El Otro Lado del Metal (LXXXVI): Juanpa Pérez

El Otro Lado del Metal (LXXXVI): Juanpa Pérez “El Metal (que no ‘mÉtal’) dejó de ser rentable hace años porque ha cumplido su ciclo”

El Otro Lado del Metal (LXXXVI): Juanpa Pérez

Más sobre

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Nombre: Juanpa Pérez
Profesión actual: Abogado
Grupos relacionados: Bizarre, Moribundo, Insidious War , Nangilima, Elderdawn, Moñigo, Sad Eyes, Famishgod, Dis Gob, Judaswiege
Puesto dentro del grupo: Multiinstrumentista
Enlaces relacionados: Bizarre Bandcamp, Moribundo Bandcamp, Insidious War Bandcamp
Cuéntanos quién eres, y cuál es la faceta por la que te conocemos en el mundillo

¡Muy buenas, Carlos! Un placer charlar un ratillo contigo, figura. Pues soy Juanpa Pérez, en algún foro también conocido como “Evilead”. La verdad es que muy probablemente le resulte totalmente desconocido a la gran mayoría de los lectores, porque pese a que llevo en el “mundillo” más de 25 años, siempre lo he hecho a nivel underground; tanto en lo relativo a tocar en bandas como a colaborar escribiendo en medios o montar algunos bolos en mi ciudad, Madrid. Muchas gracias por darme la oportunidad de dar el coñazo en tu web. Trataré de no aburrir mucho pese a que soy dado a las chapas, jaja.

¿Cuánto tiempo llevas tocando/cantando? ¿Y en tu grupo?

Tocando llevo desde los años del instituto y tengo 42, así que ya van unos cuantos metido en el ajo, en los que he ido chapurreando diferentes instrumentos en varias bandas con las que he tocado. Actualmente, tengo tres proyectos en activo: BIZARRE, Death Metal old school, con gente de Barcelona y Logroño, donde toco la guitarra y el teclado, en activo desde 2015; MORIBUNDO, Doom Death Metal, con compañeros de Salamanca y Toledo, donde me encargo de todos los instrumentos, desde 2014; e INSIDIOUS WAR, Metal Extremo Sinfónico, con gente de Madrid y Bilbao, donde toco la guitarra y programo las baterías, desde 2017. Anteriormente toqué el bajo en la banda de Doom Metal NANGILIMA, a caballo entre Suecia y Bulgaria; la guitarra en ELDERDAWN, metal inclasificable desde Madrid, y he colaborado con varias bandas de metal extremo como MOÑIGO, SAD EYES, FAMISHGOD, DIS GOB o JUDASWIEGE.

¿Cómo describirías el proceso de pasar de ser un fan a subirse al escenario?

Joder, eso de fan me suena a crías que gritan, se tiran de los pelos y lanzan bragas al escenario, jajajaja. No sé, prefiero algo menos loco, como “público”, que es algo que nunca se deja (o nunca se debería dejar) de ser. Si alguien considera que ha dado el salto de público a músico… seguramente nunca haya sido un verdadero amante de la música, sino que sólo ha buscado meter la cabeza para encontrar un nicho de negocio y le daría lo mismo dedicarse a vender filtros de aspiradoras o a hacer pajas a euro cincuenta. Se me llevan los demonios cada vez que hablo con alguien de una banda y me dice que no va a conciertos, salvo cuando toca él, o que no tiene apenas discos originales en su casa… Joder, ¿y tú eres el que se queja de que no se apoya a tu banda? ¡Anda y vete a tomar por culo con la cantinela, hombre ya!

¿Tuviste algún tipo de formación musical o eres totalmente autodidacta?

No tengo ningún tipo de formación. Soy mal alumno para algo tan metódico como es la enseñanza musical… me puede la impaciencia por ponerme a tocar canciones, en detrimento de la lectura de partituras o las prácticas de digitación. Todos los instrumentos que toco los he aprendido a base de sacar canciones de oído y, sobre todo, a base de muchas horas de local tocando con otra gente. En mi opinión es lo más enriquecedor a la hora de tocar un instrumento… hay músicos “de escuela” que técnicamente son una puta pasada, pero en esencia no dejan de ser una copia de su maestro. Fíjate, por ejemplo, la caterva de clones de Leo Jiménez que pululan por la escena haciendo sus mismos falsetes con el pecho al aire, jajaja. En cualquier caso, y desde la barrera, admiro a la gente que es capaz de perseverar en el lado académico de la música. Para mí tocar la guitarra o el bajo es una vía de escape de mi vida de “persona normal”, con mi trabajo de 40 horas y mis obligaciones irrenunciables, con lo que me refugio en el aspecto más lúdico de la música. Siempre que hablo del tema, recurro al símil futbolístico (y mira que no me gusta el fútbol): yo soy de los que disfrutaría jugando partidos de solteros contra casados, de los que acaban con todo el mundo borracho durante el descanso. No valdría para estar entrenando de lunes a viernes y practicando saques de esquina por si algún me viera jugar un ojeador del Real Madrid..

“Si alguien considera que ha dado el salto de público a músico… seguramente nunca haya sido un verdadero amante de la música, sino que sólo ha buscado meter la cabeza para encontrar un nicho de negocio”

España siempre parece un lugar improbable para lograr el éxito con el rock/metal. ¿Qué opinas de esta tendencia?

Pues depende de lo que se entienda por éxito, eso lo primero. Desde chavalín vengo viendo cómo cada X tiempo salen a la palestra bandas que parece que van a comerse el mundo y, no suelen durar más allá del segundo disco (y a veces ni eso). Básicamente, duran hasta que dejan de poder permitirse palmar más pasta en una banda/negocio que no les reporta ni una mínima parte de lo que invierten a fondo perdido en grabar el disco en el estudio del tío de Sober, masterizarlo en Finnvox, rodar un videoclip con el pavo que se los hace a Mago de Oz… Y como, después de eso, no les ficha ni dios para editarles el trabajo, tienen que recurrir a uno de esos sellos talegueros en los que tú te pagas absolutamente todo, incluida su mordida, y ellos se limitan a poner su logotipo en la contraportada del CD y a poner el cazo. Luego la banda contrata a un mánager caradura que les promete tocar en el Resurrection si financian la gira de alguno de los “pesos pesados de su roster” y acaban de gira por Soria con una banda de “batucadas-métal”, tocando para las novias de la banda local a la que han engañado para que les ponga el equipo. Sinceramente, no creo que sea muy diferente a lo que ocurre en otros países, pero aquí tenemos aún un gran complejo con respecto a las escenas guiris… o quizá sea también nuestra excusa para no asumir la realidad de que no interesas a nadie. ¿Cuántas veces no habremos escuchado eso de “si estos pavos fueran finlandeses/suecos/americanos/alemanes estarían llenando estadios”? No sé… igual me lo puedes decir de bandas que te meten 400 personas en cualquier bolo fuera de su ciudad, pero los que tocan en su pueblo en un bareto con tarima con aforo para 30 y te meten la tercera parte…

¿Cómo destacar frente a las demás bandas?

Ni lo sé ni quiero saberlo. El que entienda la música como una competición no encaja con mi forma de ver las cosas y prefiero tenerlo, cuanto más lejos, mejor. Mira, hace casi 20 años ya tuve una muy mala experiencia con un “cantante” con el que compartía grupo y en un concierto le pillé diciéndole a sus amigos que se fueran después de terminar nuestra actuación, para que la siguiente banda tuviera menos público. El que terminó saliendo fue él, pero del grupo y casi con dos hostias en los morros. Me da asco la gente así de rastrera y no quiero desperdiciar mi tiempo e ilusiones a su lado.

Se nos llena la boca de una palabra tan bonita como utópica, que es la “escena”. A un nivel underground, ajeno a circuitos comerciales, debería haber un hermanamiento entre bandas, medios y público que sí había hace años, pero que ahora no se percibe de la misma manera.
Está guay querer llevar a tu banda lo más alto posible, pero siempre hay que ser íntegro y legal con la gente. Hay quien ha dejado de ir a tal o cual concierto por miedo a cruzarse con gente a la que ha jugado alguna mala pasada y pueda darle un par de aplausos en la jeta. Eso se ve en comportamientos tales como “yo a ése no le pongo mi ampli para que toque, o “si tocamos con esos, ni de coña abrimos nosotros”.

Luego está el tema de la pasta. Evidentemente, si sueltas billetes, tendrás más posibilidades de destacar frente a quien no quiere o no puede comprar banners, entrevistas y portadas en medios, reproducciones en Youtube o likes en Facebook. El problema es que eso es pan para hoy y hambre para mañana… no es difícil tirar de hemeroteca y ver siempre a las mismas caras del panorama nacional formando entre ellos “superbandas” que duran lo mismo que la publi en la web del Basa, porque de los 5.000 fans que tienen antes de haber sacado el primer disco, luego pasan de ellos 4.999.

Lo cierto es que lo que ocurre a nivel de medios, es para mear y no echar gota… que haya peña que para concederte unas líneas en su web, te pide que les envíes material físico o incluso pasta, cuando en no pocos casos hablamos de blogs… Recuerdo una conversación con un coleguilla de otra banda que me decía “hombre, yo no lo veo mal… al fin y al cabo son fans, y así consiguen los discos de las bandas para sus propias colecciones…”. La cara que puso cuando le dije que en cierta tienda de segunda mano tenían a la venta las copias promocionales de su disco por un par de eurillos, y que no están ni desprecintadas… Hasta ahí llega la ruindad de algunos: vender al peso, por unos putos céntimos, los discos promocionales que les exigen a las bandas como pago por salir en su web. Sinceramente, espero que se gasten la pasta en medicinas. Afortunadamente, no toda la peña en el mundillo es así, ni mucho menos. Todavía quedan locos que están por puro amor al arte, aportando su granito de arena para que la escena siga aún en pie.

“Para mí tocar la guitarra o el bajo es una vía de escape de mi vida de “persona normal”, con mi trabajo de 40 horas y mis obligaciones irrenunciables, con lo que me refugio en el aspecto más lúdico de la música”

¿A qué te dedicas en la vida real para llegar a fin de mes?

Pues nada relacionado ni remotamente con la música. Estudié Derecho por vocación y soy abogado. Trabajo en el mundo de los seguros desde hace 18 años, actualmente en la dirección de siniestros de una mutua. Ya sé que puede parecer el curro menos heavy del mundo, y de hecho, alguna coñita siempre hay respecto al bajo estatus de “metalidad” en el que te sitúa un trabajo de traje y corbata (ránking encabezado por los dos mendas de Gran Vía, por supuesto), pero eso suele durar hasta que necesitan que alguien les recurra una sanción, que les mire si tienen derecho a finiquito o reclame en su nombre una pasta que les han sisado… y por el morro, claro, “que semos hermanos del metal”, jajaja.

¿Te genera más gastos o ingresos tu participación en la banda?

A fecha de hoy, y con mi actual “planteamiento de vida”, la música no me cuesta dinero; o mejor dicho, recupero todo o casi todo lo que invierto, de modo que puedo dedicar esa pasta a meterme en nuevas ediciones. Desde hace años sólo tengo proyectos de estudio, con los que salvo excepciones puntuales no toco en directo. A no ser que tengas una actividad de dar conciertos con regularidad y con una mínima capacidad de convocatoria, suele ser sinónimo de palmada: pagar local todos los meses vayas o no, traslados, salas, equipo… Eso la palmada económica; que ya a ciertas edades, compaginar una banda con los trabajos, niños y demás responsabilidades de todos los componentes suele ser fuente de conflictos. Cuando en lo que estás metido es un proyecto de estudio, ya vas a otro aire: todo el tiempo invertido es tiempo efectivo, porque en mi caso es componer, grabar y a otra cosa.

Afortunadamente para mi bolsillo, desde hace años, he tenido la suerte de que todas las grabaciones de mis bandas han sido editadas o coeditadas por sellos discográficos, tanto nacionales como extranjeros, que han corrido con la fabricación y distribución de las grabaciones. He leído alguna entrevista a Robert de Fermento, en la que dice que todas sus grabaciones han sido costeadas íntegramente por las discográficas que las han editado. Eso sí que sería la hostia, pero en mi caso, la parte de estudio (al menos la grabación, mezcla y/o master que no haga yo mismo) tengo que pagarlas yo, aunque afortundamente la inversión se recupera con los discos y merchan vendidos.

“Desde chavalín vengo viendo cómo cada X tiempo salen a la palestra bandas que parece que van a comerse el mundo y, no suelen durar más allá del segundo disco (y a veces ni eso). Básicamente, duran hasta que dejan de poder permitirse palmar más pasta en una banda/negocio que no les reporta ni una mínima parte de lo que invierten a fondo perdido en grabar el disco en el estudio del tío de Sober…”

¿Dónde está la frontera entre un hobby caro y una profesión con la que ganarse el pan?

Seguro que hay a quien le jode que a esto le llamen hobby y dirán que es una forma de vida y cosas así. Luego son los que, a la mínima mandan el grupo a tomar por culo… pero eso es otra historia. En mi caso, es un hobby, puro y duro, como el que coge la bici con los colegas el fin de semana o el que tiene un abono para el fútbol o el parque de atracciones. ¿Que no concibo la vida sin música? Totalmente cierto. ¿Que puedo entretenerme con otras cosas sin sentirme culpable por ello? Pues también. Pese a ser algo que hago por hobby, le meto horas como un cabrón… no porque tenga ninguna obligación de ello, sino porque me gusta y, dentro de mis muchas limitaciones, me gusta dejar las cosas lo mejor posible… así que, lo que no me salga en la primera toma, pues ya saldrá en la quinta o en la décima.

¿La frontera entre hobby y profesión? Pues, tristemente, creo que en el 99% de los casos pasa por venderte. Suena jodido, ¿verdad? Me explico: La posibilidad de que tu banda de Death, Black o Goregrind te genere un rendimiento económico suficiente para que tú y tu familia podáis vivir de ella de manera exclusiva y con visos de hacerlo de manera permanente (vamos, lo que se espera conseguir con cualquier puto trabajo), es tan ínfima que antes o después tienes que hacer concesiones tales como adaptar tu estilo a parámetros más comerciales (ya sea a estilos más melódicos, con mayor un mayor nicho de público potencial, o a lo que demanden las modas en cada momento): In Flames, Anathema, Theatre of Tragedy, Lacuna Coil, Within Temptation, Katatonia, Opeth, Moonspell… ¿sigo?
Eso si tienes la suerte de poder vivir de tu música y no terminar en orquestas tocando canciones de Chenoa para borrachos; o, peor aún, formando una banda tributo a Héroes del Silencio y haciéndote llamar Pepe Búnbury.

Si yo tuviera que condicionar mi manera de hacer música por ese tipo de factores exógenos, dejaría de ser mi hobby, y eso es inaceptable.

¿Consideras a corto, medio o largo plazo la posibilidad de poder vivir de la música?

No lo considero porque no quiero vivir de la música. Como decía en la anterior pregunta, salvo contadas excepciones, en nuestro rollo la gente no vive de su música; malvive de su música o vive de la de otros (y en no pocas ocasiones, malvive de la de otros).

Estudié una carrera por vocación y con mucho esfuerzo. En mi familia, por cuestión de pasta, nadie había tenido la oportunidad de tener estudios superiores antes que yo, y yo saqué la carrera compaginándola con trabajos y con una beca de bolsa de empleo de la universidad. Tengo la suerte de haber trabajado siempre en lo mío y no lo cambiaría por nada.

El mundillo de la música es mucho más que el que está arriba del escenario. Tengo muchos colegas trabajando en cosas relacionadas con la música, desde producción de conciertos, backliners, transportistas, técnicos de estudio y sala, músicos de sesión, coristas… pues al final, si quieres vivir del tema, no puedes andarte con exquisiteces de “yo sólo me dedico a tal o cual estilo, que es el que me mola”; si te sale hacer un bolo de salsa, tocará salsa y si te sale tecnopop, tocará tecnopop. Insisto, ante esa tesitura, para mí, por mucho que me guste la música, deja de ser un hobby y pasa a ser un curro, como estar en una oficina, en una cadena de montaje o en reponiendo en Alcampo. ¿A cuánta peña de aquí conoces que viva exclusivamente de tocar sus temas de Death Metal o Doom?

“Se nos llena la boca de una palabra tan bonita como utópica, que es la “escena”. A un nivel underground, ajeno a circuitos comerciales, debería haber un hermanamiento entre bandas, medios y público que sí había hace años, pero que ahora no se percibe de la misma manera”

¿Qué tendría que cambiar para que eso fuera posible?

Quizá con 20 años menos y un respaldo económico que no tuve, podría haber llegado a tener un arrebato de locura y tirarme a la piscina, sólo por probar suerte. Sinceramente, no tengo ninguna espinita clavada de si pudiera haber hecho las cosas de otra manera. Seguro que a más de un trve le resulto un puto vendido diciendo que para mí no hay ningún rollito romántico en meterme 2 meses en una furgoneta con otros 5 tíos sudaos a meterme kilómetros en el cuerpo día sí y día a también para tocar en baretos semivacíos, subsistiendo a base sándwiches de mortadela con aceitunas y cerveza de marca blanca calentorra.

Lo siento, a esos efectos, soy un puto materialista: prefiero dormir en mi camita y estar en el lado del público (que no fan, jajaja) que se deja la pasta en discos, merchan y entradas de conciertos para que otros sí puedan tratar de alcanzar su sueño.

¿Qué has aprendido hasta ahora del negocio como músico?

Que si lo ves como un negocio, serás un amargado toda tu puta vida. Metal Archives está lleno de formaciones con el cartelito rojo de “disbanded”, y para mí son más dignas las que lo dejaron porque salieron a puñetazos en un bolo porque el cantante le rompió el ampli al guitarra yendo mamado, que las que deciden disolver la banda/empresa porque no les resulta económicamente rentable y no pueden seguir pagando los servicios de un gurú del neuromárketing para que los meta en el Resu.

También que hay gente maravillosa que está en esto por puro amor a la música; peña que monta conciertos para tratar de echar un cable a bandas amigas aun sabiendo de antemano que va a palmar dinero con ello; gente que invita a colegas a subir al escenario a cantarse un tema o a grabar un solo en su próximo disco sólo por fortalecer esa sensación de hermandad entre bandas que nunca debió perderse.

¿Qué porcentaje de las experiencias personales se transportan a la partitura?

Eso supongo que sería una bonita pregunta para alguien con habilidad para escribir las letras de sus temas, jajaja. No es mi caso; creo que no he escrito ninguna letra desde las primeras demos de Elderdawn y de eso hace como 18 años…

Aunque no vaya acompañado de palabras, quizá el estilo musical que me pida el cuerpo en cada momento sea lo que más tenga que ver con tu pregunta. Escucho todo tipo de música, pero a la hora de componer voy por rachas que van y vienen, y seguramente sean un reflejo de lo que llevo dentro en cada momento. Por ponerte un ejemplo, recuerdo cerrar la negociación para la edición del debut de Moribundo en una sala de espera de hospital que me tocó visitar durante muchos meses.

“Seguro que hay a quien le jode que a esto le llamen hobby y dirán que es una forma de vida y cosas así. Luego son los que, a la mínima mandan el grupo a tomar por culo… pero eso es otra historia. “

Un deseo para el futuro…

Dos: no llegar a ver el declive final de la música tal como la conozco… y que cuando tenga que llegar sea dentro de muchos años, jajaja. Una última reflexión sobre esto y ya dejo la chapa, que me embalo y no paro… La música, del modo que la conocimos los que empezamos hace un cuarto de siglo o más, está dando sus últimos coletazos. El Metal (que no “mÉtal”) dejó de ser rentable hace años porque ha cumplido su ciclo; un ciclo quizá más largo que el de otros estilos musicales, pero un ciclo al fin y al cabo. Cuando desaparezcan las últimas bandas de estadio (que, más o menos, son las mismas que hace 30 años) el Heavy y sus derivados quedarán relegado a una posición como la que actualmente tienen estilos como el jazz o el pop “yeyé”: estilos para las minorías que realmente los disfrutan más allá de postureos, mamoneos y gilipolleces de youtubers treintañeros haciéndose pasar por adolescentes para trincar comisiones de bebidas energéticas.

Sinceramente, me encantaría que aún pudiera estirarse el chicle unos cuantos años más, pero es algo irremediable: no hay un relevo generacional suficiente para mantener la máquina funcionando; ni a nivel de bandas que tomen el lugar de Metallica, Maiden, etc., pero tampoco a nivel de público. Los chavales jóvenes necesitan su propia rebeldía, no la propia de la música que escuchaban sus padres o incluso sus abuelos. Es lo natural y lo que debe ser. Un último ejemplo y ya sí que lo dejo aquí: Los putos Beatles: cuando salieron eran la encarnación del mal para la sociedad de su momento; los tachaban de salvajes, locos, inmorales… Y ahora, si no le pones su putas canciones a tus bebés, no faltará el experto cool en pediatría que te diga que les estás privando de un valiosa fuente de estimulación porque su obra es una genialidad. ¿Pasará esto algún día con Napalm Death o Deicide? Para ese día, espero haber doblado ya la servilleta. Muchas gracias y un saludo.

Lo más visto...

También te puede interesar...

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on whatsapp