Lacuna Coil en Razzmatazz 2, “no todas las nostalgias llenan salas”

15 diciembre, 2016
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A veces va bien abrir las miras, olvidarte del metalero extremo que llevas dentro e ir a visitar terrenos mucho más accesibles para el gran público. Tenía mucha curiosidad de ver a qué temperatura estaba el termómetro de popularidad de un género que hace más de 10 años llenaba salas, encabezaba festivales y enloquecía a cualquier chavalín/a que empezaba en el mundo del metal. Popularizó los corpiños, los maquillajes oscuros y ‘góticos’ y, porqué no decirlo, llenó la escena de curiosos y rebeldes de postal. El mal llamado metal gótico se fundía con el new metal en la convulsa primera década de los dos mil con bandas de referencia como Evanescence o la banda que nos interesa hoy, los italianos Lacuna Coil. Antes, tuvimos que pasar por el trámite de dos bandas teloneras que nos dice mucho del formato del metal en directo actual. Vamos a ello.

A fecha de hoy, no es ningún secreto para nadie que sepa usar Google que la mayoría de bandas teloneras desconocidas que aparecen en las giras de bandas de renombre consiguen ese espacio en el cartel pagando una suma de dinero por fecha realizada, a veces equitativa, a veces no. Esto hace que bandas jóvenes puedan darse a conocer, pero también hace que bandas que no están preparadas para asaltar escenarios por media Europa lo consigan a base de talonario. No consigo comprender cómo una banda puede lanzarse a una aventura como esta cuando le falta ensayo, tablas y maneras sobre el escenario. Es lo que nos pasó con las dos bandas teloneras de la noche. Os lo voy a detallar para que veáis que no es una rajada gratuita.

Genus Ordinis Dei
Lacuna Coil en Razzmatazz 2. No todas las nostalgias llenan salas

Genus Ordinis Dei no estaban preparados para ese paso en su carrera, y no llegaron al mínimo de calidad que se presupone en un escenario de estas características. Fotografía: Abel Valdelvira

Sobre las ocho de la noche salían a escena Genus Ordinis Dei acompañados de un volumen que seguramente rozaba el umbral del dolor auditivo. Alguien de arriba le debió decir algo al técnico de sonido de la banda, porque esta situación se corrigió antes de que acabara el primer tema. No, subir el volumen hasta lo dañino no te hace sonar mejor, ni mejora tu presencia sobre el escenario, simplemente te hace quedar mal y la gente se vuelve menos receptiva. Los italianos practican una mezcla entre el NWOAHM y el death metal melódico de corte finés, algo así como una alianza entre Lamb of God y Children of Bodom que hacen de su propuesta discográfica algo curioso, pero que defendieron de manera muy pobre. A la banda le traicionó sus ganas de agradar a cualquier precio, y a su cantante su narcisismo de posturitas que apenas le aguantamos a Alexi Laiho. Puede sonar duro, pero su presencia escénica era de banda amateur que acaba de empezar, no de una que está girando por toda Europa con una banda referente del metal moderno. La ejecución instrumental fue más aceptable, e hizo que su corto concierto no se hiciera insoportable. Los de Lombardía no estaban preparados para ese paso en su carrera, y no llegaron al mínimo de calidad que se presupone en un escenario de estas características. La experiencia se ha de ganar en pequeñas salas y machacarla en el local de ensayo para, sólo entonces, asaltar un reto como este.

Forever Still
Lacuna Coil en Razzmatazz 2. No todas las nostalgias llenan salas

La puesta en escena de Forever Still fue correcta, sin llegar a ser una maravilla, pero tanto su habilidad instrumental como compositiva se vieron comprometidas desde sus primeras canciones. Fotografía: Abel Valdelvira

El caso de Forever Still fue diferente. Su puesta en escena fue correcta, sin llegar a ser una maravilla, pero tanto su habilidad instrumental como compositiva se vieron comprometidas desde sus primeras canciones. Las canciones carecen de una instrumentación digna de una banda que quiere destacar en algo que no sea la radiofórmula más básica, sosa y genérica que puedas escuchar en los 40 principales. Canciones escritas para el simple y llano lucimiento de su vocalista que no dejaba espacio para que la música respirara, imagino su libretín de lyrics como un ejemplar de Los Pilares de la Tierra en términos de grosor… ¡Dios Mío! ¡Si cantaba hasta durante los solos! Pocas veces he llegado a desear tanto que una actuación acabara, sólo puedo comprender el fichaje de esta banda por Nuclear Blast a través del sexismo comercial que todavía, en pleno 2016, existe en este tipo de géneros, donde importa mucho más el outfit de la vocalista que su capacidad para provocar emociones a través de la musicalidad.

Lacuna Coil
Lacuna Coil en Razzmatazz 2. No todas las nostalgias llenan salas

El concierto de Lacuna Coil fue un retorno al pasado con canciones como ‘Heaven’s a Lie’ o ‘The Ghost Woman and the Hunter’, pero también tuvo muestras de que la banda está en muy buen estado de forma. Fotografía: Abel Valdelvira

Tras la travesía en el desierto que supusieron las dos bandas teloneras, una sala tan sólo a mitad de su aforo que se repartían a partes iguales entre adolescentes ilusionados/as, padres acompañando a sus hijos menores y curiosos nostálgicos de épocas anteriores (me incluyo) salían a la palestra los italianos Lacuna Coil.

Cristina Scabbia, Andrea Ferro y sus escuderos salieron al escenario ataviados con las caracterizaciones preparadas para esta gira presentando su nuevo álbum, ‘Delirium‘. Los de la capital de la moda nos trasladaban a una especie de psiquiátrico repleto de horrores y mostrándonos un escenario con sendas rejas en las que sus protagonistas, envueltos en sus camisas de fuerza, interactuarían a lo largo de toda el espectáculo. Los juegos de luces y la versatilidad del escenario fueron uno de los puntos fuertes de la actuación.

Tras la previa entrada de los músicos, aparecía la frontwoman armada con un foco con el que haría saber al público que habían llegado, no entendí exactamente cuál era el objetivo, ni siquiera estéticamente tenía sentido pero, en todo caso, la entrada de la líder italiana al escenario desató una ovación de las que se aprecian por encima del muro sonoro que generaban los samplers electrónicos y las guitarras pesadas que inician ‘Ultima Ratio’, tema de su recién publicado álbum, y del que dieron buena cuenta.

El nivel sobre las tablas había mejorado considerablemente respecto a las actuaciones anteriores, tanto en términos de ejecución como escénicos. Cristina y Andrea llevan muchos años juntos, saben cómo moverse, cómo interactuar entre ellos y, sobretodo, cómo hacer participar al público de su actuación. El concierto fue, como os comentaba, un retorno al pasado con canciones como ‘Heaven’s a Lie’ o ‘The Ghost Woman and the Hunter’, pero también tuvo muestras de que la banda está en muy buen estado de forma; su último álbum ha tenido muchísima aceptación entre los fans y los temas funcionan muy bien en directo, siendo estos bastante más enérgicos en general y explotando más la vertiente new metal del grupo.

Las cosas iban muy bien, demasiado bien, y entonces aprecié algo que me dio mucha, muchísima rabia, algo que está empezando a ser una constante y que me niego a pasar por alto, bajo ningún concepto. Efectivamente, los refuerzos en la voz de Cristina Scabbia en ocasiones dejaban de ser simples refuerzos melódicos y directamente estaban por encima de su voz, cosa que que nubló por completo el buen sabor de boca que me estaba llevando al ver su nivel vocal. De nuevo volvemos a ese concepto al que no puedes llamar playback, pero sí que puedes hablar de demasiadas ayudas externas y de falsear la realidad. El punto álgido a mi indignación lo alcanzó Andrea Ferro, la voz gutural de la banda, que llevaba muchísimos refuerzos -aún más que su compañera al frente del escenario- ¿Cómo puede ser? No me entra en la cabeza como una banda de este calibre puede esconder tras la alfombra sus carencias de forma tan burda y poco honesta. Personalmente, prefiero un mal concierto que uno falso. Hay mil y una maneras de ayudar y reforzar las voces: delays, reverbs, octavadores, refuerzos melódicos de base, coros… Pero en ningún, en ningún caso un sampler puede superar en volumen a la voz principal de esa manera. En mi opinión, eso destrozó el buen espectáculo que estaban presentando.

Intentando pasar página de lo comentado anteriormente, el público estaba totalmente entregado al combo italiano, que iba desgranando uno tras otro los temas del setlist e intercalando algún que otro teatrillo haciendo uso del atrezo del que disponían. El punto álgido en el que el público explotó, coreando la canción y bailando fue cuando la banda ejecutó la versión del tema ‘Enjoy de Silence’ de los ingleses, que tanto han inspirado a bandas de metal moderno, Depeche Mode. Tras una breve (y típica) pausa, la banda italiana se dispuso a afrontar la parte final de su repertorio con el público ya en el bolsillo y saliendo victoriosos de esa batalla que ganaron con malas artes y artimañas. Cada día me dan más ganas de no salir de mi burbuja de metal extremo y podredumbre.

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