan.

Con todo este bagaje, casi que podemos decir que ‘Pyedra‘ es el álbum más asequible dentro del póker de trabajos que han ofrecido estos interlocutores entre lo espiritual y lo terrenal. Por supuesto, asequible ponlo entrecomillado, porque sin lugar a dudas lo de esta gente es genuino, complejo y muy particular.

Cuatro temas que rondan la decena de minutos cada uno. Por que sirva un poco de guía, los podríamos entroncar, a grandes rasgos, dentro del doom, del stoner y de la psicodelia, y a partir de aquí una cantidad innumerable de distintas instrumentaciones jugando al gato y al ratón en cada uno de los cortes.

Pero reducir Pyedra a un simple trabajo musical, sería contar la historia a medias, ya que en una banda con las pretensiones de Pylar, ni siquiera la fecha de lanzamiento de este álbum es fruto del azar, y el 2 de Noviembre – vía Alone Records – está específicamente escogido por ellos para que su nueva obra vea la luz el Día de los Antiguos Espíritus.

Como no podía ser de otra forma, ante una banda en la que la música es otro elemento de un concepto más amplio, nos encontramos ante un disco que funciona como un conjunto global, y en el que la música es una herramienta para alcanzar un objetivo y no un fin en sí mismo.

‘Menga’, ‘Megalitos’, ‘Menhir’ y ‘Meteoros’. Estos son los cuatro cortes aquí incluidos. Todas ellos haciendo referencia a la roca. A la piedra primigenia como objeto de culto. La piedra como elemento sagrado, firme e imperecedero en comparación con la volubilidad de la materia orgánica.

Ir desgranando los temas como unidades se presenta como un ejercicio en vano, pues el alma está en el conjunto, y cada una de las fases del álbum, aún teniendo ciertas peculiaridades que las diferencian unas de otras, se cobijan bajo un manto que engloba toda la obra.

‘Menga’ da inicio a la banda sonora de un tiempo y un lugar donde el bendito caos es el protagonista y la frágil existencia sólo disponía de un tiempo verbal, que era el presente de indicativo.

Todos los sonidos actúan como siguiendo su designio personal, pero a su vez dan como resultando de ello una ordenada cacofonía de vientos y arreglos de cuerda, con una percusión salvaje que no brutal, pétreos riffs y acordes de resonancia milenaria, bajos percutivos, deslavazados, hipnóticos; voces primigenias, salmodiadas, arrancadas de las cuerdas vocales con dolor preternatural.

Las voces son utilizadas de forma sonora, como un instrumento más, dejando de lado, y para ocasiones puntuales, el lenguaje tal y como lo conocemos, pues su mensaje no necesita de él en todo momento para ser transmitido. Incluso sería un impedimento, seguramente, para que llegue a nosotros la esencia más pura y extática de su creación.
Todo ello es atacado con el instinto, con la inocencia pre-humana y con la curiosidad que despertaba – y nos despierta todavía – el abismo y todo aquello oculto e impenetrable. Buscando el paso siguiente en una relación directa entre el individuo y el medio que lo rodea, tanto el conocido como el desconocido.

Pylar juegan con el sentido del tiempo. Con sus temas años y segundos son entes de naturaleza indistinguible. De la nada surgen fogonazos de racionalidad que vuelven a la nada de la cual proceden en un pestañeo, sin que sepas cosechar la realidad del ensueño. Le has chupado la espalda al Bufo alvarius y tu tercer ojo esta en plenitud de facultades, viendo cosas que cuando vuelvas no serás capaz de recordar.

El retorno de un mundo en el que el orden de las cosas era diferente, el homo difícilmente podía ser catalogado como sapiens sapiens, y el hombre moderno no era ni un boceto en el mapa natural. Y aún así, todo parecía tener más sentido que ahora.

Pyedra es un álbum sólido y desde luego sorprendente para cualquiera que no esté familiarizado con ellos. Su duración lo hace más asimilable que trabajos anteriores, para aquellos que se aventuren por primera vez en su culto y este dolmen es la entrada más segura para acceder al templo de Pylar.

Completamente recomendado si este tiempo y lugar no se acomoda a tu naturaleza.

Lo mejor

  • Han equilibrado su propuesta, y han conseguido que un sonido destinado a una minoría pueda resultar atractivo para gente dispuesta a buscar nuevas experiencias.
  • La duración del disco es muy apropiada para una experiencia realmente densa.

Lo peor

  • No se me ocurre nada “peor” cuando pienso en discos arriesgados, con gente creativa, que sigue su instinto y su inquietud. Lo peor es que el público no les dediquemos el tiempo que merecen grupos que van más allá de la “música de fondo”.

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