Messa 'Feast for water', crítica y portada

Messa ‘Feast for water’, pasajes hermosos, impredecibles e indiferentes a nuestro destino

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Cierta efervescencia juvenil me impregnaba mucho antes de la primera escucha del nuevo y segundo trabajo de Messa. Cada vez es menos usual que eso suceda después del desgaste personal que produce el pasar de tantos años, pero ‘Belfry’, su disco de presentación y yo, habíamos intimado de la misma forma en que lo hiciste tú cuando desnudaste por primera vez alguno de los que hoy en día es uno de tus álbumes favoritos.

Y precisamente esa ansiedad que tamborilea de forma deslavazada dentro de mi caja torácica a la hora de pinchar Feast for water, hacía que las expectativas que preñaban mi estado de ánimo fuesen realmente altas para esta nueva puesta en escena de los cisalpinos.

«Ocho piezas enlazadas con esmero y de pulcra arquitectura, que desde los cimientos de ‘Naunet’ penetran en el mundo acuático que inunda el disco»

Tomando el líquido elemento como guía para articular estas composiciones, los minutos de música van cayendo en cascada, uno tras otro, convirtiéndonos en algo suyo, licuando nuestra carne, sublimando nuestros órganos, y transfiriéndonos a una realidad incorpórea, fluida y etérea, que se vincula al sobrecogedor y colosal recorrido desde el diminuto amanecer de un manantial que se va transformado y expandiendo en su viaje hasta devenir en el más extenso y profundo de los océanos. Tal es como le sucede al oyente al diluirse en ‘Feast for water’. En sus pasajes hermosos, impredecibles e indiferentes a nuestro destino, resulta que acabamos formando parte de su inmensidad.

Ocho piezas enlazadas con esmero y de pulcra arquitectura, que desde los cimientos de ‘Naunet’ penetran en el mundo acuático que inunda el disco. Bajo el influjo de esas notas inconsolables se muestra la puerta de entrada a este universo de agua. A partir de aquí todo es tan indómito y sorprendente como el comportamiento de la propia morada de Neptuno.

Como ente tridimensional y de plasticidad acuosa, permite que sus sonidos y palabras puedan ser de múltiple interpretación, y sónicamente transmite esa sinceridad y personalidad propia, – tan de agradecer – que seguro abraza la idiosincrasia de aquellos que se reconfortan en los sonidos más dramáticos, apagados y melancólicos que deja la calma que hay tras la tormenta.


Por revelar algo de lo que sucede a lo largo de los casi cincuenta minutos (aunque el tiempo se dilata y se contrae a medida que avanzan los compases…) que dura esta travesía, diremos que encontrarás corrientes de matiz templado, como ‘Leah’: un óleo de azul y verde desgastados, de encandiladora decadencia gracias al ciclo pendular, indolente y abrumado creado por su brillante interpretación vocal y su mesmérica instrumentación. Mareas oscuras y elegantes, de una plasticidad mucilaginosa, ‘The seer’ resulta atractiva por su estructura serpenteante y sus inspiradas divagaciones.

«Tomando el líquido elemento como guía para articular estas composiciones, los minutos de música van cayendo en cascada, uno tras otro, convirtiéndonos en algo suyo, licuando nuestra carne, sublimando nuestros órganos, y transfiriéndonos a una realidad incorpórea»

O como las dos caras de una misma moneda, ‘She knows’ es una lección de aterradora tensión victoriana, una sedación latente, un terror inmaterial que nos embota mientra la fosa abisal se acerca perfilando la más cautivadora de sus apariencias… y en su reverso ’Tulsi’, la reacción fisiológica. El orgasto, la pulsión mecánica impelida por la incertidumbre llevada al límite hasta desenlazar en una ingrávida laxitud en la que todo parece distante, insignificante, irreal.

Da tariki tariqat’ es el tesoro reposado en el lecho, un acto de prestidigitación que finalmente deja el umbral de nuestras sensaciones varadas en un melancólico y plácido final, presentido y recibido con forjada templanza, en una solitaria tumba acomodada bajo cientos de metros de agua salada.


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