Anthrax, crítica y portada de Worship music
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A estas alturas del año, y para ahorrarme esfuerzos, estoy pensando en escribir una entradilla para todas las críticas relacionadas con lanzamientos de grupos ya conocidos, e ir poniéndola en cada una sin compasión alguna. Y es que la colección de chascos de este año va camino de ser legendaria. Los últimos en sumarse a la lista, los míticos thrashers Anthrax.

Quizá su caso no sea el más sangrante, pues hay que recordar que estamos ante una formación que lleva ocho años sin sacar nuevo disco, con varios cambios importantes en la formación, especialmente en el apartado vocal, y que ha estado de gira constante con el denominado ‘Big four‘ desde hace tiempo. También puede haber influido la ‘fuga de ideas’ de algunos de sus miembros en proyectos paralelos, como es el caso de Scott Ian y Rob Caggiano en The damned things.

Pese a todo, el comienzo con ‘Earth on hell’ nos devuelve a los mejores momentos de unos Anthrax acelerados y violentos, con un Benante pletórico con sus clásicos blast beats. Algo menos impactante, pero aun en una línea decente le siguen ‘The devil you know’ y ‘Fight’em til’ you can’t’, que reflejan el espíritu de la década de los noventa, aunque flojean bastante en el estribillo.

Lejos de constituir un glorioso retorno, no pasa de resultar entretenido.

Con un aire mucho más enfocado al heavy se presenta ‘I’m alive’, el primero de varios medios tiempos que no han terminado de engancharme y que son en gran medida, la tónica del disco. En este tema destacaría los solos, la única sorpresa agradable. Igualmente sorprendente es la intro que precede a ‘In the end’, con sonido de violonchelo y campanas, que dan paso a unas contundentes guitarras que se quedan estancadas en un tempo algo lento.

‘The giant’ nos devuelve a los Anthrax más thrasher, aunque sea un tema un poco descafeinado, con un Benante demasiado plano. Le sigue uno de las canciones más llamativas del trabajo, ‘Judas Priest’, en una onda de nuevo más heavy, homenajeando quizá a los ‘metal gods’. Y como para distanciarse de la anterior, ‘Crawl’ y ‘The constant’ se aproximan más al metal alternativo más actual que a otra cosa. El disco termina con ‘Revolution screams’, un tema bastante cañero que, como el Guadiana, reaparece al cabo de un rato, cuando ya no recuerdas por qué tienes los cascos puestos.

En resumen, estamos ante un disco que, lejos de constituir un glorioso retorno, no pasa de resultar entretenido. Aunque en líneas generales está bien, especialmente Belladona, hay bastantes canciones que no pasan de medianías. Solo la estratégica distribución de los temas más pegadizos entre las otras hace que sigas adelante en la escucha.

[Rating:6.5/10]

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