Nailed to obscurity ya tienen su tercer trabajo paseando por el mundo adelante. Fue el 3 de febrero que el álbum comenzó su singladura, y lo hizo a través de Apostasy Records.
Después de poder escuchar atentamente su nuevísimo ‘King delusion‘, que es su nombre, daré un aviso a navegantes, que no por obvio deba recalcarse menos. Y es que este disco corre el peligro de pasar más desapercibido de lo que debiese si uno se dedica a escucharlo de fondo mientras hace cualquier otra cosa y no le presta la atención necesaria. Este disco requiere dedicación. En un principio puede parecer que nos enfrentamos simplemente a una banda de doom death más, pero quedarse únicamente con este concepto sería un grave error y en cierta medida injusto con todo lo que desarrollan aquí los germanos. Porque hay mucho, mucho más. Cantidad de detalles y desarrollos que demuestran, que sin salirse en demasía del cubículo de influencias entre las que Nailed to obscurity se mueven – y con sobrada resolución -, esta banda tiene una amplio número de inquietudes y de recursos para la elaboración de los ocho temas que componen este álbum.
Llevan ya más de una década de pico y pala y se nota que todo ese esfuerzo va dando sus frutos con el tiempo. No hay más que empezar la escucha del tema homónimo para darse cuenta de ello. Y no es casualidad que la hayan escogido como ariete de la obra y primer single del disco. La potente y profunda voz de Raimund Ennenga es una virtud en sí misma y llama la atención desde el primer momento. Se desenvuelve de manera muy convincente tanto en su registro gutural como en el más melódico, y se nota que el tipo va bien de garganta y capacidad pulmonar. El tema está lleno de matices y contrastes, y se ve muy trabajado instrumentalmente, con cierto aroma progresivo cercano a una prestigiosa banda que ahora se dedica a recrear tonadas de décadas pretéritas.
Con este mismo aire, a medio trayecto entre el progresivo y el melodic doom, y con una destacada percusión, da firmes pasos ‘Protean’. Una potente rítmica y las cuerdas vocales de Ennenga que sigue mostrando toda su versatilidad. En su segunda mitad son las guitarras quienes toman el protagonismo para poner el broche. La posición de los temas parece estar estudiada a fondo, y con estos dos cortes nos muestran temas completos, dinámicos y que tienen por vocación atraer a las mentes que gustan del terreno abonado tiempo atrás por Katatonia, October tide u Opeth. Aquí abren su abanico y se decantan por una especie de interludio de nombre ‘Apnoea’, que podían haberla presentado perfectamente unida al siguiente corte ‘Deadenig’, de esencia sustancialmente doom, de melancólica crudeza, con una intensidad creciente, una buena melodía, y nuevamente una combinación ganadora en el empleo de las voces, tanto en las más sutiles como en las guturales. A estas alturas, ya te habrás dado cuenta que Jan-Ole Lamberti y Volken Dieken no son mancos a la hora de crear con sus guitarras oscuras armonías, melodías perennes o densos y enmarañados muros de riffs, según pinte la ocasión.
En la segunda mitad del álbum desatan su material más pesado y de más largo recorrido.
‘Memento’ lleva un pasito más allá todos los conceptos de los cortes precedentes, siendo musicalmente brillante, con buenos detalles del bajo de Carsten Schorn, en un tema en que los guturales y los susurros se andan dando el testigo – recordándome al enfoque vocal de algunos temas de Insomnium – y un piano que añade las notas de dramatismo necesario en el desarrollo de un corte hijo del más duro y aciago invierno.
‘Uncage my sanity’ transmite un aura más desapacible y malicienta. Se descuelgan aquí con más de doce minutos en el que la etiqueta death-doom progresivo adquiere todo su significado, y nos lleva por un mundo en el que igual atravesaremos las más suaves llanuras de cordura sosegada que treparemos por las más escarpadas y rocosas laderas de agonía lacerante. La solidez y versatilidad de Jann Hillrichs a las baquetas, al igual que en el resto del álbum, se hace patente una vez más. Como muchos de estos temas tan largos, sería un intento fútil el de ir desmigando pasaje a pasaje, y la cosa está más en meterte dentro de él y dejarte llevar por sus giros y recovecos, que aquí haberlos, haylos, y muchos.
‘Devoid’, conservando los puntos cardinales de la banda intactos, me resulta la menos inspirada e impactante de todo el conjunto, aunque inmediatamente con “Desolate ruin” recuperan el pulso con un tema en el que sus formas quedan perfectamente descritas en el título de la canción y en el que tanto la sección rítmica como el trabajo a las guitarras vuelve a ser de los que dejan el aliento justo para no perder la consciencia. El atractivo desarrollo propuesto pone la guinda a un álbum que por derecho juega en la primera división del death-doom moderno.
El disco suena impecable, y no nos extraña ver el nombre de Victor Santura en los créditos como productor del mismo. Les ha quedado un trabajo de un alto nivel compositivo y de intachable ejecución, y con un equilibrio entre sus distintas vertientes que hace que no se decante mayoritariamente por ninguna de ellas, pero que todas estén presentes de forma tangible.
Todos sus músicos se muestran sólidos y creativos en su posición, y se nota mucho en el resultado final que han obtenido. Es un disco con el que pueden sentirse más que satisfechos, y no sería para nada improbable que todos los que se alimentan de death-doom y prog-death, tuvieran definitivamente en mente de aquí en adelante el nombre de Nailed to obscurity.
Quizá solamente el hecho de que en sus formas sean semejantes a un buen numero de grupos les reste algo de impacto y juegue un poco en su contra. Nada que no tenga solución entre los que escuchen esta obra con atención.
Lo mejor
- Alto nivel compositivo y de ejecución.
- Registros vocales muy consistentes.
Lo peor
- Su similitud con otras bandas puede hacerles perder un impacto inicial muy necesario en estos tiempos que corren







