Sólstafir 'Berdreyminn'

Sólstafir ‘Berdreyminn’, un sólido bloque más en el monumento musical que están legando los de Reykjavik

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A estas alturas de la película ya quedan pocas cosas que se le puedan pedir a Sólstafir. Han conseguido lo que no demasiados consiguen: crear un sonido propio y reconocible prácticamente al instante. El timbre vocal de Aðalbjörn Tryggvason y el hecho de que su errante voz se haya pasado tiempo atrás a su lengua materna no hace más que otorgarles una mayor personalidad en el conjunto, y la portentosa y continua evolución que el grupo ha ido experimentando desde sus primeras grabaciones hasta el día de hoy en cada uno de sus trabajos, mostrando siempre una plasticidad y capacidad de mutación poco habitual, no teniendo ningún reparo hasta ahora en llevar su propuesta allá a donde su instinto les guiase, eran sus más afiladas señas de identidad.

La primera pregunta que a uno se le viene a la cabeza de cara a un nuevo disco de los islandeses y visto que son una banda que se muestra en metamorfosis perpetua, es adonde llevarían sus composiciones – y nos llevarían con ellas – en ‘Berdreyminn’ – título de su nueva obra -.

Habían tocado un nuevo techo con ‘Ótta’ (al menos respecto a repercusión) y la curiosidad por resolver la incertidumbre de un nuevo quiebro en su ya largo y abrupto recorrido como banda, nos mantenía con la expectación… pero parece que han optado por una decisión salomónica en esta ocasión. Y es que aunque presentan cambios con respecto a ‘Ótta’, la distancia entre ambos discos parece más corta de lo que había sido hasta ahora entre uno de sus álbumes y el precedente.

Es verdad que hay factores que son ineludibles cuando consigues crear una propuesta de carácter tan propio, pero la impresión general que me transmiten es de que la revolución que suponía hasta ahora el pasar de un trabajo a otro, aquí no se repite, y por ello, se pierde algo del factor sorpresa y del impacto inicial que en ellos era habitual.

Pero como decía en la primera linea ¿qué se les puede pedir en justicia a los islandeses sin que ello suponga una gran reinvención en cada nuevo disco?. Pues que las canciones sean del alto nivel al que nos tienen acostumbrados.
Ahí no fallan. Todo lo que esperas de los islandeses lo encontrarás: los juegos de intensidad, los páramos de minimalismo instrumental, el enfoque de la melodías vocales, los largos desarrollos… todo eso está aquí.

Faltaría más, también hay ligeros matices novedosos o menos explorados con anterioridad: las composiciones abandonan de puntillas esos vastísimos y sobrecogedores espacios abiertos que transitaban en su álbum anterior Otta, y se presentan como algo más íntimo y acogedor, las guitarras presentan algo más de crudeza en su sonoridad, y su base rítmica presenta una batería y un bajo con una presencia más explicita por momentos, pero que siguen sabiendo cuando ‘menos es más’ en su interpretación.

Y si con el primer adelanto del álbum, ‘Ìsafold’, un corte de rock gótico de formas sencillas, dejaron un cierto sabor agridulce, no hace falta más de una atenta escucha a temas como ‘Hula’ o ‘Naros’ para quedar prendado de la belleza glacial y desnudez primitiva que exhiben, y que con arreglos mínimos quedan personalizadas con rasgos propios dentro de su discografía.

‘Silfur-refur’ tan solo necesita de unas notas de piano para trascender y cortes como la más enérgica ‘Blafjall’ o la más templada ‘Ambatt’, son suficientes para que doblemos el espinazo ante su talento natural como creadores de sublimes composiciones, y de paso, que se luzca su nuevo batería Hallgrímur Jón Hallgrímsson, que se muestra muy sólido en su posición a lo largo de todo el disco.

Porque sí, tenemos que tener en cuenta que es el primer álbum sin contar en sus filas con Guðmundur Óli Pálmason, batería fundador y miembro importante en el desarrollo del sonido del grupo en unas circunstancias que parecen distar de ser las idóneas.

Quizá no sorprenda demasiado a los que ya conocen a la banda de antes, y no creo que a las personas que no hayan convencido hasta ahora, lo vayan a hacer con ‘Berdreyminn’, pero desde luego es un álbum cargado de buenas canciones con el sello personal de Sólstafir, y que supone un sólido bloque más en el monumento musical que están legando los de Reykjavik.

Lo mejor

  • Siguen conservando su esencia y su magia.
  • Álbum compacto, con muy buenas canciones en general.

Lo peor

  • La pérdida del factor sorpresa en la estructuración y los recursos utilizados, puede que deje a alguno de sus seguidores con ganas de una mayor experimentación.

Escucha ‘Berdreyminn’ en Spotify

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