Kalte Sonne, ‘Ekumen’, crítica y portada

13 abril, 2018
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Atravesamos una de mis épocas favoritas del año, esa en la que los días se van desperezando, en los que las horas luz se alargan lánguidas y débiles todavía, y en los que el sol se muestra tímido y caprichoso, con esos atardeceres despejados y fríos, y con los últimos estertores diurnos empiezan a verse resquicios de primavera. Se despierta una sensibilidad especial, diferente, que parece retornar después de su letargo invernal. Todo se mueve más despacio, las cargas son más tolerables y en ese estado de plácida pusilanimidad, con esas luces de última hora del día colándose entre los resquicios de las cortinas e inundándome de una templada quietud, Ekumen se desveló como un álbum con todas las virtudes que deseo encontrar en un buen disco de post-metal. Sobreponiéndome a los picos de procrastinación que me dan caza, especialmente bajo estas condiciones climatológicas y psicológicas, encuentro que las palabras surgen espontáneamente para describir las virtudes del emocionante trabajo de los lucenses. Desde que se empiezan a prender las ascuas de este trabajo, con Serendipity, podemos establecer una correlación con su anterior split con Octawitch. Una apertura que se articula de forma sencilla y de avance tenue, para eclosionar en uno de esos intensos finales que no coge por sorpresa dado el uso habitual que se hace de este recurso, sin menoscabar que aún así resulta emocionante y atractivo. Pero, sencillamente hay que decir que este tema palidece en comparación con lo que viene detrás. ‘Eleven soro’ empieza mesurada y psicodélica, un laberinto de ecos cósmicos que nos devuelven al fuego que un día nos consumía por dentro y nos abandonó dejándonos inertes, flotando en el éter, sin cometido, sin rumbo ni destino. Un in crescendo atrapado en su despegue por una maraña de cuerdas, hasta que va convergiendo en un sonido no muy diferente del que debe de tener el azote de los vientos de Saturno. Inspiración muy en la onda de los sonidos siderales recogidos por otros psiconautas como Arenna, por ejemplo, pero implantados en el orbe del post-metal. El entusiasmo por ‘Eleven soro’ enlaza con el largo desarrollo de ‘Athshe’, propio del género que les da cobijo, que enhebra con una especial perseverancia, un dechado de virtud en su construcción. La tensa piel de los tambores nos marcan la dirección a través de unas incesantes fluctuaciones de intensidad, entre ambientes guitarreros de ímpetu bipolar, alguna gravitación hacia lo extraterrestre y misteriosos temblores recogidos de más allá de la exosfera. Para despertar de la anestesia de Ekumen está la pequeña pista de aterrizaje que es ‘Ansible’. En apariencia el más delicado, envolvente y amable de todos, nos zarandea suavemente para que finalmente se rompa de forma violenta el sudario del ensueño en el que Kalte sonne nos tenían atrapados... Tras varias dosis uno resuelve que las melodías y las atmósferas que generan son de esas que te van engatusando más a cada segundo que pasa, y la fluidez con la que logra desarrollarse hace que lo difícil parezca…

7.9

Con Ekumen lo han conseguido. Han pasado al siguiente nivel.

Lo más importante, las canciones tocan la fibra sensitiva del oyente...y al final, esto último es lo que verdaderamente cuenta

Puntuación General

7.9

8

Atravesamos una de mis épocas favoritas del año, esa en la que los días se van desperezando, en los que las horas luz se alargan lánguidas y débiles todavía, y en los que el sol se muestra tímido y caprichoso, con esos atardeceres despejados y fríos, y con los últimos estertores diurnos empiezan a verse resquicios de primavera.

Se despierta una sensibilidad especial, diferente, que parece retornar después de su letargo invernal. Todo se mueve más despacio, las cargas son más tolerables y en ese estado de plácida pusilanimidad, con esas luces de última hora del día colándose entre los resquicios de las cortinas e inundándome de una templada quietud, Ekumen se desveló como un álbum con todas las virtudes que deseo encontrar en un buen disco de post-metal.

Sobreponiéndome a los picos de procrastinación que me dan caza, especialmente bajo estas condiciones climatológicas y psicológicas, encuentro que las palabras surgen espontáneamente para describir las virtudes del emocionante trabajo de los lucenses.

Desde que se empiezan a prender las ascuas de este trabajo, con Serendipity, podemos establecer una correlación con su anterior split con Octawitch. Una apertura que se articula de forma sencilla y de avance tenue, para eclosionar en uno de esos intensos finales que no coge por sorpresa dado el uso habitual que se hace de este recurso, sin menoscabar que aún así resulta emocionante y atractivo.

Pero, sencillamente hay que decir que este tema palidece en comparación con lo que viene detrás.

Eleven soro’ empieza mesurada y psicodélica, un laberinto de ecos cósmicos que nos devuelven al fuego que un día nos consumía por dentro y nos abandonó dejándonos inertes, flotando en el éter, sin cometido, sin rumbo ni destino. Un in crescendo atrapado en su despegue por una maraña de cuerdas, hasta que va convergiendo en un sonido no muy diferente del que debe de tener el azote de los vientos de Saturno. Inspiración muy en la onda de los sonidos siderales recogidos por otros psiconautas como Arenna, por ejemplo, pero implantados en el orbe del post-metal.

El entusiasmo por ‘Eleven soro’ enlaza con el largo desarrollo de ‘Athshe’, propio del género que les da cobijo, que enhebra con una especial perseverancia, un dechado de virtud en su construcción. La tensa piel de los tambores nos marcan la dirección a través de unas incesantes fluctuaciones de intensidad, entre ambientes guitarreros de ímpetu bipolar, alguna gravitación hacia lo extraterrestre y misteriosos temblores recogidos de más allá de la exosfera.

Para despertar de la anestesia de Ekumen está la pequeña pista de aterrizaje que es ‘Ansible’. En apariencia el más delicado, envolvente y amable de todos, nos zarandea suavemente para que finalmente se rompa de forma violenta el sudario del ensueño en el que Kalte sonne nos tenían atrapados…

Tras varias dosis uno resuelve que las melodías y las atmósferas que generan son de esas que te van engatusando más a cada segundo que pasa, y la fluidez con la que logra desarrollarse hace que lo difícil parezca sencillo. En ocasiones podríamos desear un sonido más tupido y grandilocuente, porque sus composiciones parecen prestarse a ello, pero en su conjunto las piezas van encajando una tras otra con suma naturalidad.

Podemos afirmar que Ekumen supone ese punto de inflexión, a partir del cual valoraremos los próximos trabajos de una banda, que sin duda alguna, contamos con que siga progresando, pero que con él han ascendido al primer nivel del post-metal que se practica por estos lares.

Sus dos temas más extensos son un acierto, tanto en lo estructural como en la definición. ‘Eleven soro’ presentando unos matices que los alejan un poco de la muchedumbre y ‘Athshe’ con unos recursos empleados de forma impecable.

Y lo más importante, las canciones tocan la fibra sensitiva del oyente…y al final, esto último es lo que verdaderamente cuenta.

Con Ekumen lo han conseguido. Han pasado al siguiente nivel.

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